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La Amanplesna. Capítulo 8: Vidas arrepentidas.

¡Hola!

Nos vamos acercando al ecuador de esta temporada en el que poco a poco vamos cerrando las tramas de esta historia que hace dos años comenzó y que pronto dará su conclusión final. Pero ahora en este nuevo capítulo, el octavo, vamos a disfrutar de una verdad oculta que tenía Pascual, el abuelo de Juliana en el que se lo contará a su yerno, el padre de Juliana, ¿cómo reaccionará al enterarse de la verdad del mal estar de Juliana? ¿Será necesario conseguir la Amanplesna para poder curar a su hija? Sobre todo veremos una identidad del padre de Juliana que desconocéis totalmente de él, en la conversación que entabla con Carmelo, lo averiguaréis. Además veremos una gran pelea entre dos personajes muy importantes de la historia, y también veremos como se encuentra Cristina de ese disparo.
Dos hospitales diferentes, muchas tramas que se irán cerrando y una decisión. Y por otro lado veremos el arrepentimiento de dos personas. Todo y mucho más en este nuevo capítulo.

Debo de deciros que muy pronto os traeré un post especial de la Amanplesna donde podréis ver sus personajes en carne y hueso, es decir, personajes de la televisión en los que me he basado para darles vida a los personajes de mi historia, ¿en quienes me habré basado para darles vida? Encajeréis las piezas de la lectura con los rostros que ponga.

La Amanplesna. La Luz de la Esperanza. Temporada 2. Capítulo 8: Vidas arrepentidas.
  •  Sinopsis: En este octavo capítulo veremos como poco a poco se va cerrando las tramas. Veremos también una gran pelea que se produce entre dos personajes de gran importancia en la historia, en que acabará de una manera espectacular y por otro lado dos vidas que se arrepiente de todo lo que haya ocurrido tiempo atrás. ¿Cómo se encontrará Cristina después del disparo? ¿Qué tan importante información tiene que contarle Pascual a su yerno Carmelo? Todo y mucho más en este nuevo capítulo en la que la emoción y el valor, está garantizado. ¡Disfrutarlo!
  • Descarga: Pincha aquí para descargar el octavo capítulo en formato pdf.
La Amanplesna. La Luz de la Esperanza. Temporada 2. Capítulo 8: Vidas arrepentidas.

Juliana iba caminando por un hermoso prado, ella iba descalza, pisando la hierba húmeda y fría.

A lo lejos pudo observar un hermoso prado y a lo lejos un pequeño monte verdoso, con pasos ligeros se dirigió hacia allí. La brisa del aire meneaba su largo cabello rizado de color rubio, sus puños estaban abiertas como las margaritas de aquel hermoso prado.

Al llegar a la cima del monte, pudo contemplar una única flor, era una lis, de color rojo con puntitos blancos, como las lágrimas que se movían por el precioso rostro de Juliana. Juliana con decisión la cogió y esta se desvaneció convirtiéndose en polvo, polvo que se entrelazó con el viento, donde por arte de magia se convirtió en la figura de su querida madre.

La figura de su madre estaba muy triste, alzó su delicada mano y le hizo una caricia a su hija, una caricia de cariño, una caricia de amor, una caricia de despedida…

Ella quería sujetar la mano de su madre, pero ella movía su cabeza diciendo que no podía.

El viento se llevaba a su madre, sus recuerdos, su único apoyo, el viento se llevaba a su madre.

Cerró los ojos y dos grandes lágrimas caían sin pausa por su hermosa cara.

Al abrirlos ya no se encontraba en ese maravilloso prado, se encontraba en una habitación de un hospital, donde había una única persona que la sujetaba con todas sus fuerzas, ella sentía su tacto y su calor.
Él era pelirrojo y de ojos verdes como las esmeraldas. Se trataba de Mateo.

Juliana: ¿Qué me ha pasado? ¿Dónde estoy?

Juliana intentó levantarse de la camilla.

Mateo: Tranquila, no debes de hacer esfuerzos. Ahora mismo te encuentras en la residencia Puerto del Mar, en Cádiz.

Un médico golpea dos veces la puerta de la habitación para poder entrar.

Mateo: Pase, doctor.

Médico: ¿Cómo se encuentra?

Juliana: Mejor, gracias.

Médico: Encontré dentro de tu cuerpo dos piezas de piedra, ¿cómo se te ha ocurrido la absurda idea de tragarte estas dos piezas?

Juliana: Es una larga historia, y la verdad es que me gustaría olvidarla.

El médico se acercó a Mateo, y le ofreció las dos piezas al muchacho.

Médico: Toma, pueden quedárselas si lo queréis.

Juliana: Si por supuesto, gracias.

De repente, una enfermera interrumpió la conversación.

Enfermera: Doctor, ¿puede salir un momento?

Médico: Si, claro. Ya voy.

Juliana pudo contemplar con enorme alegría de que todo poco a poco volvía a la normalidad, ahora lo único que quería era marcharse de allí.

Mateo: Ahora vengo, voy a por un par de tazas de chocolate. No te muevas, ¿de acuerdo?

Juliana: ¿Me puedes dar las dos piezas, Mateo?

Mateo: Si claro, toma.

Juliana las metió en su bolso que la tenía en la mesita de noche de al lado de su cama.

Una vez que Mateo se marchó de la habitación, esta se dispuso a moverse de la camilla y se dirigió hacia el cuarto de baño con mucho dolor en su cuerpo, y de esta manera desobedeciendo las órdenes de Mateo. Del bolso sacó un tarro de tinte de color, para cambiarse el pelo.

Juliana: Debo de marcharme, no quiero preocupar a más gente. Debo de hacerlo sola.

Mientras tanto en el hospital de Puerto Real, se encontraba Pascual que estaba a punto de entablar una pequeña conversación con su yerno Carmelo.

Pascual: Hace mucho tiempo que no hablamos, ¿verdad Carmelo?

Carmelo: Cierto, desde ese pequeño incidente en el hospital.

Pascual: Carmelo, tengo mis explicaciones por haberte echado de tal manera de ese lugar.

Carmelo: ¿Cómo dices?

Pascual: Te voy a decir la verdad por fin, ya que no estoy sujeto a nadie que me obliga a no decirte nada.

Carmelo: No te entiendo.

Pascual: Todo es debido aquella enfermera que se encontraba allí en ese momento. Ella precisamente es la estúpida anciana que vimos en el paseo marítimo.

Carmelo tenía la cara asombrada, no daba crédito a lo que estaba escuchando en ese mismo momento.

Carmelo: Cómo…

Pascual: Como te lo estoy diciendo. Ella me obligó a que no interfirieras en sus planes y lo que hizo la anciana es inyectar una especie de veneno al cuerpo de Juliana.

Carmelo: No me digas más…, el de no poder oler por ejemplo y su cuerpo tan inestable.

Pascual: Exactamente. Esa inyección, se la inyectó una vez que tu hija vino al mundo…, en la misma incubadora. Me dijo que si mencionaba algo mataría a Juliana y a Julia, a ellas dos. ¡No lo pude remediar! ¡Yo solo quería el bien de las dos! Pero esa malvada bruja no me dejó más opciones, y todo por conseguir la dichosa planta. Que en realidad, ¡es todo mentira! ¡Esa planta no curará a Juliana!

Carmelo: ¿QUÉ?

Pascual: El único remedio para curarla lo tiene la bruja, y el remedio…

Carmelo se puso muy feliz al escuchar la palabra “remedio”. ¡Había un remedio para la curación total de su hija!
Carmelo: ¿Hay un remedio?

Pascual: Si lo hay, es una especie de aparato que está dividida en dos partes. Una parte es el aparato en sí que se encuentra en su guarida y la otra parte se encuentra justamente oculta al lado de la Amanplesna. Ambas partes forman como si fuera una aguja grande de inyección. Por lo visto escondieron el antídoto al lado de la Amanplesna, puesto a que si tú te echaba para detrás, seguro este segundo plan te convencería e irías para adelante con ello. Por lo visto sólo una descendencia de Julia de Lis podrá abrir la gruta, es decir Juliana o tú. No sé si lo sabrás, pero eres un descendiente directo de los Lis, por eso te ha elegido a ti.

Carmelo: Lo sé. Yo también tengo esas nociones del tiempo en los sueños como mi hija. ¡Debo de ayudarla! ¡Debo de conseguirlo! ¡Ese remedio al fin curará a mi hija!

Pues sí amigos, el padre de Juliana. Es un claro descendiente de los Lis.

Pascual: Ese remedio lo hizo el grupo de investigación de los “Revlis”, los secuaces de la vieja anciana, pues sabía que si tú seguía el camino te podía atentar y conseguir la dichosa planta para ella.

Carmelo: Debemos de conseguir ese amuleto, cuesto lo que cueste. Pero antes debemos de ir a su laboratorio y robar esa primera parte del aparato.
¿Por qué me estás contando todo esto? ¿Por qué a mi hija?

Pascual: Creo que actúa sobre tu hija por venganza.

Carmelo: Ya veo. Además por eso querían que fuera a buscar la dichosa plantita, me mintieron. Me dijeron que con eso podría hallar la respuesta a la salvación de mi hija Juliana.

Pascual: En cierta parte sí, esa dichosa planta como ya bien sabes te llevará al antídoto, debes de aprovechar la oportunidad. ¡No la dejes escapar!

Carmelo: ¡Haré todo lo que esté en mis manos, para que todo salga bien!

Pascual: Ten mucho cuidado.

Pascual, puso las manos en los hombros de Carmelo.

Carmelo: Lo tendré. Pero si mi hija no fuera inyectada con esa inyección desde pequeña nada de esto hubiera sucedido.

Pascual: Debemos de dar una lección a esa vieja anciana.

Carmelo: No te preocupes, tiempo al tiempo.

Mientras tanto en el hospital Puerta del Mar en Cádiz, Juliana abrió el bote de tinte. Pero la sorprendió Mateo.

Mateo: ¿Qué haces Juliana?

Juliana: ¡DÉJAME! Quiero hacer todo esto sola, ya han sufrido mucha gente.

Pero de repente su cuerpo se iba cayendo hacía el suelo, pero Mateo la cogió en el momento. Cada vez los desmayos iban en aumento, y Mateo estaba muy preocupado por ella.

Mateo: No te irás a ningún lado, estoy contigo para lo bueno y para lo malo.

Juliana entre abrió los ojos para hablar con Mateo.

Juliana: Siempre tan servicial como desde pequeñito.

Mateo: Siempre estaré a tu lado, haremos esto juntos.

Juliana le abrazó por el cuello y pudo sentir su calor.

Juliana: Te he echado mucho de menos, menos mal que vuelvo a estar a tu lado.

Unos médicos que pasaban muy cerca de la habitación de Juliana estaban murmurando sobre el mal estar de Cristina, la amiga de Juliana.

Juliana: ¿Qué dicen?

De repente Juliana se puso de pie y salió de su habitación, con paso ligero al encuentro de los médicos.

Médico: ¿Qué haces? No puedes estar de pie, Juliana.

Mateo: Juliana, vuelve a la habitación por favor.

Juliana: Un momento por favor, Mateo. Doctor, dígame como se encuentra Cristina.

Médico: Es muy difícil de describirte, pero tu amiga no se encuentra muy bien de salud. Puede ser que se encuentre en sus últimas horas de vida.

El rostro de Juliana cambió totalmente a tener una tranquilidad y una paz, a estar totalmente triste y frustrada.

En el momento de que Juliana se enteró de la mala noticia, Juliana fue corriendo gritando el nombre de su amiga y se dirigió a la habitación donde ella se encontraba. A las afueras de la habitación se encontraba sentada en una silla una madre de Cristina muy preocupada y triste.

Juliana: Josefina.

Josefina: Juliana.

Josefina es la madre de Cristina, tenía el mismo aspecto rellenita y con pecas en la cara como las de su hija Cristina. Llevaba el pelo de color castaño y grandes gafas. En su cuerpo llevaba un jersey marrón y una falda haciendo juego.

Mientras tanto Nuria llegaba muy cansada por todo lo sucedido a su casa. Detrás de ella iba en su coche Mengu con Satsuka.

Nuria: Bueno chicos, aquí nos separamos. Espero que podáis descansar bien. Ya os avisaré con lo que sea de Juliana mañana desde mi trabajo.

Nuria se tuvo que regresar urgentemente a su hogar, debido una reunión de tal importancia en su empresa. Ella trabajaba en una empresa de transportes de paquetes.

Mengu: Gracias por indicarnos el camino, yo soy muy torpe y necesito un buen GPS, a ver si cierta persona me lo compra.

Satsuka: ¿No lo dirás por mí, verdad? Espero que Juliana se esté recuperando. Lástima que no me pude quedar más tiempo pero mi padre no sabe nada de este viaje y no quiero que me echen una bronca como esté más días fuera de casa.

Nuria: No te preocupes, ya verás que no te echa la bronca del año, jejeje.

Los tres se despidieron y Nuria entró en su casa.

Nuria: Hogar, dulce hogar. Estoy muy cansada, cuando reponga fuerzas y solucione lo de la reunión de la empresa regresaré al sur a visitar a mi sobrina. Voy al cuarto de baño a ducharme. La he dejado en buenas manos.

Nuria entró en el cuarto de baño cogió su toalla, y empezó a quitarse la ropa y del cuello se quitó su amuleto y lo enseñó al espejo. Pero lo que no sabía es que al otro lado del espejo se encontraba la anciana, Lunara.

Donde se encontraba Lunara era un horrible lugar lleno de telas de arañas y en una de ellas se encontraba Noemí, esta vez presentaba un cuerpo muy pálida.

Noemí: Déjame…, salir de aquí.

Lunara: De momento no, Pedro quiero que vayas a la casa de esa tipeja y me traigas ese trozo del amuleto. Con algo podremos empezar. Si lo conseguimos tendremos dos trozos del dichoso amuleto.

Pedro que se encontraba a su lado, obedeció con la cabeza. Salió por un gran espejo que tenía en el salón nuestra amiga Nuria.

Pedro: Esta es mi nueva oportunidad para poder ofrecer a mi señora lo mejor de mí.

Pedro se acercó a la ducha y pudo escuchar como el agua caía sin parar, Nuria se estaba duchando. Con mucho cuidado abrió la puerta del cuarto de baño y pudo contemplar como el amuleto se encontraba enganchado en el toallero, pero estaba amarrado con un nudo un poco difícil de desatar, pero él entró con cuidado y no pudo evitar la hermosura del cuerpo de Nuria a través del cristal turbio que cubría la ducha.

Pedro se acercó al amuleto y en voz baja susurró.

Pedro: Estoy cerca de poder tenerla, y al fin tendremos dos amuletos.

Nuria se volvió hacia atrás al escuchar a alguien. Con cuidado dejó la ducha en su lugar y poco a poco abría mampara de la ducha.

Nuria: ¿Hola? ¿Hay alguien ahí?

Nuria alzó su mano, cogió una toalla y se la envolvió por todo el cuerpo. Observó como Pedro estaba intentando desatar el nudo del colgante donde se encontraba el amuleto.

Nuria: ¡SUELTA ESO!

Pedro: ¡MIERDA!

Pedro le dio un tirón al colgante y se lo arrebató, pero Nuria se tiró encima de él y se agarró a sus pies. Pedro le dio una patada en toda la cara y salió del cuarto de baño.

Corriendo sin parar y sin respirar Nuria siguió hacía el salón donde allí se paró Pedro.

Nuria: ¡Devuélveme eso! No te pertenece.

Pedro: Ni a ti.

Pedro poco a poco entró en el espejo, pero Nuria se agarró fuertemente a la cintura de Pedro.
Nuria con todas sus fuerzas le agarró por detrás y arrojó a Pedro contra una estantería de libros que tenía Nuria en su salón, y esa estantería se cayó encima de él.
Segundos más tarde Pedro muy enfurecido salió de debajo de la estantería y cogió por el cuello a Nuria. Él tenía la cara ensangrentada. Apretaba fuertemente el cuello de Nuria pero ella supo reaccionar a tiempo y le dio un gran puñetazo en sus genitales y la soltó.
Nuria aprovechó rápidamente para levantar su pierna derecha y le empujó en esta ocasión con otra estantería pero en este caso con uno de muñecas de porcelana. Nuria se cayó al suelo muy cansada, y pudo observar como este no se levantaba del suelo y ella se acercó a recoger su trozo del amuleto que se encontraba en el puño de la mano derecha de Pedro bien sujeta. Cuando al fin lo cogió, ella suspiró pero de repente Pedro la agarró por el tobillo.

Pedro: ¡Sucia mujer!

Nuria: ¡Ahora mismo estoy más limpia que tú, hipopótamo!

Pedro muy enfadado tiró por los suelos a Nuria y al tirarla al suelo se le cayó la toalla, estaba desnuda.

Pedro: ¡Es tu fin!

Pedro se metió una mano en el bolsillo y sacó la misma pistola que tenía en el paseo marítimo.

Vemos como todo el salón se encuentra patas arriba y una Nuria muy abatida en el suelo y Pedro de pie apuntando en una frente con su pistola.

Sin pensárselo Nuria se levantó del suelo y tuvo una nueva prioridad en esta ocasión que era arrebatarle la pistola. Entonces ambos entraron en una lucha sin fin por la pistola.

¡PLUF!

La pistola se había disparado. Pero aún no se sabe a quién ha ido dirigido la bala, solamente puedo deciros que ambos se encontraban frente a frente muy furiosos. Esta escena termina ellos dos cayéndose de rodillas uno frente al otro.

Mientras tanto en Puerto Real en las afueras del hospital, vemos como yerno y suegro hacen las paces después de haber entablado la conversación. Pero algo milagroso estaba a punto de suceder por sus ojos. No podían creer lo que veían. Todos los presentes que se encontraban en las afueras del hospital dirigieron sus miradas a Julia que bajaba lentamente las escaleras del hospital con un largo camisón de color blanco y con pies descalzos.

Por otro lado, en el hospital Puerta del Mar en Cádiz, Josefina dejó que entrase a Juliana a la habitación para que pudiese hablar con su amiga.
Juliana, se acercó a una cristina inconsciente pero que lentamente abrió sus ojos al oírla.

Juliana: ¿Cristina?

Cristina: ¿Juliana, estás ahí?

Juliana sin pensárselo cogió la mano de su mejor amiga y le acarició suavemente. En las afueras de la habitación se encontraba Mateo con Josefina, y él se dispuso a animar a una madre muy triste.

Cristina: Juliana, perdóname por todo el daño que te haya podido ocasionar.

Juliana: No me tienes que pedir disculpas.

Cristina: Lo siento, no sabía que esto iba a dar tantas vueltas. Si lo hubiera sabido no te hubiera engañado.

De repente un dolor entró al cuerpo de Cristina.

Juliana: ¡Cristina!

Josefina y Mateo, entraron corriendo a la habitación.

Cristina: La bala que penetró en mi cuerpo me ha hecho mucho daño, además me han dicho que he perdido mucha sangre.

Así es. Cristina tenía a su lado un gotero de sangre que le ayudaba a mantenerse consciente.

Juliana: Debes de ser fuerte, yo estoy contigo. ¡Siempre!

Cristina: Siempre tan buena y tan atenta.

Cristina volvió a sentir el dolor correr por su cuerpo.

Cristina: No pue…do más. Este dolor puede conmigo.

Juliana puso la mano en su boca para que no hablara más.

Juliana: Por favor, no hable más. Lo que tienes que hacer es ser fuerte. Te repondrás.

Cristina: Gracias por ser tan compa…siva, con…migo.

Cristina se desmayó nuevamente, e inclinó su cabeza a la derecha. Estaba muy cansada por la operación.

Juliana: ¡CRISTINA!

Juliana cogió el brazo derecho de su amiga y empezó a zarandearla.

Mateo: No te preocupes, sólo se ha desmayado.

En ese mismo momento la máquina que llevaba Cristina, empezó a emitir un pitido muy agudo.

Josefina: ¿Qué ocurre?

Juliana: ¿Qué pasa?

Mateo: Voy a avisar corriendo a los médicos, ahora vengo.

Josefina muy asustada cogió la mano de su hija, y Juliana cogió la otra mano de su amiga.

Juliana: ¡Aguanta! ¡Cristina! ¡Aguanta, por favor!

¿Qué le ocurrirá Cristina? ¿Cómo terminará la pelea entre Nuria y Pedro? ¿Cuáles serán las primeras palabras que les dirá Julia a su marido y a su padre?
Todo y muchos más en el próximo capítulo.

Continuará…

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