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Especial Halloween 2016: Tras la sombra de la calabaza. Huida. (Desenlace)

¡Hola a tod@s!

Comienza el desenlace de esta historia que os he traído para estas fiestas de Halloween. Llega con ello el momento de ir desatando esos pequeños nudos que se han podido ver en el primer capítulo de esta nueva historia y en el que os aseguro que no os va a dejar a nadie indiferente, porque vais a descubrir grandes verdades. No os quiero adelantar ningún acontecimiento del desenlace pero solamente os digo que estéis bien preparados para lo que pueda ocurrir. Creo que de todos los cuentos, relatos e historias que haya escrito esta ha sido la más oscura de todas pero aún así estoy contento de dar un cambio en mi forma de imaginar y acercarme un poco a la oscuridad y es más, esta historia lo merece.



Sin más dilación. Disfruten del final de "Tras la sombra de la calabaza". Disfrutarlo, ¡Feliz Halloween!

Tras la sombra de la calabaza. Huida.

  • Sipnosis: Miguel y Eva descubren el porqué se encuentran en Klapitola. El reino corre un grave peligro y ellos deben de defenderlo de las garras de la malvada bruja. Nuestros valientes amigos descubrirán grandes verdades. Una venganza hará que todo el reino sea sucumbido entre los escombros. Revelaciones, drama, lucha, huidas, todo en el final del desenlace de Tras la Sombra de la Calabaza.
  • Descarga: Pincha aquí si te lo quieres descargar en formato pdf.

Tras la sombra de la calabaza. Huida.


Nuestra pequeña amiga Eva se encontraba en un lugar frío y muy oscuro. Miro a los lados y se hallaba en la habitación de un hospital, observó cómo dos personas que ella conocía muy bien estaban alrededor de muchos médicos.

Eva: ¿Papá? ¿Mamá?

Allí se encontraba los padres de Eva y estaban muy nerviosos. Era el nacimiento de un bebé.

Jordi: Cariño, aguanta por favor.

Marta: No puedo más, ¡arggg!

Médico: ¡Tenemos que darnos prisa! ¡Viene muy mal! Caballero, debes de salir de la sala. Esto se va a complicar.

Jordi: ¿Por qué? ¡Quiero estar con mi mujer!

Médico: ¡Sacarlo inmediatamente!

Algunos médicos sacaron de la sala al padre de Eva y de repente toda la habitación en la que se encontraban se hizo mucho más oscura quedando la madre de Eva sola en la camilla. El único médico que la atendía desapareció.

Eva: ¿Qué pasa? ¡Mamá! ¡Mamá! ¿Me escuchas?

Eva muy nerviosa quiso avanzar hacía su madre, pero sus dos manos estaban agarradas por grandes cadenas que se conectaban al suelo.

Eva: ¿Qué es esto? ¡Mamaaaa!

Todos esos gritos de la pequeña fueron en vano porque la madre no la escuchaba. Del cuerpo de la madre comenzó a salir mucha sangre.

Marta: ¡He perdido al bebé!

La madre de Eva dio un gran grito y acto seguido se desmayó. En ese instante desde la oscuridad una gata negra subió hacía el cuerpo de la madre de Eva y miró fijamente a una Eva sentada de rodillas muy asustada.

Gata: ¡Miaaaaauuuuu!

La oscuridad envolvió absolutamente a una Eva llorando y asustada por lo que había presenciado. Observó como las cadenas se convertían en montones de pequeños regalices redondo y al romper la cadena de regaliz apareció despierta y asustada en la cama de una pequeña casa.

Eva: ¡Mamá!

Miguel: ¿Qué ha pasado? ¡Tranquila! ¡Tranquila!

Miguel intentó controlar a Eva, pero estaba muy nerviosa. Tuvo que esperar unos segundos hasta que se tranquilizara.

Eva: He tenido una horrible pesadilla.

Halloban: Ya veo, has tenido un sueño feo.

Halloban el señor de todas la calabazas y rey de Klapitola había entrado en brazos de Timbo y Glaxco, un gnomo mecánico del reino con un traje marrón oscuro y pantalón beis muy sucio. Al tiempo cogieron una silla grande de piel y lo depositaron ahí.

Halloban: Pequeña. Tú tienes un don muy especial. El don de los sueños. Puedes ver aquello que ocurrió o aquello que ocurrirá en un futuro próximo.

Eva: ¿Cómo?

Halloban: Es un don que debes de llevar de por vida. Te ayudará en muchos momentos, pero en otros te enseñará cosas muy malas en las que debes de estar muy preparada.

Miguel: ¿De qué estás hablando? ¿Y qué estamos haciendo aquí?

Timbo: Todo a su debido tiempo, Miguel.

Halloban río y le guiñó un ojo.

Halloban: No te preocupes. Os lo explico. Vosotros sois los elegidos para que salvéis al gran árbol de un gran acontecimiento que hará temblar los cimientos de nuestro reino. Si él muere todo estará perdido y por tanto Halloween desaparecerá para siempre.

Halloban se dirigió a Glaxco para que le acercará el bastón de mago de Miguel, y la varita de bruja de Eva.

Halloban: Acercármelo.

El pequeño gnomo acercó a Halloban ambos instrumentos y tras un soplo de la calabaza el bastón como la varita comenzaron a flotar alrededor de cada uno de sus dueños y pararon en sus manos.

Miguel: ¿Cómo?

Eva: ¡Me niego! ¡No quiero ser partidaria de una catástrofe! ¡No quiero! ¡Quiero regresar a casa!

Halloban: Por favor, debes de ayudar nuestro reino. ¡Estamos en apuros! Si desaparece nuestro mundo, el vuestro puede tener un final inesperado.

Miguel: ¡Sí! ¡Debemos de hacerlo Eva!

Eva: ¿Cómo?

Miguel: Piénsalo bien Eva. Ellos nos han ayudado. Ahora nos toca nosotros ayudarles. ¿Y no te acuerdas que de pequeña me dijiste que querías aventuras? ¡Pues ahora es el momento!

Eva observó a cada uno de los presentes que se encontraban en la habitación, Timbo con la cabeza baja muy triste miraba el suelo. Halloban estaba muy serio y triste. Glaxco se encontraba quitándose un moco en la nariz.

Eva: ¡Puag! Vale, vale. De acuerdo. ¡Os ayudaremos!

Todos muy felices abrazaron a Eva. Halloban muy contento desde su asiento comenzó a llorar de felicidad y dirigió a algunas palabras a Timbo en voz baja.

Halloban: Espero que todo vaya bien.

Eva: No, tu no Glaxco. Un beso si que te dejo.

Todos rieron.

Llegó la noche y en esta ocasión Eva se encontraba sentada en un pequeño lago oscuro y apoyada a un árbol que llevaba unas manzanas negras y con muy pocas hojas. A su lado apareció Biky la bruja que se dirigía al agua con una sonrisa.

Biky: Sal del agua. Es hora de terminar lo que estamos haciendo.

Para el asombro de Eva pudo observar como del lago como si de una sirena se tratase salía una hermosa chica semidesnuda con una larga melena negra oscura que le tapaba los pechos. Le dirigió una amplia sonrisa a la bruja y le dio un suave beso en la mejilla cerca de los labios.

Eva no pudo dar crédito a lo que veía. Tenía una mano tapando su boca. Pero lo que ella no sabía es que ellas no podían verlas.

Reanxare: Te quiero mi ama.
 
Biky se levantó de la orilla y le ofreció su capa para que fuera tapada.

Biky: Toma no pases frío. Cuando puedas vuelva a tu estado de gata. Necesito que me hagas un favor, Reanxare.

De la cabeza de Eva cayeron un montón de caramelos y en un momento pensó que se trataban de los frutos de aquel feo árbol y la hicieron despertar. En realidad, se trataban de unos niños esqueletos que estaban tirando caramelos encima de Eva.

Eva: ¡Ey! ¡Ey!

Fueron interrumpidos por Miguel que entraba en la casa y muy apurado. Algo le ocurría.

Los pequeños esqueletos riéndose se fueron de la pequeña casa comiendo caramelos, pero para nada servía pues esos caramelos terminaban en el suelo.

Eva: ¿Qué ocurre Miguel?

Miguel: ¡He perdido mi bastón! ¡No lo encuentro por ningún lado!

Eva: ¡No puede ser! ¿Lo estás diciendo en serio?

Miguel: Si, anoche lo dejé apoyado en mi mesita de noche, pero ha desaparecido al levantarme.

Eva muy asustada levantó su almohada por si allí seguía su varita y se alivió al ver que aún se encontraba en el sitio donde ella lo dejó anoche. Al dirigir nuevamente la mirada de Miguel, vio como una gata negra la estaba observando a través de la pequeña ventana que tenía la habitación.

Eva: ¡Tú!

Miguel: ¿Qué?

Eva muy apresurada se metió su varita en el traje y salió corriendo de la casa.

Miguel: ¡A dónde vas!

Eva: ¡No te preocupes! ¡Sé quién la puede tener!

Eva salió corriendo detrás de la gata negra, y encontró a la gata rebuscando en un pequeño contenedor de basura en un callejón a oscuras. Sacó con su pequeña boca el bastón de Miguel, pero antes de cogerlo le maulló muy enfadada.

Eva: Ven, gatita. O quise decir… Renxare.

La gata muy extrañada la miró y salió corriendo de allí. Eva no se lo pensó y la siguió nuevamente.
Cerca de allí se encontraba el taller de Glaxco, el mecánico, con Timbo. Todo el taller estaba adornado por las fiestas de Halloween.

Timbo: Guau. Está estupendo. Me alegro que hayas arreglado el trineo. No se pilotar esta cosa aún.

Glaxco: Eres un reno un poco torpe. Aunque no te niego que ha costado lo suyo, pero ya lo pude terminar gracias a los planos que me han enviado tus amigos los elfos. Bueno, ahora regreso voy a casa de un cliente que le tengo que atornillar la cadera a la señora Frankitamy.

Timbo: Gracias. Pronto regresaré a casa.

Eva pasó corriendo detrás de la gata en la misma puerta del taller.

Timbo: ¿Cómo? ¿Ese no es el bastón de Miguel?

Eva: ¡Gata estúpida!

La pequeña se paró a resoplar y vio como Timbo llegaba corriendo.

Timbo: ¿Qué te pasa amiga?

Eva: ¡Han cogido el bastón de Miguel!

Timbo: ¿En serio? ¡Debemos de ir a por él!

Gata: ¡Miauuuu!

La gata apareció en el tejado. Había entrado por unos paneles de cristal que tenía el taller en el techo y se apoyó en unos de los pilares de madera que tenía.

Eva: ¡Maldita gata! ¡Baja si te atreves!

La gata levantó una de sus patas y lanzó al suelo el bastón de Miguel. Sin pensárselo Timbo se acercó a recogerlo, pero no dedujo que detrás de un barril de madera se encontraba Biky. Le arrojó un martillo a la cabeza y cayó al suelo.

Biky: ¡Uy! Se me ha ido de las manos.

Eva: ¿Quién eres?

Biky: ¿Ahora esas preguntas? ¿En serio? ¿Tengo que contestarlas? Me entran mucha pereza.

Biky se agachó y cogió el bastón.

Biky: Tu podrás tener el poder de los sueños gracias a tu varita, pero tu primo tiene un poder muy divertido como es el de la magia.

Alzó el bastón hacía arriba y lanzó un hechizo.

Biky: ¡Pequeña serás! Tan diminuta te verás que nadie te esperará.

El cuerpo de Eva fue envuelto por un enorme humo de color rojizo que se convirtió en una bola de adorno de navidad de color rojo y la varita cayó al suelo.

Biky: Que suerte la mía. Ahora tengo tanto el bastón como la varita. Todo gracias a ti.

Acarició a la gata que se encontraba apoyada en su hombro derecho. Biky se acercó a la bola roja donde se encontraba Eva. Abrió uno de los sacos cargados de juguetes que tenía el trineo por detrás y entre los regalos metió la bola.

Miguel: ¡Estate quieta! ¡Ese bastón es mío!

Miguel había llegado al taller.

Biky: ¿En serio? ¿Ahora este? ¡Paso!

Lanzó una humareda de color morado y desapareció del taller.

Miguel: ¡Mierda!

Miguel fue a atraparla, pero desapareció. Poco a poco un Timbo con un enorme dolor de cabeza se estaba levantando del suelo.

Miguel: ¿Estás bien Timbo?

Timbo: Oh no, la bruja ha llegado. Nos va a fastidiar la noche de Halloween.

Miguel: ¿Dónde está Eva?

Timbo: ¿No está contigo?

Llegó la noche y todos estaban preparados para lo que no querían que ocurriese, la gran catástrofe. La bruja apareció delante del gran árbol junto a su gata a la derecha y el lobo a su izquierda. Alzó el bastón y la varita hacía el árbol.

Todos los habitantes del lugar se escondieron muy asustados en sus casas y los visitantes se marcharon corriendo del reino.

Delante suya se encontraba Halloban en su trono junto a Miguel y Timbo.

Miguel: Dinos donde se encuentra mi prima.

Biky: Pues ella ahora mismo se encuentra muy arropada. Mira te he dicho una pista.

Un desesperado Halloban se abalanzó hacía la bruja y le mordió la mano izquierda.

Halloban: ¡Corre Miguel! ¡Coge tu bastón!

Biky: Maldita calabaza hueca.

La malvada bruja cogió la calabaza y la arrojó contra el suelo. Halloban se había partido en dos mitades.

Halloban: Aún no me has matado. Aún mi espíritu sigue aquí.

Biky se dio más deprisa que Miguel y cogió el bastón con el poder de la varita.

Biky: Nunca debiste de otorgar tu magia a estos instrumentos. Calabaza mugrienta.

Se acercó a Miguel y le dio un guantazo en toda la cara. Posteriormente se acercó a la calabaza y lo pisoteo con sus tacones finos negros de bruja.

Halloban: ¡Por favor! ¡No abras el portal! ¡Por favor! Te cuidamos de pequeña. Porque ese odio.

La bruja siguió hablando mientras pisoteaba a la calabaza.

Biky: Porque yo quería vivir. Yo quería tener una vida y vivir como ella. No es justo tener esta vida agarrada a este mugriento lugar. ¡Yo quería algo más! ¡Quiero vivir! ¡Como mi hermana!

Miguel: ¿Cómo? ¿De qué estás hablando?

La bruja se dio la vuelta y vio como Miguel se incorporaba, pero ella lanzó un hechizo con su bastón y lo paralizó. Mientras que ella se dirigía a Miguel.

Biky: ¿No me ves familiar? ¿Primo?

La bruja se quitó su sombrero y se dejó ver su larga melena pelirroja igual que la de Eva y tenía sus mismos ojos.

Miguel: No puede ser… ¿tú eres…?

Biky: Bingo, primito. Yo soy el bebé que murió en el primer parto de los padres de Eva.

Miguel: Si, Eva creo que me habló de eso un día. Pero cada vez que lo relata se echa a llorar.

Biky: ¡Oh, que pena! Voy a llorar de la emoción. Damas y caballeros vais a presenciar mi huida y escapada de este reino mugriento y en el que va a acabar todo derrumbado por los suelos. ¡Ains! Qué lástima, ¿verdad? ¡PUES NO!

Sin más demora la malvada bruja alzó ambos instrumentos hacía el cielo y en el corazón del gran árbol apareció un gran portal azul marino y se iba abriendo poco a poco. A través de este portal se podría ver un paisaje nocturno muy hermoso. Un paisaje nevado con pinos lleno de copos de nieve y una hermosa noche estrellada.

Biky: Por fin, voy a poder salir de aquí.

Timbo convertido en reno se abalanzó hacía la malvada bruja con su asta y cayó al suelo. Ambos instrumentos, bastón y varita, cayeron también al suelo. Pero el portal aún seguía abierto. El reno quedó inconsciente en el suelo.

Biky: Maldito reno, ¡descarado!

Miguel aprovechó que ya no estaba paralizado para tirarse encima del bastón, pero de repente todo el reino comenzó a temblar como si de un gran terremoto se tratase. A la superficie salió grandes trozos de tierra hacía arriba haciendo así enormes fisuras. Las casas comenzaron a derrumbarse y los ciudadanos comenzaron a huir del reino. Todo estaba acabado.

El momento en el que Miguel aprovechó para poder alcanzar el bastón fue agarrado por el pantalón por el lobo grisáceo de la bruja que tal grande fue la patada que Miguel le dio al lobo que este cayó por el precipicio de una de las fisuras. Tras un desgarrados aullido el lobo cayó y desapareció en lo más profundo.

Acto seguido Miguel sin pensárselo agarró su bastón, pero fue mordido en su mano derecha por la gata.

Miguel: ¡Asquerosa gata!

Miguel levantó su bastón y lanzó a la gata contra la misma fisura por la que había caído el lobo.

Biky: ¡Reanxareeeeeee! ¡NOOOOOOO!

Biky se fue corriendo hacía la fisura y vio como el cuerpo inconsciente de la gata convertida en persona tenía clavada en su pecho una cornisa del precipicio.

Miguel: Se ha acabado todo tu mal, primita.

Biky: ¡ARGGGGGGGGGGGGG! ¡MALDITO NIÑO! ¡TE VAS A ENTERAR!

La bruja alzó la varita hacía arriba e hizo un llamamiento al trineo que venía corriendo hacia ella. El trineo derribó a su paso montones de casas y árboles. El trineo se paró a su lado y con el poder de la varita desgarró el cuerpo de Reanxare de la cornisa y la depositó sobre el trineo.

Biky: Reanxare, por favor, no me dejes. No te vayas. Vamos a regresar a un nuevo mundo que te encantará.

Reanxare: Biky…, gracias por todos estos años. Nunca… olvidaré… tu cariño. Nunca… estarás sola.

Biky: No malgastes energía.

Miguel armado con su bastón en lo alto pudo ver como Biky se acercó al rostro de Reanxare y le dio un beso en sus húmedos y fríos labios. El cuerpo de Reanxare se evaporó en miles de pequeñas burbujas moradas. Biky muy triste tomó con su mano una burbuja y la explotó con la furia de sus puños.

Biky: Esto se ha pasado de castaño oscuro. ¡Me voy a vengar!

Una de las bolsas del trineo se abrió y montones de cajas de regalos cayeron hacía el precipicio y una bola roja de navidad cayó también, pero fue recogida por el poder de la varita.

Biky: ¿Ves esta esfera de navidad? Se trata de mi hermana. En su interior se encuentra ella. Y la vas a ver desaparecer. ¡PARA SIEMPRE! ¡DESPIDETE DE ELLA!

Tras estas palabras la bola fue precipitada hacía el portal y desapareció entre el paisaje nevado. Lanzó un rayo a lo que quedaba de Halloban y este desapareció en montones de trocitos pequeñitos.

Miguel: ¡EVAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! ¡HALLOBAAAAAAAAN!

Tras todo esto la bruja se montó en la parte delantera del trineo y se fue directamente al portal y se cerró detrás suya. El reino de Klapitola volvió a ser sucumbido por un gran temblor, todos los edificios y el gran árbol padecieron y desaparecieron.

Miguel muy triste se acercó a los trocitos desaparecidos de Halloban y vio entre sus restos una pequeña semilla de calabaza que brillaba sin parar. Sin pensárselo dos veces, el pequeño la enterró a los pies del desaparecido árbol. Todo había acabado.

A la semana siguiente todos los ciudadanos volvieron a sus derrumbadas casas. Algunos tenían en sus rostros lágrimas en los ojos y otros buscaban entre los destrozos a aquellos familiares que se hayan quedado entre los escombros. Miguel, ya sin el disfraz, pero con el bastón en la mano, se encontraba junto a Timbo convertido nuevamente en duende. Ambos se encontraban en el lugar donde estaba el gran árbol. Había aparecido un pequeño arbolito y a su lado donde había sembrado la semilla de calabaza unas pequeñas hojas de calabaza.

Timbo: De aquí saldrá nuevamente un nuevo rey de Klapitola, y todo volverá a ser como antes. No estés triste Miguel. Iremos a buscar a tu prima.

Miguel: Como…, ¿no ves acaso que ya el portal se cerró?

Tras esa pregunta Timbo volvió a convertirse en reno y se agachó en frente de Miguel.

Timbo: Súbete, es hora de emprender el camino de regreso a casa. ¡Nos vamos al Polo Norte! ¡Vamos a casa de Santa Claus! ¡Él nos ayudará!

Miguel: ¿En serio? ¡Mil gracias Timbo! ¡Vamos allá!

Timbo: Miguel, ¿tienes la llave que nos abrió a este mundo?

Miguel se tocó el bolsillo y mágicamente tenía en su bolsillo la llave dorada.

Miguel: Aquí está.

Timbo: Perfecto. Ahora quiero que toques tres veces el bastón con la llave y elijas el lugar a donde quieras ir.

Tras las despedidas de sus amigos, Miguel montado en Timbo tocó la llave con su bastón tres veces y la llave acabó desintegrándose en el bastón.

Timbo: Ahora el poder de la llave reside en el bastón. ¡Cuida de ese poder! Con este nuevo poder podrás regresar a casa.

Miguel levantó el bastón y en el cielo en el lugar donde había aparecido el portal antiguo se abrió uno nuevo. Ambos miraron como había quedado todo el reino muy triste.

Miguel: Espero que todo vuelva a ser como antes.

Timbo: Todo irá bien.

Miguel y Timbo: ¡Al polo norte! ¡A por Eva!

Continuará…

TRAS LA SOMBRA DE SANTA CLAUS



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