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La Amanplesna. Capítulo 9: La caída de los Revlis.

¡Hola!

Nos acercamos poco a poco al desenlace de la historia, pero aún viene momentos de gran suspense y misterio. Veremos un capítulo en el que las sorpresas para los lectores de la Amanplesna se quedarán con la boca abierta con algunos de los acontecimientos del argumento y por otro lado se emocionarán. Por otro lado veremos momentos en el que tendréis el corazón en un puño, pero serán momentos que encadenen a otros momentos más emocionantes, ya vereís. No quiero seguir anunciando nada más es mejor que vosotros lo leaís y saqueís vuestras propias conclusiones.

Sin más dilación os dejo con el noveno capítulo de la Amanplesna. Que lo disfrutéis.

La Amanplesna. La Luz de la Esperanza. Temporada 2. Capítulo 9: La caída de los Revlis.
  •  Sinopsis: En este noveno capítulo veremos como termina la pelea que dejamos en el capítulo anterior entre Nuria y Pedro, ¿quién habrá recibido el disparo? Por otro lado veremos el encuentro deseado de muchos de los lectores de la historia y que es entre la familia de Juliana, ¿cómo será la reacción? En este capítulo viviremos unos momentos muy amargos y que desencadenaran otros momentos de más intesidad. No os perdaís un capítulo muy intenso en el que los explosivos tampoco faltarán en este capítulo. ¡Disfrutarlo!
  •  Descarga: Pincha aquí para descargar el noveno capítulo en formato pdf.
La Amanplesna. La Luz de la Esperanza. Temporada 2. Capítulo 9: La caída de los Revlis.

Juliana abrió los ojos y se encontraba en un lugar totalmente a oscuras. Podía ver a lo lejos un monte que le era bastante familiar, ella ya había estado anteriormente en ese lugar.
Comenzó a subir por ese monte y sentía entre los dedos de sus pies descalzos la hierba húmeda. Cuando llegó a la cima del monte pudo apreciar dos niñas, se trataban de Solara y Lunara cuando ellas eran pequeñas. Pudo observar como esas dos niñas corrían monte abajo agarradas de la mano. Una de ellas se cayó, mientras que la otra seguía corriendo monte abajo. Juliana se quiso acercar a la pequeña que se había caído en la hierba pero a esto que al tocar su hombro para saber como se encontraba la mano comenzó a convertirse en oscuridad, luego paso al brazo entero y más tarde a las extremidades de su cuerpo. Ella solamente podía ver su cuerpo de cintura para arriba. Estaba muy asustada. La niña que se había caído se levantó del sitio y le puso una sonrisa malévola.

Lunara: No te metas a donde no te llamen, estúpida.

De repente la niña salió corriendo monte abajo muy feliz y cantando una canción.

Cuando el sol y la luna se unan,
todo se envolverá en un cielo oscuro,
y no habrá marcha atrás para los demás.

Corred insensatos, si no queréis ser alcanzados,
corred insensatos, si no queréis ser chicharrados,
corred insensatos, si no queréis ser matados.

Cuando el sol y la luna se unan,
todo se envolverá en un cielo oscuro,
y no habrá marcha atrás para los demás.

Corred insensatos, si no queréis ser alcanzados,
corred insensatos, si no queréis ser chicharrados,
corred insensatos, si no queréis ser matados.


Al terminar la canción todo el cuerpo de Juliana se encontraba envuelto por una total oscuridad y desapareció de aquel lugar. Pero de un sobresalto se cayó del sillón donde se encontraba dormida, y la recogió Josefina la madre de Cristina.

Josefina: ¿Estás bien pequeña? Vi que te habías quedado dormida junto a Cristina y te puse en ese sillón.

Juliana: Menos mal.

Susurró para adentro.

Juliana: ¿Dónde se encuentra Mateo?

Josefina: Tu novio…

Juliana: ¿Mi novio?

La cortó Juliana, y ella se puso muy colorada.

Juliana: No somos novios, sólo somos muy buenos amigos. Nada más.

Josefina: ¿Sabes? Haces muy buena pareja con mi sobrino. Pues bien, él ha estado cuidando también de su prima pero se ha marchado abajo a desayunar con su padre, me comentó que vendría una vez que hubiese terminado de desayunar.

Juliana: Bien.

Juliana se levantó y se volvió a colocarse al lado de su amiga, pero entonces alguien llamó al teléfono móvil de Josefina y esta le pasó su móvil a Juliana.

Juliana: ¿Sí?

Carmelo: ¿Juliana?

Abajo en la cafetería del hospital se encontraba Mateo esperando a su padre para tomar el desayuno, pero de repente se le acerca un médico para hablarle.

Médico: Buenas tardes. ¿Eres el que se encontraba con la señorita Juliana, verdad?

Mateo: Si, exactamente. ¿Qué ocurre?

Médico: No se preocupe, nada. Creo que todo lo contrario. Juliana hoy mismo se puede marchar del hospital. Está totalmente recuperada.

Mateo: Muchas gracias por el aviso. Estoy muy contento.

Médico: A ti. Si me disculpas tengo que seguir con unas tareas. Que tengáis muy buenos días.

Mientras tanto Mateo siguió esperando a su padre, y muy impaciente le llamó a su móvil.

Mateo: ¿Papá?

Carlos: Si hijo, dime.

Mateo: ¿Dónde te has metido?

Carlos entró en los servicios de la primera planta del hospital.

Carlos: Ahora mismo estoy dentro de los servicios de la primera planta. Voy un momento al servicio y ahora mismo bajo, ¿de acuerdo? Ve pidiendo los cafés.

De repente Carlos escucha como alguien bloquea la puerta de los servicios.

Mateo: De acuerdo, ahora mismo los pido.

Carlos: ¿Qué está pasando?

Mateo: ¿Ocurre algo?

Carlos se acercó a la puerta pero la puerta no se podía abrir.
De repente por debajo de la puerta entró una sombra y que le era muy familiar a Carlos.

Carlos: ¡MIERDA!

Mateo: ¿Papá? ¡Voy para arriba!

Minutos más tarde, Mateo llegó a la puerta de los servicios pero esta no se podía abrir. Se dispuso a dar puñetazos a la puerta.

Mateo: ¿Estás bien? ¡Papá, responde!

Carlos se encontraba apoyado contra los retretes y de repente desde las sombras apareció la forma figurada de la vieja anciana debajo de su capucha.

Lunara: Veo que saliste triunfante en el paseo marítimo, ¿verdad? Ahora mismo me la vas a pagar todas juntas.

Carlos: Lunara, debes de parar todo esto. Tú en realidad no tienes un mal corazón.

Lunara: ¡QUE TE CALLES! Lo único que has hecho es fastidiarme y ponerte en mi camino como los otros que están afuera. Pero muy pronto me voy a vengar de todos vosotros y no dejaré a títeres sin cabeza. ¡Te lo aseguro!

Carlos: ¡Déjame salir de aquí, por favor! Tengo a mi hijo afuera.

Lunara: Me importa una mierda quien tengas afuera. Ahora mismo el destino va a escribir tus últimas páginas. Descansa en paz, insensato.

Lunara levantó su mano y con una gran velocidad la chocó contra la cara de Carlos y este comenzó a sentir un gran calor por todo su cuerpo. Comenzó a salir un gran humo alrededor de su cuerpo y este comenzó a gritar.

Mateo: ¡Papá! ¡MIERDA! ¡Papá!

Mateo comenzó a echar la puerta para abajo pero veía que le era imposible. Todo el esfuerzo que estaba haciendo era en vano.

A muy pocos kilómetros de allí se encontraba Carmelo hablando con su hija a través del teléfono móvil.

Carmelo: Juliana, sé que estás muy cerca de mí. ¿Sabes? Estoy viendo a una persona que ahora mismo está bajando unas escaleras.

Carmelo no podía seguir hablando, sus palabras le hacían un nudo en la garganta. Pascual cogió el móvil y siguió con la conversación.

Juliana: ¿Qué pasa?

Pascual: Juliana, hoy vas a ser la persona más feliz de tu vida. Tu madre…

Juliana: ¿Mi madre? No jugar conmigo. ¡Mi madre está muerta!

Carmelo volvió a coger el teléfono y siguió hablando.

Carmelo: No hija, tu madre sigue viva. Estaremos juntos. Te lo aseguro. Todos los secretos habrán acabado. ¡Te lo prometo!

Juliana no podía dar crédito a lo que estaba escuchando.

Julia bajó todas las escaleras y se puso al lado de dos hombres muy perplejos. No daban crédito a lo que estaba viendo en ese preciso momento.

Julia agarró el teléfono móvil de Carmelo y se dirigió a su hija.

Julia: Juliana, vamos a buscarte. Te queremos.

Esta escena termina una Juliana llorando de alegría y dejó caer el teléfono al escuchar la voz de su madre. Josefina se dirigió a Juliana, cogió el teléfono pero ya no había nadie más al otro lado. Había terminado la conversación.

Josefina: ¿Qué ocurre Juliana?

Juliana se dirigió a Josefina entre lágrimas y sollozos, no podía hablar pero al rato le dijo una frase que pensó que jamás lo diría.

Juliana: Voy a abrazar a mis padres.

A mucha distancia del lugar donde se encuentra nuestra amiga Juliana, se encuentra la casa de Nuria. La lucha de Pedro y Nuria ha llegado al fin una vez que se había escuchado el disparo. Ambos cayeron al suelo. Pero había uno de ellos que se estaba moviendo. Se trata de Pedro que con muy pocas fuerzas se levantó y se dirigió hacía el espejo y desapareció. Un gran charco de sangre corría alrededor de cuerpo de Nuria, la bala había penetrado muy cerca del corazón. Perdía mucha sangre.

Aún quedaba un poco de fuerzas en el cuerpo de Nuria y comenzó arrastrarse por todo el salón pasando por todos los fragmentos de cristales y destrozos. Siguió arrastrándose hasta llegar a su teléfono inalámbrico que se encontraba en una mesita baja, intentó coger el teléfono pero este se cayó. Segundos después comenzó a marcar un número de teléfono.

Mientras tanto Mateo seguía dando empujones y puñetazos a las puertas de los servicios. Los médicos muy preocupados se acercaron a ayudarle y no podían abrir la puerta. Mateo muy asustado pudo observar un gran brillo violeta por debajo de la puerta y de repente ese brillo desapareció.
De repente se escuchó un clic de la puerta, y Mateo corriendo fue a socorrer a su padre. Su padre había muerto quemado por Lunara. El cuerpo de Carlos se encontraba desnudo en mitad de los servicios y muy carbonizado. Mateo lanzó un grito de ira y se escuchó por toda la primera planta del hospital.
Juliana se encontraba bajando a toda velocidad las escaleras de la entrada del hospital y allí se encontraba un coche en el que bajaban sus dos padres y Pascual.

Podemos ver como en cámara lenta ella fue corriendo hacía sus padres y les dio el mayor abrazo que jamás hubiera imaginado que podría dar. Estaba enormemente feliz. Lloraba de felicidad. Los tres podían sentir el calor del uno y el otro. Pascual no quiso acercarse pero segundos más tarde Carmelo con una sonrisa cogió de su brazo y lo acercó.

Carmelo: Hija, te presento a tu abuelo. Pascual.

Juliana, no podía creer a lo que estaba escuchando. ¿Aquel señor que fue una vez a su casa era su verdadero abuelo?

Juliana con cara de asombro y muy sorprendida se desprendió de los brazos de sus padres y se acercó a Pascual.

Juliana: ¿Mi abuelo?

Pero muy feliz Juliana abrazó a su abuelo y él no pudo evitar derrochar una lágrima de felicidad.

Pascual: Al fin puedo abrazarte sin miedo, mi nieta querida. ¡Te extrañado muchísimo!

Todos estaban muy felices de que al fin volvían a ser una familia unida, pero acto seguido baja una Josefina muy apurada.

Josefina: Juliana, mi hermano Carlos.

Juliana: ¿Qué ocurre?

Josefina: ¡Ha muerto!

Josefina no pudo aguantarse más tiempo de pie y se desmayó al suelo, pero Pascual la cogió a tiempo. Todos se miraron muy sorprendidos y tristes. En ese preciso momento alguien comenzó a llamar al móvil de Carmelo.

Carmelo: ¿Diga?

Nuria: Carmelo…, se han apoderado de mi fragmento del amuleto.

Nuria comenzó a toser sangre. Ella se encontraba apoyada en el brazo de un sofá pero no podía mantenerse de pie por más tiempo.

Nuria: Lo siento hermano…

Nuria se cae en cámara lenta y el teléfono choca contra el suelo y se rompe en montones de pedazos.

Carmelo: ¿Cómo? ¿Nuria? ¿Estás ahí? ¿Nuria? ¡NURIA!

Dos semanas más tarde.

Nos encontramos en el funeral de Carlos y Nuria. El día era totalmente gris, muy nublado. Todos ellos iban con ropas oscuras, y Mateo llevaba unas gafas negras debido a lo que había llorado en días anteriores. Se encontraba toda la familia menos Josefina y Cristina que se encontraba aún en el hospital debido al estado de Cristina que se estaba recuperando.

Julia abrazaba fuertemente a su hija, Juliana se encontraba entre sus dos padres.

Carmelo: Ha sido por mi culpa.

Julia: Cariño, no ha sido por tu culpa. Ella ha sido una chica valiente. No te tormentes más, por favor.

Juliana: Cierto papá, no estés más triste.

Mateo: Me voy a vengar.

Pascual escuchó lo que Mateo había comentado y le dijo en voz baja que estaría con él en todo lo que le fuera posible.

Pascual: Estoy contigo en lo que haga falta.

Mateo: ¿Te acuerdas muy bien del escondite de los Revlis?

Pascual: Si, ¿por qué?

Mateo: Porque mañana voy hacía allí, y la voy a liar parda.

Al día siguiente Pascual llevó a Mateo a un lugar donde fabricaban utensilios para las explotaciones de las minas.

Pascual: ¿Para que me has traído aquí?

Mateo: Espérate en el coche y ahora te lo enseño.

Minutos más tarde, Mateo llevaba una mochila bien cargada con dinamita. Llevaba una bomba.

Pascual: ¡Estás loco! Devuelve eso Mateo, ¡te vas a meter en un lío!

Mateo: Ahí es donde yo me quiero meter. En el lío. ¡Pero seré yo el que comience a liarla!

Pasaron muchas horas de viaje en coche hasta llegar a un lugar totalmente desierto. Tenían delante de ellos un paisaje muy arenoso y de poca vegetación. La vegetación se encontraba a mucha distancia. Se encontraban cerca de la capital almeriense.

Pascual: ¡Vamos allá!

Mateo cogió la mochila y comenzó a seguir las huellas de Pascual. Llegaron a un montón de rocas y Pascual metió la mano entre ellas.

Pascual: Espero que aún sigan aquí.

Metió la mano y accedió a un teclado numérico escondido debajo de un tejido de cuero y tecleo la siguiente numeración: 2, 16, 28, 34 y 45.

De repente hubo un gran temblor y subió para arriba una especie de ascensor donde ellos se metieron y accederían a lo que sería la base secreta de los Revlis.

Pascual y Mateo tuvieron que esquivar mucho de los guardias escondiéndose en habitaciones que se encontraban por el camino, en salas de aseo y llegaron a una habitación que les llamó mucho la atención. En una mesa se encontraba los dos fragmentos que les faltaban y que les habían robado a ellos, ambos fragmentos estaban dentro de unas capsulas de cristal.

Pascual: No te adelantes. Si recuperas los dos fragmentos podrías llamar mucho la atención. Además tienen un campo de protección dentro de esas dos capsulas de cristal.

Mateo: Me importa una mierda.

Muy decidido Mateo, levantó una de sus piernas y dio una gran patada a las dos capsulas y se rompieron en montones de añicos. Cogió los dos fragmentos y comenzó a sonar una alarma por todo el recinto.

Pascual: ¡Has hecho una locura! ¡Debemos de salir de este lugar enseguida!

Mateo: Antes, voy a hacer una cosa. ¡Vamos a la base de control!

Al salir de la habitación Pedro les había visto irse del lugar y se iba a dirigir hacía ellos, pero Lunara le frenó.

Lunara: No te preocupes, sabemos donde se encuentran. Vamos a observarles.

Ambos llegaron minutos más tarde a la base control de los Revlis, después de esquivar a muchos guardias corriendo en busca de los intrusos. En la sala de control solamente había una persona vigilando el ordenador principal.

Mateo: Voy a meter la bomba debajo de la mesa del ordenador principal.

Pascual: Date prisa, yo estaré afuera. ¡No tardes!

Le comentó Pascual en voz baja a Mateo.

Mateo se acercó al único guardia que allí se encontraba. Agarró un palo de hierro que se encontraba apoyado en una de las mesas y se lo arrojó en toda la cabeza al guardia. Este cayó de manera fulminante. No perdió ningún segundo más y colocó la bomba debajo de la mesa de control.

Mateo: Bien. Esto destruirá toda la base de los Revlis. A tomar por culo.

En ese preciso momento entraba en la base de control Pedro con una pistola apuntando a la cabeza a Pascual y Lunara entró aplaudiendo a Mateo.

Lunara: Bravo. Un chico muy inteligente. Niñato traidor.

Mateo: Y tu vieja amargada.

Lunara: ¿Qué me has dicho?

Pedro: Creo que te ha dicho vieja amargada, señora.

Lunara: ¡Ya me he enterado, estúpido gordo! Desactiva esa bomba y devuélvenos esos dos fragmentos o sino tu amigo Pascual tendrá un final muy parecido al de tu papito.

Mateo se acercó a Lunara y le escupió en la cara.

Mateo: No tengo miedo a nada. ¡Bruja!

De manera sin esperarlo Mateo se agachó y le lanzó una zancadilla a Lunara que no pudo aguantar el equilibrio y se chocó contra Pedro y Pascual. Los tres se cayeron al suelo pero Pascual se levantó a toda velocidad.

Mateo: ¡Pascual vete! ¡Aprovecha! El tiempo se acaba.

Pascual: ¿Y tú? ¿Qué vas a hacer?

Mateo: ¡VETE!

Pascual no esperó más y se fue corriendo. Mateo lanzó una leve sonrisa a Lunara y Pedro que estaban intentando levantarse.

Mateo: Juliana…

10, 9, 8, 7, 6, 5

Pascual encontró la salida. Parecía que él era el único que sabía de la existencia de la bomba, los demás guardias aún les estaban buscando. Pascual logró alcanzar la salida y a una larga distancia se tiró al suelo envolviendo los brazos su cabeza para protegerse de la explosión que estaba a punto de ocurrir.

4, 3, 2, 1… ¡PLUGGGGGGGGGGGGG!

Todo saltaba por los aires. Miles de pedazos de la base secreta estaba volando a montones de metros hacía el cielo. Pascual lo contemplaba asombrado. No podía creer lo que Mateo acababa de hacer. Se levantó y comenzó a gritar de rabia.

Pascual: ¡MATEOOOOOO! ¡NOOOOOOO!

Todo termina donde en cámara lenta todos los pedazos de la base secreta se encuentran ya en el suelo y Pascual cae de rodillas abatido.

¿Qué ocurrirá a partir de ahora? ¿Se enterará Juliana de la mala noticia? ¿Qué ocurrirá con los dos fragmentos que había encontrado Mateo? Todo esto y mucho más en el próximo capítulo.

Continuará…

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