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La Amanplesna. Capítulo 11: El combate definitivo de las dos hermanas.

Buenas tardes a todos.

Nos acercamos al desenlace de la Amanplesna, y os traígo sus últimos capítulos que estará repleto de acción, suspense y sobre todo de grandes incógnitas que saldrán a la luz en estos últimos capítulos. Como ya sabéis ahora os presentaré el undécimo capítulo de la historia pero muy pronto llegará el último capítulo de esta temporada donde espero que lo disfrutéis al máximo. Atentos a las tramas que van trascurriendo a lo largo de este capítulo. Este capítulo va muy unido al siguiente que es el último de la temporada. Espero de corazón que os guste como a mí me ha gustado.

Sin más dilación os presentó el nuevo capítulo.

La Amanplesna. La Luz de la Esperanza. Temporada 2. Capítulo 11: El combate definitivo de las dos hermanas.

  • Sinopsis: Llega el momento más esperado de esta temporada, el cara a cara de las dos hermanas. Por otro lado nuestros amigos llegan a la gruta de la Amanplesna, y ahí ocurrirá una serie de importantes acontecimientos que pondrá en peligro a algunos personajes. Atentos con las tramas de este capítulo porque dará mucho de que hablar en el siguiente capítulo y último de esta temporada. ¿Qué ocurrirá dentro de la gruta de la Amanplesna? ¿Cómo será el cara a cara entre las dos hermanas? ¿Conseguirán al fin la Amanplesna? Atentos con el final de este capítulo, os sorprenderá.
  • Descarga: Pincha aquí para descargar el undécimo capítulo en formato pdf.
La Amanplesna. La Luz de la Esperanza. Temporada 2. Capítulo 11: El combate definitivo de las dos hermanas. 

Ha pasado más de tres largos días que nuestros amigos comenzaron a seguir ese rayo para encontrar la gruta donde se encontraría la Amanplesna. Cuando llegaron al lugar indicado, Juliana depositó sobre un hueco de la montaña el medallón y la montaña comenzó a temblar. Minutos más tarde el rayo esplendor que les habían acompañado a lo largo de los tres días había desaparecido. Pasaron los días y todo el equipo se encontraban ya establecidos en los alrededores e interiores de la gruta. Grandes ordenadores y aparatos inundaba el interior de la gruta, y por las paredes grandes focos de luz iluminaban los lugares más oscuros. En un lado de la gruta se hallaba un gran vestuario donde se encontraban multitudes de trajes especiales para sumergirse en un lago de ácido que la gruta tenía. Ese lago de ácido era un gran obstáculo para los investigadores, puesto que la única forma de poder llegar a la Amanplesna era atravesarlo.

Muy cerca de la gruta a unos pocos metros, detrás de unos matorrales se encontraba Lunara con Pedro.

Lunara: Ha llegado el momento de emprender nuestro camino.

Pedro: Vamos a por todas, mi señora.

Lunara: Vamos a planear nuestra estrategia antes de ir hacía la gruta.

Lunana comenzó a hablar a Pedro de aquellas estrategias que llevarían a cabo para cuando llegase el momento. Sacó de uno de sus bolsillos de la túnica, un pequeño paquete.

Pedro: ¿Qué es eso, mi señora?

Lunara abrió el paquete y enseñó de lo que se trataba.

Lunara: Tengo entendido que tendrán que atravesar ese pequeño lago subterráneo para llegar al lugar donde se encuentra la Amanplesna. Cuando llegue el momento este guante especial tocará sus trajes, y estarán en grave peligro.

Pedro: ¿Cómo? ¿Estos guantes?

Lunara le ofreció una lupa especial y en esos guantes podían verse unos pequeños pinchos puntiagudos.

Pedro: Es increíble a plena vista no se ven.

Lunara: Exactamente. Si te fijas muy bien, todos los cigarros esos que te fumas tienen unos pequeños agujeros justo a donde se encuentra el papel marrón. Si te fijas muy bien, allí hay unos puntos que es para que la addición al tabaco sea mayor.

Pedro: ¿Cómo supiste todo eso?

Lunara: Me lo dijo mi investigadora Merche, que por desgracia tuvo que morir en la explosión.

Pedro: Cierto. Murieron mucha gente. Y otra cosa, ¿cómo vamos a pasar desapercibidos?

Lunara: Yo puedo adquirir el cuerpo de cualquier persona. Y tu lo que tienes que hacer es esconderte cerca de la gruta.

Pedro: ¿Y de quien vas a adquirir esta vez el cuerpo?

Lunara: Ya lo verás, todo a su debido tiempo.

Ambos comenzaron a caminar hacía la gruta. Pero antes de llegar a la gruta, Pedro se cayó en un enorme agujero.

Pedro: ¡Joder! ¡Que daño me he hecho! Ayúdame mi señora.

Lunara: Eso no te lo crees ni tú.

Pedro: ¿Qué dices?

Lunara: ¡Cállate! Necesito tu cuerpo para poder seguir viviendo en un cuerpo mortal, y así terminar de una vez por todas con los planes.

Pedro: Eres una sucia mujer. Me has traicionado. Pensé que éramos compañeros. ¡Traicionera! ¡Me vengaré!

Lunara se convirtió en una sombra y bajó rápidamente por el agujero y rápidamente entró por la boca de Pedro. Pedro comenzó a dar tumbos por todo el agujero e intentó hacerse daño. Cogió su pistola rápidamente para dispararse a la nuca pero era demasiado tarde, su mano no le respondía y dejó caer el arma al suelo.

Pedro: ¡ARGGGGGHH!

Pedro: Ya me perteneces, Pedro.

Lunara ya se encontraba en el cuerpo de Pedro. Pedro dejó de existir.

Pedro: Hermanita, voy a por ti.

Carmelo se encontraba mirando las pantallas de un monitor de ordenador, donde podía ver como el lago tenía una gran profundidad y que al otro lado se encontraba la dichosa Amanplesna. Hilario que se encontraba al lado suya estaba viendo unos papeles.

Hilario: Entonces quien va a ser el que se meta en las profundidades.

Carmelo: Voy a ser yo. Tengo el traje preparado para sumergirme mañana por la mañana.

Hilario: ¿Por qué no me dejas que yo lo haga?

Carmelo: Ni hablar, es cosa mía. Además el conseguir esa planta es mi propósito.

Muy cerca de la gruta, dentro de una caravana se encontraba Juliana con su madre, Julia. Ambas hablando con Mateo.

Juliana: Espero que todo salga bien.

Mateo: Ya verás que sí. Además tu padre tiene todo más que listo.

Julia: Tu padre es muy fuerte. Ya verás que sí.

Julia cogió a su hija y la abrazó fuertemente.

Juliana: Te quiero mucho, mamá. Te he echado en falta todos estos años.

Julia: Y yo a ti, mi pequeña.

A la mañana siguiente todos estaban preparados para que Carmelo con el traje especial, se sumergiera en el lago ácido. No podía haber ningún error, porque al mínimo error o a una pequeña abertura que tuviera el traje, Carmelo podría tener grandes problemas para poder sobrevivir.

Alguien se estaba acercando a la gruta, se trataba de Pedro que era en realidad Lunara. Había llegado a los alrededores de la gruta y aprovechó a que todos se encontraran haciendo unos últimos retoques para que Carmelo se sumergiera y así de este modo nadie se percató de su llegada. Entró en los vestuarios de manera desaparcebida y encontró la taquilla donde se encontraba el traje de Carmelo y con el guante tocó una parte del traje.

Pedro: De esto no te libras. Es mejor que me marche.

Al salir de la gruta, Lunara pudo apreciar una figura en la entrada. No lo pudo ver con claridad debido al reflejo del atardecer.

Hilario: Hola. ¿No me conoces?

Pedro: ¿Quién eres?

Pasaron unos segundos y ambos se echaron para detrás en tono de ofensiva.

Pedro: Creo que me has reconocido.

Hilario: Soy aquel caballero que hace ya muchos años, mandaste a entrar a esta gruta. Esa señal que puedes ver a tu derecha es la que hice para no perderme. ¡Soy yo! He regresado para terminar con todo esto de una vez por todas.

Lunara comenzó a acercarse a él.

Pedro: Te estas metiendo en un gran problema como te interpongas en mi camino.

Hilario: ¿Quién de los dos? ¿Tú o yo?

De repente una persona apareció detrás de Lunara. Se trataba de Solara.

Solara: ¡Hola, Lunara! Nos rencontramos. Ha llegado el momento de zanjar todo esto.

Lunara se volvió hacía su hermana, y se quedó de piedra. Ella abandonó el cuerpo de Pedro, y este cayó al suelo inconsciente.

Lunara: Por fin nos rencontramos, Solara.

Solara: ¿Por qué todo este odio?

Lunara: ¿Ahora te lo preguntas después de tanto tiempo? ¿Ahora vienes a mí para acabar con todo esto? ¡Tú me abandonaste! ¡Tú me traicionaste! Te estuve esperando. ¡Te odio!

Lunara se acercó a su hermana y comenzó a golpearla el pecho sin parar.

Lunara: ¡Te estuve esperando! ¡Te estuve esperando mucho tiempo! ¡Nunca regresaste por mí!

Pedro se levantó del suelo. Tenía el cuerpo muy mal herido.

Pedro: ¿Qué has hecho? ¡Estás loca! ¡Voy a acabar con tus planes!

Pedro entró rápidamente a los vestuarios, y Lunara no lo pudo evitar porque Hilario le quitó el paso.

Hilario: De aquí no te mueves, Lunara.

Llegó el momento que todos estaban esperando. Todos estaban impactantes al ver como daría lugar el paso de Carmelo a través del ácido. Todos le observaban a través de los monitores.

Investigador: Carmelo, todo está en marcha. Te estaremos vigilando desde aquí. Si tienes algún problema solo tienes que dar un buen tirón a la manguera que te sujeta, ¿de acuerdo?

Dijo el investigador a través de un micrófono, y Carmelo lo escuchaba a través de unos auriculares que llevaba en el interior de una gran escafandra que tenía en la cabeza.

El valiente que estaba a punto de meterse en el ácido, levantó el dedo como señal de acuerdo. Juliana estaba muy nerviosa. Ella no paraba de sacudir la pierna contra la su madre que estaba a su lado, pero su madre la calmó con un buen apretón de manos.

Mateo se dirigía hacía los vestuarios para ir a recoger algunos paquetes que hacían falta en la investigación y de repente pudo escuchar a alguien dentro de una de las taquillas.

Mateo: ¿Qué ocurre aquí?

Mateo sin pensárselo se dirigió a la taquilla en el que escuchaba los golpes y encontró a alguien con una toalla envuelta por la cabeza y con una cinta adhesiva en la boca. No veía de quien podría tratarse.

Mateo: ¿Estás bien? ¿Quién eres? ¡Te ayudaré!

De repente algo pasaba en la gruta. Mateo antes de ayudar a aquella persona pudo ver como una señal roja no paraba de parpadear y comenzó a emitirse un pitido espantoso.
Mateo: ¿Qué está ocurriendo?

Dentro de la sala de operaciones, el investigador tenía graves problemas.

Investigador: ¡Mierda! No puede ser.

Juliana: ¿Qué ocurre?

Las caras de Julia y Juliana transmitían que algo grave estaba ocurriendo con Carmelo.

Investigador: Hay un grave problema con el traje de Carmelo. ¡Hay una zona dañada! ¡Se está abriendo cada vez más!

Juliana comenzó a zarandear al investigador.

Juliana: ¡Sácalo! ¡Sácalo inmediatamente! ¡Ayudarle!

Julia cogió a su hija para calmarla.

Investigador: ¡Mierda!

Todos contemplaban en la pantalla como Carmelo comenzaba a girar sobre sí mismo. Alzó sus manos hacía su cuello. Se encontraba muy mal.

Juliana: ¡PAPÁ! ¡PAPÁ!

Juliana perdió el conocimiento y se cayó al suelo. Todos le siguieron por detrás. Todos se cayeron al suelo. Juliana comenzó a flotar y desapareció entre multitudes de destellos azulados y violetas. Mateo que estaba ayudando a la persona que se encontraba en taquilla, observó que esa persona se había desmayado.

Mateo: ¡Oye! ¡Responda! Me encuentro mal, no puedo aguantarme.

Mateo también se desmayó y cayó al lado del hombre cautivo. Por otro lado, en la entrada de la gruta Lunara desapareció entre destellos violetas y Solara había desaparecido entre destellos azulados.

Hilario se acercó a la sala de investigación y sonrió.

Hilario: Todo estará bien. Volveremos con Juliana, cuando la batalla de las hermanas termine. Este cerró los ojos y entre destellos azulados y violetas desapareció.

Hilario, Lunara y Solara se encontraban en un gran monte verde en mitad de una enorme oscuridad. Solo aquel prado verde era el único lugar que tenía luz.
De repente en mitad de las dos hermanas se hallaba Juliana flotando con los ojos cerrados.

Hilario se acercó al centro, al lugar donde se encontraba Juliana y se arrodillo delante de ella.

Juliana abrió los ojos, y sus ojos eran de color rojo.

Juliana: Ha llegado el momento que estábamos esperando.

Hilario comenzó a llorar.

Hilario: Por favor, te lo ruego acabemos con todo esto de una vez por todas. No puedo ver a mi esposa tan triste.

Juliana: Tus deseos serán concedidos una vez que la batalla finalice.

Hilario observó como las hermanas, una a cada lado del monte, estaba flotando y ambas tenían los ojos cerrados. De la espalda de Lunara salieron unas grandes alas de color violeta, y de la espalda de Solara unas grandes alas de color azul.

Juliana: ¡Que comience la batalla!

Ambas hermanas abrieron sus ojos. Lunara tenía los ojos de color violeta, y Solara de color azul. Apareció en cada mano una larga espada dorada con el puño plateado.

Juliana: Cuando se den cuenta de lo que tienen en sus corazones, la batalla dará por finalizada.

Ambas hermanas alzaron su otra mano que no sujetaba nada y lanzaron de manera inconsciente un gran rayo. De la mano de Lunara salió un rayo de color violeta y de la mano de Solara salió un rayo de color azul. Ambos rayos pararon al cuerpo de Juliana. Las hermanas cayeron al suelo junto las espadas, y sus alas desaparecieron.

Juliana: Al fin. Regresan mis poderes.

El cuerpo de Juliana comenzó a transformarse lentamente en una horrible y gigantesca criatura. Las hermanas no se percataron porque estaban inconscientes en el suelo, pero Hilario tenía mucho miedo en su cuerpo. La voz del horrible monstruo comenzó a distorsionarse a través de un gran graznido. Juliana se había convertido en un enorme y horroroso pájaro en el que le salieron dos grandes alas con un tono rojizo.

Hilario comenzó a escuchar como alguien se acercaba corriendo.

Hilario: ¿Quién eres?

Una persona muy bajita que llevaba una túnica marrón se bajó su capucha, y enseñó su cabello dorado. Era un niño. El mismo niño que salvó a Mateo de la explosión del escondrijo de los Revlis. Al fin nos muestra su verdadera identidad.

Stéfano: ¡Sal del cuerpo de mi madre, Luisiana! ¡Traigo la Amanplesna!

¿Quién es ese pequeño? ¿Cómo ha conseguido la Amanplesna? ¿Quién es Luisiana? ¿Cómo terminará la batalla entre las dos hermanas? ¿Qué ocurrirá con Carmelo? ¿Se acabará la maldición de una vez por todas? Las últimas incógnitas en el último capítulo.

Continuará…

Vídeo: Os adjunto uno de los dos vídeos que me han ayudado inspirarme en los últimos capítulos de la Amanplesna. Para el próximo capítulo os añadiré el que falta. :)

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