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Especial Navidad 2016: Tras la sombra de Santa Claus. Sombras iluminadas.

¡Hola a tod@s!

Ante todo agradeceros por el cariño que me habéis dado a lo largo de todo este año y también por haber leído cada uno de los capítulos de esta saga que hoy culmina con este desenlace final por navidad.

Seguramente este sea la última historia que recopile en el blog, quizás más adelante cuando se me apetezca vuelva a colocar algún que otro relato para vosotros y vosotras pero por el momento vamos a cerrar esta página de escribir relatos, historias, o cuentos como queráis llamarlos. Y agradecer a cada uno de vosotros por haber leído cada uno de esos párrafos, frases y letras. Os estoy muy agradecido.

Llegamos con esto al final de esta historia, de esta saga, con un final que creo que es digno y que alegrará a todos aquellos que hayan comenzado esta saga. Como en el anterior os he añadido un par de vídeos que son canciones con las que me he inspirado para llevar a cabo algunas escenas, las anotaciones de estos vídeos puede contener spoiler, tener cuidado.

Desearos a todos unas felices fiestas, y sobre todo que comencéis este nuevo año con nuevas ilusiones y nuevas ganas de seguir para adelante al pesar de las adversidades.

Feliz navidad, y felices fiestas.

Tras la sombra: Sombras iluminadas.

  • Sipnosis: Comienza la batalla final. La batalla entra la ira y la desesperación. Nos encontramos en la casa de Santa Claus, y todos están viendo estupefactos lo que le está ocurriendo a Miguel. Descubre como transcurre el final de la saga de Tras la Sombra en este último capítulo repleto de emociones en todo momento. ¿Conseguirán derrotar al mal? ¿Llegará al fin la blanca navidad? Descúbrelo. 
  • Descarga: Pincha aquí si te lo quieres descargar en formato pdf.

Tras la sombra: Sombras iluminadas.


Anteriormente…

Una bola rojiza del árbol de navidad caía lentamente rodando sobre sí misma al suelo debido al tropiezo que la bruja hizo con los duendes que andaban colocándola en el árbol. Todos contemplaron estupefactos lo que contenía dicha bola, no eran sueños de niños que habían sido buenos sino el contenido del alma de Eva que la bruja escondió en su día en su interior. Minutos más tarde la pequeña aparecería en el suelo y desapareció poco a poco entre los brazos de su primo Miguel.

Todos comenzaron a poner caras extrañas por lo ocurrido, y mientras tanto otros lloraban la pérdida de una niña que, aunque no la conocían sentían el dolor que su primo sentía en su interior.

Miguel sin pensárselo se levantó del suelo y alzó con decisión su bastón hacía el cielo. Cerró los ojos y reunió todas sus fuerzas para luchar contra la malvada que había sido descubierta al desprenderse del cuerpo de la Señora Claus, y es aquí donde al fin se batallaría la ira contra la desesperación.

Miguel: ¡MUERE! ¡MUERE! ¡MUERE! ¡MUERE! ¡DEVUELVEME A MI PRIMA! ¡QUE ME LA DEVUELVA HE DICHO! ¡DEVUELVEMELAAAAAAA!

El bastón comenzó a vibrar fuertemente en las manos de Miguel, y la bruja comenzó a caer al suelo dando un grito de horror que se escuchó por todo aquel lugar. Todo el patio se quedó a oscuras.

Timbo: ¡YA BASTA MIGUEL! ¡PARA!

Todos comenzaron a esconderse por el patio. El gran poder de Miguel hizo que el árbol se cayese al suelo rompiéndose las bolas en montones de trocitos.

Timbo: ¡PARAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

Miguel estaba envuelto por una gran bola de energía que lo envolvía de color azulado. Lo único que se podía ver era el gran poder azulado que desprendía Miguel y una bruja derrotada en el suelo.

El patio comenzó a moverse como si hubiera habido un pequeño seísmo. Los duendes muy asustados se escondieron de aquel horror. Algunos pudieron meterse dentro de unas macetas de navidad que había allí, otros en unas cajas abandonas, hicieron todo lo posible para poder escapar de aquella terrible situación.

Un gran viento huracanado entró por el patio y miles de pequeños copos de nieve empezaron a girar alrededor de Miguel. Timbo no reconocía los ojos de Miguel, sus ojos eran blancos y su voz estaba distorsionada. Su melena no paraba de zarandearse de un lado para otro.

Timbo no sabía cómo podía ayudar a su amigo y se volvió a convertirse en reno. Tomó una rápida decisión pues él sabía que no era el momento para pensar, y metió todos sus cuernos al estómago de su amigo. Miguel cayó al suelo y el gran poder que iba a soltar desapareció. Todo el poder azulado que había acumulado y a punto de disparar no había salido y acabó desapareciéndose. Todo volvió a la normalidad. Timbo cayó al suelo con un Miguel que se encontraba inconsciente.

Biky: Me duele todo…

Una bruja totalmente derrotada quiso levantarse del suelo, pero en el momento de quererse levantar vio unos pies grandotes que le sonaban muy familiar.

Santa Claus: Biky, todo ha acabado. Debes de zanjar todo este asunto.

Santa Claus sujetó a Biky por el brazo y el cuerpo de Biky había desaparecido convirtiéndose en la sombra oscura. Comenzó a rondar por el brazo y por la piel Biky había entrado en el cuerpo de Santa Claus. Nadie pudo apreciar dicho momento puesto a que todos los pequeños duendes estaban recogiendo los destrozos que se habían originado en el patio.

Timbo estaba al lado de su amigo al despertarse vio que se encontraba al lado de Miguel, y llamó a su amigo.

Timbo: ¿Miguel? ¿Miguel, estás bien?

Miguel abrió los ojos poco a poco para el alivio de Timbo. Este le ayudó a incorporarse contra una maceta grande que allí había. Se tocó las manos su cabeza, porque le dolía mucho.

Miguel: Me duele toda la cabeza.

Timbo: Siento haberte lastimado. Pero no es el momento de usar ese poder. Ahora no.

Miguel: ¿Cómo?

Timbo: Sólo te digo que ahora no es el momento.

Mientras que ambos hablaban y Miguel no comprendía nada de lo que le decía, algo horrible estaba a punto de suceder.

Santa Claus (Biky): Bien, tengo en el bolsillo izquierdo la varita.

Debido a los últimos acontecimientos la bruja malvada volvía a las andadas.

Santa Claus (Biky): He cometido un horrible error. Debo de escapar de aquí. No quiero ser víctima como ella. ¡No quiero morir como Reanxare!

Miguel: ¿Santa Claus?

La Señora Claus estaba muy asustada y muy pálida. Era la primera vez que veía a su marido con una expresión que no recordaba. Era distinto. Era horrible.

Señora Claus: No es él. Debe de ser la bruja.

Santa Claus (Biky): ¡Cállate!

Lanzó con la varita un rayo de luz morada en los labios de la Señora Claus convirtiéndose en un esparadrapo y ambos desaparecieron de aquel lugar tras una gran y densa nube morada.

Tras el asombro de todos los presentes un duende entró corriendo al patio formando mucho alboroto.

Bepu: ¡Daros prisa, algo está ocurriendo en los establos!

Todos acudieron a los establos y observaron a un Rudolph en muy mal de estado.

Timbo: Oh no, ¡no puede ser!

Miguel: Timbo, debemos de ir tras la bruja. ¿Qué ocurre?

Timbo: Va a ser imposible. Sin Rudolph no podremos ir tras ella. Así no podremos encontrar el paradero de la bruja.

Miguel: ¿Cómo dices?

Timbo: Exacto. Sin Rudolph no podemos ir tras la bruja, porque gracias a su nariz colorada detecta que niño le falta sus regalos o bien donde se encuentra Santa Claus.

Miguel: Vaya…

Timbo: Pero hay una solución.

Miguel: ¿Cómo?

Dijo Miguel muy sorprendido al escuchar la última frase de su amigo.

Timbo: Puedo traspasar una parte de sus poderes a mí y poder encontrar el paradero de Santa Claus y su señora.

Sin perder ningún minuto más, Timbo se acercó a un moribundo Rudolph. Puso su mano derecha contra el pecho del reno y traspasó una parte de sus poderes a él. Un gran rayo de luz rojiza hizo que Timbo se convirtiera rápidamente en un reno y sus astas de la cabeza no fueron pequeños cuernos como tenía anteriormente, sino grandes y robustos cuernos. Su nariz se puso colorada y comenzó a brillar. Ahora Timbo sí que era un reno oficial de Santa Claus.

Timbo: Corre, ¡súbete! ¡No perdamos más el tiempo!

Pasaron los minutos. Biky desprendida del cuerpo de Santa Claus, se encontraba en la cueva donde se había hospedado al llegar. Tenía sujeto tumbados en unas plataformas redondeadas a Santa Claus, por un lado, y a la Señora Claus por otro. Arriba de sus cabezas tenían pequeñas estalactitas a punto de caerse encima de ellos.

Santa Claus: No deberías de sucumbir a la sombra de tu interior.

Biky: ¡Cállate! Bastante he sufrido para que ahora me vengas con sermones. Sermones que no voy a escuchar en ningún momento.

Señora Claus: Por favor, escúchanos. Podemos ayudarte.

Biky: ¡No! ¿Alguien me ayudó cuando nací en este mundo? ¿Alguien me tendió una mano? ¿Alguien estuvo ahí conmigo cuando necesitaba esas necesidades que toda pequeña debería de tener cuando se encuentra sola en un mundo totalmente desconocido para ella? ¿Alguien estuvo ahí cuando murió a la persona que aprecio? ¿Alguien? ¿Alguien? ¡NADIE! ¿Sabéis? ¡NADIE!

Tras estas últimas palabras Timbo había aparecido en la entrada de la cueva y rápidamente había bajado de él Miguel que se abalanzó con decisión encima de ella. La bruja le dio un empujón y le tiró para detrás con todas sus fuerzas.

Biky: ¡Maldito mocoso!

Biky levantó la varita hacía arriba para atacar a Miguel, pero Timbo se interpuso metiéndose por el medio y clavándole las astas hacía un lado del pecho. El rayo de la varita de Biky acabó por mala suerte en todo el pecho de Timbo, y el reno cayó al lado derecho. La varita había sido clavada en el pecho de Timbo y se rompió como si de una rama se tratase en varios trozos. Grandes destellos aparecieron en el pecho del reno tras la ruptura de la varita.

Biky: ¿Por qué me has hecho esto reno?

La bruja comenzó a resoplar con todas sus fuerzas. Sentía una gran punzada en un lado del pecho. Se dirigió a Santa Claus y lo liberó para acto seguido volver a convertirse en una sombra y entrar nuevamente en su cuerpo. Tras una nube enorme morada, desapareció.

La cueva comenzó a temblar y las estalactitas comenzaron a caer una tras otra. Miguel corriendo liberó a la Señora Claus, segundos después una gran estalactita cayó justo en el lugar donde se encontraba la cabeza de la Señora Claus.

Señora Claus: Gracias pequeño. Ha faltado poco.

Ambos se dirigieron a un reno con los ojos cerrados. No paraba de derramar sangre en el lado donde le había golpeado con la varita.

Miguel: Timbo, por favor contesta. Timbo, por favor abre los ojos.

Miguel agarró el cuerpo del reno y vio como minutos después el reno poco a poco comenzó a abrir los ojos. Estaba muy débil.

Miguel: Timbo, debemos de salir de aquí. Todo se está derrumbando.

La Señora Claus pudo observar como la entrada de la cueva estaba a punto de ser tapada para siempre.

Señora Claus: ¡Debemos de darnos prisa!

Timbo intentó levantarse para que sus dos amigos se subieran en su lomo para llevarles al lugar donde se encontraba la bruja. Tras un enorme esfuerzo los tres emprendieron el vuelo antes de que la cueva se cerrase del todo.

Un montón de duendes habían logrado levantar nuevamente el árbol de navidad en la casa de Santa Claus, pero todos los adornos estaban destrozados. Todos se pusieron contentos cuando uno de ellos alzó la mano hacia arriba señalando a Santa Claus. Todos aplaudieron con gran alegría, pero terminó de pronto porque Santa Claus abrió los brazos en cruz y comenzó a soltar grandes rayos de luces de color roja y verde. Las luces comenzaron a destrozar el taller, la cocina, atravesó destrozando todos los regalos de muchos niños. La cinta de transporte de los regalos comenzó a caerse al suelo haciendo un gran estruendo en la casa.

Santa Claus (Biky): Mi venganza final. Todo será derrumbado, como mi vida. ¡Todo acabará entre las cenizas!

Los duendes muy asustados fueron corriendo a esconderse en lugares pequeños para ocultarse de tal horrible momento.

Timbo había llegado con Miguel y la Señora Claus tras una caída forzosa del reno que acabó en el suelo. Miguel fue rápidamente a la ayuda de su amigo, pero no recibió respuesta de él. Hasta que de repente abrió su boca para decirle unas últimas palabras.

Timbo: Gracias por todo el cariño que me has prestado. Ahora es el momento de abrir la llave que esconde tu bastón. Abre el mundo de la luz y acaba con todo… esto.

Tras estas últimas palabras entre sollozos de Miguel, nuestro valiente Timbo desapareció entre destellos.

Señora Claus: No llores mi niño. Ahora es el momento de usar tu poder. ¡Es la hora!

Miguel entre lágrimas y secándose sus lágrimas con la manga de su camisa, se levantó del suelo. Con decisión se puso en los pies del árbol de navidad y alzó el bastón hacía Santa Claus.

Miguel: ¡Se va a acabar tus fechorías!

Una gran luz celeste volvió a desprenderse del bastón y los pies de Miguel comenzaron a flotar mientras que Santa Claus aún seguía lanzando rayos. Ambos se pusieron uno en frente del otro. Uno de esos rayos fue a acabar contra Miguel, pero desapareció puesto a que él estaba protegido por la luz celeste que le rodeaba. La voz de Miguel comenzó a distorsionarse nuevamente.

Miguel: ¡Sal del cuerpo de Santa Claus!

Santa Claus (Biky): ¡Nunca! ¡NUNCA!

Los rayos de Santa Claus incrementaron y ahora eran más grandes, y el poder de Miguel siguió en aumento hasta tal punto que la camisa se desgarró y acabó destrozada. Su cuerpo comenzó a temblar. Un mano que él no conocía se encontraba apoyada en su hombro derecho. Se trataba de Reanxare.

Reanxare: Por favor, termina con esto. No quiero que sufra más.

En el otro hombro se encontraba su prima Eva.

Eva: Pon fin a su sufrimiento. Todo debe de terminar.

Ambas llevaban un hermoso traje blanco traslucida a la luz de aquel nuevo amanecer. Que poco a poco estaba saliendo en el lejano horizonte.

Miguel sin pensarlo ningún segundo más levantó su bastón y la punta se convirtió en una llave dorada, se dirigió a Santa Claus y se lo clavó en el corazón. Se originó un gran destello morado y dorado en el pecho, y la gran sombra salió del cuerpo y explotó en millones de destellos morados y dorados.

Tras la caída de esos destellos morados y dorados al suelo, los duendes y la Señora Claus alzaron sus miradas hacía la copa del árbol de navidad, pero tanto Miguel y Santa Claus ya no seguían ahí. Ambos habían desaparecido.

¡PUM, PUM, PUM!

Se escuchaban los latidos de un corazón. Miguel se miró las manos y el horizonte. Observó que se encontraba en un lugar cálido bañado por una luz blanca.

Miguel: ¿Dónde me encuentro?

Santa Claus detrás suya puso sus dos manos en sus hombros. Miguel pudo ver también que detrás de Santa Claus se encontraba Timbo en su forma duende y le guiñó un ojo.

Santa Claus: Bien hecho muchacho. Mira allí.

Miguel sorprendido vio como a lo lejos aparecía su prima Eva, y él rápidamente fue a abrazarla con todas sus fuerzas.

Miguel: ¡Prima, mi prima! Te he echado mucho de menos.

Ambos pudieron sentir su calor respectivamente.

Eva: Gracias por encontrarme, Miguel. Te estoy muy agradecida.

Ella se acercó a su mejilla y le dio un beso. Él se puso muy colorado, tan colorado como un tomate. Santa Claus se rio, hasta que alzó una sonrisa al ver detrás de Eva a Biky junto a Reanxare. Ambas iban vestidas con un hermoso traje blanco, y llevaban la melena suelta. A sus espaldas llevaban unas grandes alas de color blanco. Iban muy hermosas. Ambas iban unidas de la mano.

Eva se puso delante de su hermana.

Biky: Siento el daño que he podido ocasionarte. Lo siento de verás.

Eva: No. No debes de sentirlo. Has sufrido mucho. No te tienes que disculpar. Hay cosas peores por las que preocuparnos. Las discusiones, las peleas, las guerras, no llevan a ningún lugar. Debemos de construir un mundo donde reine la paz.

Santa Claus: Bien dicho.

Biky se le cayó una lágrima y se puso las dos manos en la cara, hasta que Eva se las agarró y se las bajó.

Eva: Ahora debes de reunirte con Reanxare y ser feliz juntas.

Tras estas últimas palabras ambas hermanas se abrazaron fuertemente. Reanxare agarró por la cintura a Biky, y ella le apoyó la cabeza en su hombro. Ambas empezaron a andar hacía una hermosa luz blanca que se encontraba en el fondo.

Eva: Adiós mi hermana. Hasta siempre.

Eva se dirigió a Miguel con una sonrisa, y lágrimas en los ojos.

Miguel: Eva… yo…

Santa Claus levantó un par de dedos hacía arriba e hizo sonar tres chasquidos con sus dedos. La casa de Santa Claus, el Árbol de Navidad, el taller, todo volvió a la normalidad.

Santa Claus: ¡Hou, hou, hou!

Marta: ¡A levantarseeeeeee dormilones!

La madre de Eva jaló fuertemente del cachete de su hija y luego se fue a la litera de abajo donde jaló también del cachete de Miguel.

Marta: Vaya par de dormilones estáis hecho. Os espero abajo. Tus padres están abajo Miguel. ¡Daros prisa!¡Ya es navidad!

Eva: Un poquito más…

Miguel abrió los ojos.

Miguel: ¡Guau! ¿Todo ha sido un sueño?

Ambos primos bajaron por las escaleras y vieron a toda su familia que estaban todos juntos cantando villancicos junto al árbol de navidad. Entre los adornos de este árbol se encontraba un caballo alado plateado, pequeñas cadenas de perlas blancas, pequeñas flores rojas como amapolas y lunas redondeadas. Y en lo alto de la copa del árbol había una estrella dorada.

Marta: Cariño, ¿sabes cómo ha llegado esa estrella ahí? ¿La compraste?

Jordi: ¿Yo? Que yo sepa no.

Ambos padres se miraban extrañados uno a otro. Mientras tanto ambos niños se asomaron a la ventana del salón al escuchar el tintineo de unos cascabeles.

Miguel: ¡Santa Claus!

Miguel y Eva, ambos con sus pijamas y descalzos salieron afuera. Mientras que sus padres estaban dentro tomando todos juntos unas copitas de vino.

Miguel: Me pareció escuchar a Santa Claus.

Eva: Oye, Miguel. ¿Me quisiste decir algo? ¿O era en sueños?

Miguel se puso muy colorado. Le dio rápidamente un beso en la mejilla y se metió para dentro de la casa.

Eva: ¡Ey! ¡Dímelo! ¡No me dejes así! ¡Fuuu! ¡Bobooo!

A lo lejos, en lo más alto del cielo el trineo de Santa Claus se dirigía a repartir los regalos de todos los niños del mundo que habían sido buenos. Entre los renos como guía iba Rudolph y a su lado Timbo, ambos junto a sus compañeros renos guiaban a Santa Claus en una nueva noche mágica de navidad.

Santa Claus: ¡Hou, hou, hou! ¡Feliz Navidad!

Tras el trineo de Santa Claus se podría contemplar una aurora boreal y con ello un nuevo amanecer.

Veinte años después…

Una chica llamada Noemí se dirigía con su grupo de amigos por navidad a un pub para tomar unas copas. Precisamente, esta chica era idéntica a la Biky que ya conocemos. Vamos a ver cómo le va.

Noemí: Venga chicos que quiero entrar al pub. Necesito tomar unas copitas para celebrar estas fiestas. ¡Hip, hip, hip!

Pepe: Noemí, ¡ya llevas tres copas! Vas a llegar mareada a casa.

Todos rieron.

Paula: Cierto, Noemí. Deberías de escuchar seriamente a Pepe.

Sofía: Anda, ¡que pelmazos sois! Dejarla que disfrute. ¡Estamos en navidad!

Todos volvieron a reír.

Entraron al pub y tomaron asientos en un rincón.

Noemí: Esperar, no pedir la otra que voy un momento al baño.

Cuando Noemí se dirigía al cuarto de baño se chocó con una chica que era idéntica a Reanxare, caracterizada también por su larga bonita melena de color negra.

Carla: Perdóname.

Noemí: No, perdóname tú.

Noemí contempló la belleza de Noemí.

Noemí: ¿Nos conocemos?

Carla: Creo…

Beatriz: ¡Carla! ¡Date prisa! ¡Tenemos que subir al karaoke!

Pepe: ¡Venga! ¡Noemí te estamos esperando!

Carla: ¡Voy, Bea! Hasta ahora.

Carla le devolvió una sonrisa y Noemí otra. Así toda la noche.

Fin.
Final de la saga: Tras la sombra.


Vídeo: Esta canción me ha ayudado para llevar a cabo la escena final cuando Miguel se reencuentra con Eva, y posteriormente el reencuentro de las dos hermanas.

Vídeo: Esta canción la he usado cuando Eva entabla conversación con su hermana, y esta le dedica unas palabras y posteriormente se despide de ella felizmente (minuto: 3:00) También cuando gracias a Santa Claus todo volvió a reconstruirse (minuto 4:18)

Vídeo: Esta canción la he usado para las últimas escenas de Miguel y Eva cuando salen afuera a buscar a Santa Claus. A partir del minuto 1 me ha inspirado para adelantarme veinte años más tarde para hacer las escenas de Noemí y Carla, y en el 1:55 es cuando ambas se reencuentran en el pub.

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