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Interconectados por la red. Capítulo 6: Formateando. [El Desenlace]

¡Hola!

Con este nuevo y último capítulo llegamos al final de esta historia que ha estado con nosotros durante unos meses. Espero de corazón que haya sido de vuestro agrado, y lo hayáis disfrutado como yo lo he disfrutado al escribirla. De momento hago una gran pausa en esto de escribir pequeñas historias como esta para adentrarme en otros aspectos aquí en el blog, pero quizás algún momento vuelva con algo nuevo, el tiempo lo dirá.

Con este último capítulo averiguaréis al fin los verdaderos sentimientos de Sofía hacía nuestro amigo Javier, al fin saldrá la verdad a flote. Descubrir la reacción de ambos en este último capítulo de Interconectados por la red.

¡Disfruten y gracias por leerla!

Interconectados por la red.
Temporada 2: La verdad del amor por internet. Capítulo 6: Formateando. El Desenlace.

  • Sinopsis: Llegamos a la cima de esta historia, descubrir las últimas palabras de Javier y Sofía. ¿Cómo reaccionará Javier al descubrir la verdad que le tiene preparado Sofía? Verdades, engaños, sufrimiento y nuevas aventuras serán los principales ingredientes de este último capítulo. Un capítulo que estará marcado por la verdad que Sofía le contará a Javier sobre lo que ocurrió entre ellos. No te pierdas este último capítulo. ¡Disfruta del desenlace!
  • Descarga: Pincha aquí para descargarte el último capítulo en formato pdf.

Interconectados por la red.
Temporada 2: La verdad del amor por internet. Capítulo 6: Formateando. El Desenlace.

El coche sonó, ¡PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!

Sofía: ¡JAVIEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEER, NOOOOOOOOOOOOOOO!

No podía ser, habían atropellado a una persona en mí lugar. ¿Por qué me quiso ayudar…?, ¿por qué me ha salvado…?

Esa persona la que me había salvado es, Carlos.

Yo me arrodillé y me dispuse a levantarle, puse una de mis orejas sobre su pecho. Su corazón aún seguía latiendo.

Javier: ¡UNA AMBULANCIA, JODER! ¡UNA AMBULANCIA!

Sofía: ¡Cariñoooo!

Al llegar Sofía, me levanté. Puse mi mano derecha sobre el hombro de Sofía.

Javier: Lo siento muchísimo.

En ese mismo momento llegaron las ambulancias. Sofía me puso una cara triste y no me dijo ninguna palabra.

Desde siempre odio los hospitales, nunca me gustó estar en uno. Y me encontraba en un pasillo del hospital apoyando a Sofía, apoyándola... ¿qué ironía verdad? Cuando hace doce años ella me hizo trizas el corazón justamente en el mismo hospital. Nunca quiso saber de mí, y yo aquí estoy ayudando a superar este mal trago.

Javier: Sofía, en serio. Él que debería de estar sometiéndose en la operación debería haber sido yo.

Sofía: No te culpo para nada, Javier. Si él te quiso ayudar es porque él ha querido ayudarte, nada más.

Javier: Ya…, pero yo jamás me he querido entrometer en vuestra relación.

Sofía me levantó del sitio y me cogió de los brazos.

Sofía: Javier, eres muy joven. Seguramente que encuentras a alguien cuando menos te lo esperes. Yo por tí, no siento nada…, ¡JAMÁS HE SENTIDO NADA POR TI!.

Javier: ¿CÓMO? ¡DIME LA VERDAD! ¡POR FAVOR! ¡DÍMELA!

No me lo pude creer, ahora me está diciendo que jamás ella me ha querido.

Sofía: Yo nunca estuve atraída por ti, no me llamas la atención. Quizás a lo mejor por lo que yo sentí solo fue un capricho que se fue aquel día que me cambie de hogar, hace doce años.

No me lo pude creer, Sofía jamás me ha querido. ¡JAMÁS!

Sofía: Esa es la verdad, y todo tiene una explicación. Y es que…

En ese momento al pesar de todo lo que había pasado con el accidente de su marido y por lo que me había dicho a última hora, mis cinco sentidos se paralizaron. No sabía a donde me encontraba en ese momento.

Sofía en ese momento me volvió a coger el brazo y la rechacé.

Sofía: Te vuelvo a decir que todo tiene una explicación.

Entonces me fui a unos pisos más abajo del hospital y me quedé sentado en la cafetería, contemplando como la taza de chocolate caliente soltaban burbujitas por el vapor.

Sofía se sentó en un banco cerca donde examinaban a su marido, y comenzó a hablar por sí sola.

Sofía: Al final no se lo pude explicar, está bastante mal conmigo. Y es todo por haber jugado con sus sentimientos. Será mejor que la avise, que en realidad ha sido culpa de ella todo este follón con Javier.

¿Quién sería esa tercera persona? ¿Será ella la que ha organizado todo?

En ese preciso momento un médico salió del lugar donde examinaban a Carlos. Sofía fue rápidamente para el doctor.

Sofía: Doctor, Doctor. ¿Cómo se encuentra?

Doctor: No te preocupes, solo fue un golpe en la cadera leve. Se está recuperando satisfactoriamente. Menos mal que la chica había frenado justo a tiempo ó sino hubiera ocurrido alguna catástrofe. Pero aún sigue en observación, creo que cuando madrugue podrás verle.

Sofía: Muchísimas gracias, Doctor.

A sí fue amigos. Yo me quedé dormido a las afueras del hospital y esperé que amaneciera, eran las ocho de la mañana y fui a preguntar al doctor por el paciente y me dijo que todo andaba bajo control.

Cuando fui a la habitación en la que se encontraba el marido de Sofía, vi como a las afueras del hospital en un lugar para poder hablar por móviles se encontraba Sofía muy seria hablando con alguien y yo con cautela me fui a escuchar lo que decía, porque escuchaba mi nombre. Creo que toda esa conversación me interesaba.

Muy bien escondido sin que ella me viera me estuve enterando de la conversación.

Sofía: Patricia, Javier está bastante jodido. Nuestro juego ha sido todo un error.

A unos pocos kilómetros, dentro de una cabina telefónica se encontraba una misteriosa chica con un chubasquero. Su pelo era largo de color café y con las puntas rizadas, su piel era morenita, y sus ojos de color como las esmeraldas hablaba por aquel aparato de teléfono.

Patricia: Creo que ha llegado el momento.

Sofía: Porque no dijiste que eras tú cuando estuviste hablando con él por Internet.

Patricia: Tú sabes prima, que yo soy muy tímida. Lo sabes muy bien.

Sofía: Pues se ha hecho unas ilusiones falsas y ahora está bastante jodido. No sé para que te ayude a buscar ligues por internet.

Patricia: ¿Tú tienes la dirección de su casa?

Sofía: ¿Qué vas a hacer?, ¿para qué vas a ir a su casa?

Patricia: Creo que es hora de decirle toda la verdad.

No me lo podía creer lo que escuchaba en ese momento. ¿Quiere decir que Sofía no era la que hablaba conmigo por internet?

Creo que ya una autoestima no podía estar tan baja.

Javier: ¿Por qué Sofía?

Sofía: Patricia, te tengo que colgar.

Javier: Creo que te has equivocado de persona y yo también de persona.

Sofía: Javier todo tiene una explicación.

Javier: ¡NOOOOOOOO, HACE FALTA!

Sofía: Pero…

Javier: Ahora mismo, voy a visitar a tu marido y de aquí me voy para mi casa a seguir con mi vida. Y quiero que a partir de ahora, no hagas más daño a nadie. Y deja los caprichos para otros asuntos y nunca lo mezcles con asuntos del amor. Puedes hacer daño a muchas personas.

Me fui para la habitación en la que se encontraba el marido de Sofía.

Javier: Lo siento por todo. Todo ha sido un error mío. Discúlpame.

En ese mismo momento por detrás se encontraba Sofía con una cara muy triste.

Javier: Espero que seas eternamente feliz con ella.

Carlos era un hombre con un corazón humilde, al escuchar mis palabras sólo me ofreció una sonrisa y de ahí me di cuenta que él me estaba perdonando. Era un gran hombre.

Carlos: Muchas gracias, Javier.

Javier: Y ya sabes espero que te mejores, ¿eh?. ¡Hasta la vista!

Antes de salir de la habitación, me acerqué al oído de Sofía.

Javier: Dile a tu prima, que no vaya a mi casa que no será bien recibida.

Minutos más tarde me marché del hospital.

Pasaron los días y me encontraba en mi casa limpiando la casa. Todo estaba metido en cajas para una mudanza, me iba lejos. A un nuevo lugar para comenzar desde cero. Por otro lado también tenía que hacer otra limpieza, una limpieza tecnológica y amorosa a la vez. Formatear el viejo ordenador, con todos esos recuerdos falsos. Pero antes debería de imprimir el billete del avión, para Paris y luego un pase de autobús para al pueblo de Cergy. Ese será mi nueva aventura, mi nuevo hogar. ¡A comenzar una nueva vida!

Una vez que imprimí el billete lo dejé en la pequeña mesita que se encontraba en la entrada de la casa, junto a mi maleta.

Me acerqué a mi ordenador.

Javier: ¡Que de tiempo ordenador! Creo que ha llegado el momento de formatearte.

Salió una opción que ponía: ¿Deseas formatear el disco duro? Había dos opciones, “Si” o “No”. Al pulsar la tecla “S” de Si, mis ojos se cerraron lentamente y con ello todos los recuerdos que había en otro disco duro, en el disco duro de mi corazón. Pero sé que a partir de aquí, todo se acabó.

¡PLASSS!

Antes de pulsar el botón, una maceta se cayó en la terraza. La había tirado mi perro Curxen.

Javier: ¡CURXEN! ¿Para qué tiras la maceta? ¡JAJAJJA! ¡NO ME ECHES BABAS!

Mi perro se abalanzó hacía mí y se dispuso a chuparme la cara, entonces fui a coger la fregona y abrí la puerta de mi casa para que se secara antes.

Javier: Bueno voy un momento al servicio, Curxen. ¡Tú quietecito ahí en la puerta!

En ese momento llegó una hermosa chica que iba con ropa deportiva y con una mochila colgada en el hombro.

Esta chica miró el billete que se encontraba encima de la pequeña mesa de la entrada, y se quedó sorprendida.

Patricia: ¿Hola?, ¿hay alguien en casa?

¡GUAU GUAU!

Mi perro Curxen estuvo ladrando sin parar. Pero la chica no se asustó le dio unas caricias a Curxen a la cabeza y se tumbó para que le rascara la barriga y en ese momento hice aparición.

Javier: ¡Curxen!, ¿qué te pasa?

Me quedé maravillado a ver la chica que había entrado y que estaba jugando con Curxen. ¿Quién sería?

Patricia: ¡Hola Javier!, creo que ya nos conocemos. Me llamo Patricia, soy prima de Sofía.

Javier: ¿Qué?

La escoba se me resbaló de las manos.

Observé como esa chica entró en mi habitación y llego a la pantalla del ordenador y pulso en NO, para que el ordenador no se formatease.

Patricia: Creo que todo tiene una explicación y es hora de que la escuche desde el principio. Y no borres las conversaciones mías y tuyas. Mi prima me contó que las tenías guardadas en el ordenador.

Javier: Creo que no tenemos nada de qué hablar.

Patricia: Yo creo que sí.

Sacó un pequeño dibujo de su mochila que se podía ver a mí con ella, juntos.

Patricia: La que siempre te amaba no era mi prima Sofía, era yo. Nunca me atreví a confesar los sentimientos sola a un chico y por ello necesité la ayuda de mi prima Sofía. Y espero que algún día lo entiendas, Javier.

Me dio ese hermoso dibujo, que era en una noche debajo de una farola y juntos donde una gran bufanda abrigaba los cuellos de ambos. Era un lindo dibujo.

Patricia se dispuso a contarme todo lo que sabía y era sobre todo lo que me dijo por internet. Se levantó del sofá donde estuvimos hablando.

Patricia: Por favor guarda ese dibujo con todo tu corazón. Espero que algún día me comprendas.

Patricia se fue y cerró la puerta de mi casa.

Cuando ella se fue volví la hoja del pequeño dibujo y ponía en la parte inferior un pequeño texto.

Una tarde de internet, en I love heart conocí a una bella persona. Una persona con hermosos sentimientos, empatía, que ayudó a mi prima en todo momento. Una persona que no creo que la consiga pero al menos tuve la gran certeza de la vida el estar junto a él y que nuestros destinos se hayan cruzado gracias al mundo del internet. ¡Gracias mi destino por haberme ofrecido esta pizca de alegría dentro de mi vida! 

Tú amiga de internet, que siempre te amará. 

Patricia. 

Al leer esas palabras mi corazón dio un gran vuelco. Entonces la verdadera Sofía, es decir, con la chica con la que estuve hablando era Patricia.

No podía dar marcha atrás debía de seguir.

Al día siguiente llegue a la estación y empaqueté todas mis cosas, mi perro se puso muy nervioso, era la primera vez que volaba en avión pero más nervioso se puso cuando nos separamos, él no podía venir conmigo.

El viaje a Paris fue bastante tranquilo, y llegué al pueblo de Cergy. Allí encontré rápidamente un bloque de pisos de tres plantas donde alquilaban habitaciones y alquilé uno del segundo piso. Tuve suerte que mi casera me dejara estar con Curxen en este piso de alquiler, y ahora toca el turno de desempaquetar todas las cosas, y en mente todo lo que me dijo aquella chica, ¿realmente sentía algo por mí?

Cuando me fui abajo a tirar las cajas al contenedor de basura pude observar que una persona también se había mudado pero un piso de la primera planta, no paraba de entrar y salir cajas de su casa. En ese momento Curxen comenzó a ladrar a una persona que iba con un gran chubasquero violeta, parecía que no hacía muy buen tiempo hoy. Menos mal que tenía un paraguas en mano. No comprendí el por qué Curxen se puso a ladrar a esa persona y vi como esa persona cerró la puerta de su casa rápidamente.

Cogí a mi perro y nos fuimos a dejar las cajas en el contenedor más cercano y a dar un paseo, pero antes me puse en el portal a esperar a que escampase. Eso me hizo pensar en quién podría ser la persona del chubasquero violeta que al pasar por mi lado ni me saludó. Una vez que paró de llover perro y dueño nos dimos un lindo paseo por las calles de Cergy.

Dentro de la casa, la chica se quitó el sombrero de su chubasquero y se apoyó junto a la puerta. Se puede apreciar una amplia sonrisa. La sonrisa es de Patricia.

Patricia: Esto no ha hecho nada más que comenzar. Vecino.

Fin.

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