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La Luz de la Navidad. Especial: Navidad. ¡Felices Fiestas!

¡Hola a tod@s!

Las calles de nuestras ciudades vuelven a estar iluminadas con montones de bombillas iluminando cada paso que damos en este frío invierno. Los niños vuelven a sentir en sus pequeños corazones mariposas por las ilusiones de que se van acercando el momento de reencontrarse con sus ídolos como son Santa Claus y nuestras majestades los Reyes Magos de Oriente. Llega la navidad. Para celebrarlo en mi blog me he dispuesto  a llevar a cabo un hermoso relato donde nos lleva a conocer a un pequeño niño llamado Lucas que nos mostrará una aventura totalmente mágica y especial para él y para aquellas personas que le rodea. No quiero contar más anécdotas del relato es mejor que lo leáis por vosotros mismos y lo conozcáis un poco mejor.

Antes de terminar y dejar paso con el relato os deseo que miren a vuestro alrededor en estas fiestas tan señaladas y mostrar tu cariño a aquellas personas que te aman porque con ellos descubriréis la verdadera magia de la navidad. Abrid los ojos, y descubre un mundo desconocido. La magia de la navidad.

Feliz Navidad, y próspero año nuevo.

Francisco Pelayo. Curro para los amigos, y para ti.

P.D: Al final del todo podréis encontrar unos vídeos en los que me he inspirado para llevar a cabo este relato. Unos extras que he visto necesario para que lo escuchéis. Puede contener spoilers. o(^_^)o

La Luz de la Navidad.

  • Sinopsis: Descubre la navidad junto a Lucas y sus amigos en esta mágica aventura. Hijo de un padre adoptivo que va descubriendo poco a poco el valor de tener una familia a través de la magia de la navidad y gracias a las aventuras de sus amigos Claudia, Patri y Bepu. Una aventura apta para todas las edades en el que descubrirán la verdadera magia de la navidad y donde los sueños se pueden llegar a cumplir.
  • Descarga: Pincha aquí para descargar el capítulo íntegro en formato pdf.

La Luz de la Navidad.

Han pasado unos años desde que Jaime se despidió para siempre de esa persona que le cuidaría durante muchísimo tiempo, su tío. Desde que se quedó sólo han pasado muchísimas cosas, una de ellas es que él ha tomado las riendas de su vida siendo padre adoptivo de un pequeño de ocho años de edad. El pequeño se llama Lucas. Es momento de conocer a ambos un poco más.

Lucas un chico con una melena corta rubia se disponía a jugar en su habitación con unos aviones de papiroflexia que le había hecho la pareja de Jaime.

El avión que llevaba se estrelló contra el suelo cuando de repente sonó el teléfono de la casa.

Jaime mucho más adulto tenía ahora unos cuarenta años de edad, su edad hacía honor a la edad que tenía. Jaime cogió el teléfono.

Jaime: ¿Diga? ¡¿Cómo?! ¡Me dijiste que podía contar contigo! ¡Me has mentido!

Lucas se acercó al salón donde se encontraba Jaime y miró a escondidas muy preocupado. Algo en él sabía que no andaba bien.

Jaime: ¡¿Tu trabajo es más importante?!

La voz de Jaime se alzaba mucho más fuerte y Lucas se puso la mano en sus pequeñas orejitas. No paraba de escuchar los gritos de su padre adoptivo, le traía muy malos recuerdos. Entre esos recuerdos se encontraban cristales de ventanas rotos, platos tirados contra la pared, muebles reboleados por el suelo y una mujer apenada mirando el suelo de rodillas con los brazos tapándose la cabeza. Abrió los ojos y no quiso volver a tener esos angustiosos momentos de cuando él tenía cinco añitos.

Lucas: ¡Para...! ¡PARAD DE DISCUTIR! ¡QUIERO AMOR! ¡¡PARAD!!

Lucas corriendo abrió la puerta de la casa y se salió a toda prisa. Jaime puso una cara descompuesto al ver al pequeño gritando y salir corriendo a toda velocidad. No se lo pensó dos veces cuando salió tras el pequeño dejando la puerta de la casa abierta.

Jaime: ¡Lucas! ¡Detente Lucas!

Sus ojos no paraban de soltar lágrimas una tras otra, y vio a lo lejos una carretera.

Jaime: ¡PARA! ¡LUCAS! ¡LA CARRETERA! ¡¡PARA!!

Lucas sin pensárselo cruzó la carretera pero en ese preciso momento venía un coche plateado que venía a toda velocidad. Antes de que el coche chocara contra el pequeño, un señor con gabardina bei y alto con el pelo pelirrojo rizado cogió al pequeño de la mano y lo abalanzó sobre su pecho para sacarlo de la trayectoria del coche, pero en su lugar... se había llevado por delante a Jaime.

Lucas comenzó a llorar sin parar al ver a su padre adoptivo tendido en el suelo.

Lucas: Porqué...

Lucas no comprendía nada de lo que estaba sucediendo en ese momento. Estaba totalmente en shock.

Lucas: Despierta, Papá. ¡Despierta! ¡¡Despierta!!

Por desgracia no lo pudo escuchar porque estaba inconsciente y además por todo el ruido que hacía las ambulancias y todas las personas curiosas que querían ver dicho momento era imposible que su pequeña voz llegara a sus oídos.

Pasaron los minutos y Lucas se encontraba en la Uci del Hospital, donde no lo dejaron entrar debido a que estaban observando a su padre adoptivo.

Lucas se dirigió a la capilla del hospital para rezar por su padre. Al entrar a la capilla no paraba de observar como las paredes estaban adornadas con guirnaldas por navidad. Estaba precioso. En el altar había un pequeño nacimiento del niño Jesús donde a sus pies había comida para los más necesitados. Cuando llegó a su banco se puso de rodillas y comenzó a rezar por su padre. Dentro de su rezo comenzó escuchar lo que sería el llanto de una mujer muy apenada y triste que se encontraba a su derecha.

Lucas: ¿Por qué lloras señora? Te veo muy triste.

Señora: Los médicos han dado una semana a mi hijo. Hace dos semanas que no abre sus ojos. Está muy malito pequeño. Muy malito.

La mujer se puso la mano en la cara y no paró de llorar por su pequeño.

Lucas: Pediré al Señor por mi padre y por tu hijo para que se pongan buenos.

Lucas se acercó a la señora y se puso a su lado.

Pasaron las horas y allí solamente se encontraba Lucas que aún se encontraba sentado en el banco de la capilla. Cerró los ojos. Pero al rato lo abrió porque pareció escuchar el murmullo de una persona en el interior de un conducto de aire que se encontraba en el interior de la capilla. Con curiosidad quitó el marco del conducto del aire, se metió por ahí de rodillas y comenzó a gatear.

Lucas: ¿Hola? ¿Hay alguien ahí?

La extraña voz cada vez lo tenía más cerca.

Al llegar por la mitad del conducto se encontró en la oscuridad una pequeña luz. Ligero el ritmo del gateo y se encontró con una chica de nueve años, con un hermoso cabello rizado de color rubio. Llevaba en su boca una pequeña linterna.

Claudia que es así como se llamaba la pequeña se quitó la pequeña linterna y comenzó a hablar.

Claudia: ¡Ey! ¿Qué haces tapándome el camino?

Lucas: ¿Cómo que tapándote el camino?

Claudia: Anda bonito échate a un lado que estoy buscando una entrada secreta.

Lucas: ¿Una qué...?

Claudia: ¡Una e-n-t-r-a-d-a secreta! ¿Lo entendiste?

Lucas: ¿Dentro de este sitio?

Claudia: No que va. Estoy aquí por gusto, ¿sabes?

Lucas: ¿Cómo? ¡Qué boba eres!

Claudia: Gracias me lo dicen muchos. Ahora si me permites...

Claudia pasó por el lado de Lucas y entonces el conducto comenzó a resquebrajarse. Lucas quiso dar marcha atrás hasta que de repente se abrió un enorme agujero donde se encontraban ambos. Claudia se fue cayendo hasta que Lucas la cogió de la mano.

Claudia: ¡AAAH! ¡Socorro!

Lucas: ¡No te pongas nerviosa! ¡Te tengo bien agarrada! No te soltaré.

Claudia: Gracias, y perdona por ser tan borde contigo.

En ese preciso momento la zona en la que se encontraba Lucas se rompió, no pudo aguantar el peso de los dos niños. Cayeron por un agujero donde a su alrededor se escuchaba risas y gente murmurando sin parar. Los dos niños se deslizaron por la enorme tubería como si fuera un gran tobogán. Las paredes de la tubería había pequeñas pinturas navideñas como muñecos de galletas, regalos de navidad, y pequeños duendes. Eran dibujos navideños. Al terminar de descender de la tubería ambos niños llegaron a lo que sería como a algo muy blando como si se tratase de una cama de agua.

Claudia: ¡Que divertido! ¡Me lo he pasado pipa! ¿Cómo te llamas? Yo me llamo Claudia.

Lucas: Yo Lucas... ¡oh, oh!

Claudia: ¿Qué ocurre?

Lucas: No te muevas.

Detrás de la cabeza de Claudia una enorme cabeza de color verde oscuro con una enorme arruga en una nariz rechoncha y ojos verdes oscuros como la noche se quedó mirando con cara furiosa a los dos pequeños.

Troll: ¿Qué hacéis en mi barrigota?

Lucas: ¡¡Huyamos!!

Los dos niños rápidamente se deslizaron por el cinturón del troll y llegaron a tocar suelo.

A lo lejos vio un pequeño duende verdoso claro con gorro de vikingo navideño y orejas puntiagudas con pequeños cascabeles en sus puntas que no paraba de hacerles gestos con la mano.

Bupo: Sh sh... venir, venir. ¡Corran!

Dijo Bupo en voz bajita y los dos niños se escondieron detrás del duende.

Bupo: ¿Qué hacéis en la cárcel del troll?

Claudia: ¿Cárcel? ¡Ya sabía yo que este lugar apestaba! ¡Ñiuuc! ¿Qué es esto?

Los pies de Claudia tenía moco de troll.

Lucas: Hemos salido por esa enorme tubería.

Señalando un enorme agujero que se podría ver en el techo de aquel frío lugar. En la cárcel del troll grandes estalactitas se balanceaban a medida que el troll hacia un giro brusco con su cuerpo.

Bupo: ¡Bien! Debemos de escondernos. Tenemos que salir de este lugar y llevaros sanos y salvos
No tardó ni dos minutos cuando el Troll se fijó en los tres que estaba escondido de debajo de una columna tirada en el suelo.

Troll: ¡Hacerme pupa! ¡Duendes malos!

El troll con toda su furia comenzó a zarandear todas las columnas que se encontraban en la cárcel y con ellas algunas estalactitas comenzaron a caerse. De repente del pecho de Claudia algo comenzó a brillar con una luminosidad blanca.

Lucas: ¿Qué te ocurre en el pecho Claudia?

Claudia: ¡Genial! ¡Parece ser que es aquí!

Sacándose un colgante con unos huecos para colocar unas pequeñas esferas.

Claudia: Mira ya tengo uno es este de color azulado, y parece ser que cerca se encuentra otra esfera. Ahí está.

Claudia alzó su mano a la boca del troll. Había una esfera de color marrón que se encontraba brillando en el interior de una muela del gran monstruo.

Claudia: ¡Debo de ir a por ella!

Bupo: ¡Detente!

Claudia salió corriendo a los pies del troll.

Claudia: ¡Ey, tú! ¡Gordinflón! ¡Suelta eso redondo que tienes en la muela!

Cada vez el troll estaba más furioso, juntó sus dos manos y se abalanzó hacía la pequeña.

Lucas: ¡Claudia!

Lucas se interpuso y recibió un gran golpe haciendo que este chocará contra el cuerpo de Bupo y ambos chocaran posteriormente contra una columna que aún permanecía de pie en la cárcel.

Bupo: ¿Estás bien?

Lucas: ¡Si, gracias!

Segundos más tarde ambos pudieron ver que allí no se encontraba Claudia y que escuchaba como pedía auxilio. La cárcel se había hecho una gran brecha hacía un infinito vacío.

Lucas: ¡Claudia! ¡Dónde estás!

Claudia: ¡Socorro, Lucas! ¡Ayúdame!

Bupo: No podemos hacer nada. Este troll está mirándonos enfadado. Estamos acorralados.

Lucas muy enfadado sentía mucha impotencia por no poder ayudar a su amiga. Claudia poco a poco veía como sus fuerzas se iban agotándose. Sus dedos apenas podía aguantar todo su peso. Hasta que una mano de un duende la agarró en el último momento.

Patri: Te tengo pequeña.

Patri es una duende muy parecida a Bupo pero lo único que la diferenciaba es que ella llevaba unas largas pestañas, labios gordos rosados y sus ojos eran de color verde pistacho. Era la cocinera.

Claudia: Gracias.

Patri: Patri, para servirte linda niña. ¿Qué hace este dando tumbos por todos lados?

Patri con gran furia le dio un sartenazo contra la rodilla izquierda del troll y este muy enfurecido le dio una patada a Patri que fue a chocar contra la pared vieja de la cárcel.

Claudia: ¡Señora duende!

El troll aplastó su sartén y se acercó hacía Patri. Bupo y Lucas pudieron escapar y se unieron con Claudia.

Bupo: ¡Debemos de salvarla!

Patri muy mareada se levantó del sitio y dio un gran pisotón contra el suelo.

Patri: ¡Ya me has enfurecido! ¡Grandote! ¡No te voy a traer más sopa de rana borracha de licor!

El troll apenas la escuchaba y se dirigía hacia ella. Bupo cogió una larga cuerda enroscada en una esquina de la cárcel.

Bupo: Tengo una idea agarra esta cuerda y ponte a aquel extremo, Lucas. Vamos a hacer que tropiece.

Lucas: ¡Buena idea!

Bupo y Lucas se dieron mucha prisa para estirar la cuerda.

Bupo: ¡Agarra fuerte!

Claudia y Lucas cogieron por un lado y Bupo por el otro. Y...¡PLOM! El grandote troll se chocó contra una estalactita y este cayó haciendo rodar por el suelo una pequeña esfera de color marrón con el fondo de una flor de lis. Claudia fue rápidamente hacía la esfera y la recogió. Mientras tanto el troll se encontraba muy dormido en el suelo con una gran sonrisa de oreja a oreja.

Patri: Vaya, vaya. Parece ser que eso era lo que le ponía tan nervioso. Salgamos de aquí.

Todos salieron de la cárcel y se dirigieron para las cocinas de Patri. Todos se quedaron sorprendidos al ver la gran cocina que tenía Patri. Allí tenía otros duendes donde trabaja con ella.

Patri: ¡Bienvenidos a la Cocina del Polo Norte!

Claudia y Lucas: ¿Cómo?

Bupo: Si amigos. Estáis en las cocinas del Polo Norte. ¡Del mismísimo Nicolás! O como vosotros lo llamáis...¡Papa Noel! ¡Santa Claus!

Lucas con cara sorprendido observó a Claudia que estaba tan emocionada que hasta tenía los mofletes sonrojados del frío y de la ilusión que corría por todo su cuerpo.

Claudia: ¡Que guay, que guay, que guay! ¡No puedo creérmelo! ¡Estoy en la casa de Papa Noel!

Lucas se puso a cotillear y observó un cajón entre abierto y donde encontró un colgante en forma de estrella con pequeños diamantitos. Le dio la vuelta y tenía una pequeña descripción que ponía, "Pasar la vida sonriendo dejando hablar al corazón". Lucas se asustó porque Patri se encontraba detrás suya.

Patri: ¿Te gusta? ¡Esa estrella es mágica! ¡Puede cumplir un deseo!

Lucas: ¿En serio?

Patri: En serio. Si haces bien lo que te pide la estrella y muestras cariño por aquellas personas que se encuentren a tu alrededor.

Lucas: No puedo aceptarlo.

Patri cogió las manos de Lucas.

Patri: Insisto. Tómalo como un regalo por Navidad.

Lucas abrazó a su nueva amiga, y luego Bupo y Claudia se unieron dándose un gran abrazo en grupo. Minutos más tarde, tomaron una rica cena navideña con ricos manjares que Patri les había hecho y llegó el momento de la despedida.

Bupo: Es el momento de la despedida.

Claudia soltó una pequeña lagrimita.

Claudia: ¡Jo...! Con lo bien que estoy aquí.

Patri se acercó a Claudia y limpió su lágrima con el pequeño trapo que siempre llevaba ella en su cinturón.

Patri: No llores pequeña. Las sorpresas aún no han acabado.

Bupo: Cierto. Vamos a ver como Santa Claus alumbra por primera vez el árbol de Navidad.

Patri: Si. Lo hace todas las noches del 24 para celebrar que se marcha de viaje para repartir montones de regalos a todos los niños del mundo.

Claudia y Lucas: ¡Genial!

Los cuatros se dirigieron hacía las afueras de la gran casa de Santa Claus donde las afueras montones de duendes y renos se encontraban alrededor de un gran árbol de Navidad de color celeste.

Claudia: Que bonito. ¡Todo está nevado!

Lucas: Es precioso.

Santa Claus desde lejos les hizo unas señas y se acercó a los dos pequeños.

Santa Claus: ¡Ho, Ho, Ho! ¡Qué grandes valientes! Ya estoy al tanto de todo lo ocurrido con Prumpu.

Claudia no paraba de mirarle. Y Lucas le dio un codazo.

Lucas: ¿Estás bien?

Claudia: No... tengo... palabras... ¡Es...! ¡El señor gordete!

Lucas le dio otro codazo.

Lucas: ¡Claudia! ¡Ten cuidado con lo que dices!

Todos rieron.

Santa Claus: Vamos a rodear al árbol. Y a encender con nuestra magia la estrella del árbol.
Los cuatros unieron sus manitas y se pusieron en el gran círculo del árbol.

Lucas: Espera, Claudia.

Lucas quitó la mano de Claudia y se dirigió hacía Santa Claus que se encontraban detrás de ellos.
Santa Claus: ¿Qué te pasa Lucas? Dime.

Lucas: ¿Cumples sueños?

Santa Claus se agachó y Lucas se acercó al oído para decirle un sueño en voz baja. Al terminar de decirle la frase Santa Claus le guiñó un ojo. Muy sonriente este volvió junto a sus amigos.

Claudia muy triste se dirigió a Lucas.

Claudia: Te echaré de menos. ¿Nos volveremos a ver?

Lucas: Quien sabe, amiga. Quien sabe.

Todos cerraron los ojos y la gran estrella comenzó a brillar lentamente hasta coger un gran brillo cegador en lo alto del árbol. Santa Claus alzó su mano y soltó unos copos mágicos.

Lucas sintió una mano fría en su espalda. Se encontraba en los brazos de una enfermera del hospital. Poco a poco abrió sus pequeños ojos y se encontraba nuevamente en el hospital. La enfermera que lo llevaba tenía un pelo largo pelirrojo con unos grandes labios. Lucas la observó y le pareció muy familiar.

Enfermera: Doctor aquí está.

Lucas llegó a donde se encontraba el doctor que era la habitación donde estaba su padre adoptivo. Su padre adoptivo estaba consciente sentado en una silla con una muleta.

Lucas: ¡Papá! ¡PAPÁ!

Doctor: ¿Dónde se encontraba enfermera?

Enfermera: Estaba durmiendo enroscado en un banco de la capilla.

Doctor: Bien. Vámonos de aquí necesitan estar solos. Vamos a darle el alta.

Jaime: Lucas, perdóname.

Lucas: No, papá. Perdóname tu a mi por todo el daño que te he hecho. No debí de escaparme.

Padre adoptivo e hijo se abrazaron y Lucas se enroscó en el pecho de Jaime llorando.

Poco a poco el atardecer de ese 24 de Diciembre iba acabando. Lucas cogió la bolsa de ropa de su padre adoptivo cuando alguien todo dos veces la puerta y se trataba de la enfermera de antes.

Enfermera: ¿Cómo se encuentra?

Jaime: Muchísimo mejor. Menos mal que no fue tan fuerte el golpe. Pero el pie escayolado me lo llevo como regalo de navidad.

Todos rieron.

Enfermera: ¿Me aceptas un pequeño y gran consejo?

Jaime: Dime.

Enfermera: Sé bueno con el pequeño. Saca el niño que hay en ti. ¡Portaos bien!

La enfermera se marchó guiñando un ojo a Lucas sin recibir un feedback por su parte, pero este acabó con una sonrisa en los labios.

Jaime: Tiene razón. Los mayores somos inconscientes del daño que podemos haceros.

Terminó la frase abrazando a su pequeño nuevamente. Ambos salieron del hospital y Lucas ayudó poco a poco a su padre adoptivo a andar. Desde la escalera del hospital pudieron ver como llegaba un taxi y de este salía un señor con una maleta marrón que dejaba en el suelo en cuanto el taxi paró.

Jaime: ¡Has vuelto por navidad!

Lucas radiante de felicidad fue a abrazar a su otro padre adoptivo y este muy emocionado fue corriendo a abrazar al pequeño.

Jaime: Te he extrañado mucho. Feliz Navidad.

Los tres se abrazaron entre copos de nieve junto a los últimos rayos de luz del sol.

En la misma ventana de la habitación donde se encontraban nuestros amigos se encuentra la enfermera observando al pequeño Lucas abrazado junto a sus padres adoptivos. En ese preciso momento alguien tocó la puerta y la cerró tras de él.

Enfermera: ¡Tú!

Se trataba del señor de la gabardina que había salvado a Lucas del accidente del coche.

Señor de la gabardina: ¿Cómos estás, Patri?

El cuerpo de la enfermera comenzó a alumbrar toda la habitación y apareció Patri, la cocinera y el señor de la gabardina se trataba de Bepu. Minutos más tarde Bepu se observó cómo sus manos se cristalizaban en hielo azulado.

Patri: Creo que tu también estas a punto de desaparecer.

Dijo con cara triste.

Bepu: Si. Eso es el sacrificio por tocar a un ser humano.

De repente la mano izquierda de Patri comenzó a cristalizarse al igual que Bepu.

Patri: Y yo por salvar a Claudia de ese agujero. Creo que este es nuestro final.

Bepu abrazó a Patri con sus abrazos cristalizados fuertemente.

Bepu: Me da igual este final si lo puedo hacer a tu lado.

Patri: ¡Oh...! Bepu...

Ambos se besaron pero al besarse sus cuerpos se habían terminado de cristalizarse y comenzó a romperse en montones de añicos convirtiéndose en pequeños copos de nieve que se escapaban por la ventana.

Comenzó a nevar copos de nieve tan brillantes como las estrellas.

Desde otra habitación del hospital un niño se despertaba y se acercó a su ventana observando los brillantes copos de nieve.

Rubén: Mamá, mamá, ¡despierta! ¡Mira qué bonita nieve!

Una madre con lágrimas en los ojos se despertó de la butaca donde se encontraba durmiendo. Muy impresionada dijo unas palabras que ella pensaba que nunca las iba a decir.

Señora: ¿Rubén? ¡¿Rubén?! ¡Doctor! ¡Ven rápido! ¡¡Doctor!!

¿Os acordáis de ese sueño que le pidió Lucas a Santa Claus? Pues sí amigos, se trataba de darle una nueva oportunidad a este pequeño y a esta madre luchadora. Esa madre que se encontraba muy apenada en la capilla y que a partir de ahora la vida le daría una nueva oportunidad.

La mujer rápidamente abrazó a un pequeño muy sorprendido.

Rubén: ¡Mamá que me ahogas! ¡Me aprietas mucho!

El doctor había llegado a la habitación al ver con ojos desorbitados lo que estaba ocurriendo.

Doctor: ¡Es un milagro!

Señora: No doctor, es un sueño cumplido.

Hijo y madre se abrazaron muy felices viendo como esos copitos de nieve brillantes caían del cielo.

Rubén: Mira mamá, ¡es la luz de la Navidad!

Lucas contemplaba desde su cama como caían copos de nieves brillantes del cielo. Se levantó de la cama para dirigirse a su pantalón, donde metió su mano en uno de sus pequeños bolsillos y se dio cuenta que la estrella plateada que le habían regalado aún permanecía en el bolsillo. Se quedó con la boca abierta.

Minutos más tarde se dirigió a su cama y se durmió junto a su estrella muy feliz.

La noche estaba en silencio. Todos dormían y Santa Claus llegó para repartir montones de regalos a todos los niños del mundo pero cuando pasó por el hospital alzó la mano y levantó los copos de nieve que estaban por el suelo haciéndolo girar rápidamente alrededor del trineo.

Santa Claus: Tortolitos aventureros, ¡toca regalar montones de regalos! ¿Me echáis una mano?

Con un chasquido de dedos todos los copos de nieve que giraban alrededor del trineo terminaron en el asiento de atrás del trineo volviendo a la vida a Bepu y a Patri en el momento cuando se estaban dando un beso.

Patri: ¡Ups! ¡Qué vergüenza!

Bepu muy sonrojado miró para el otro lado.

Santa Claus: ¡Ho, Ho, Ho! ¡Feliz Navidad!

Santa Claus, sus ayudantes y su trineo desaparecieron en la luz de la luna llena de esta mágica noche buena.

Fin.



Vídeo: Canción principal que me he inspirado para escribir el relato.


Vídeo: Con esta me inspiré en la lucha de nuestros amigos con el troll.


Vídeo: Con esta me inspiré para los momentos finales del relato como la nieve o el despertar del pequeño. A partir del minuto 1:50 me ayudó a crear la parte de la aparición de Bepu y Patri en el trineo de Santa Claus.

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