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Detrás de las sombras.

¡Hola!

Hace unos días tuve en mente a una persona que me llenó mucho desde cuando era pequeño y a esa persona le estaré sumamente agradecido por todo el cariño que me ofreció durante mucho tiempo. Por ello a esa persona que averiguareís al final de este relato de quien se trata, va dedicado este relato. Espero que os guste mucho este relato que está hecho con todo mi amor y respeto desde lo más profundo de mi corazón. Siempre me acordaré mucho de ella.

Sin más dilación os dejo con este relato. Pincha aquí si te lo quieres descargar en formato "pdf", pero también teneís la posibilidad de leerlo desde el blog.

Un abrazo.

Detrás de las sombras.

Montones de estrellas brillaban en esa fría noche invernal. Esas estrellas relucían sin cesar sobre los cristales de los grandes edificios de la gran ciudad. Por las calles caminaban muchísimas personas, muchas de ellas tenían cargadas bolsas para las próximas navidades: juguetes, polvorones, alimentos, adornos, y sobre todo ilusión.

Si andamos por esas calles de esta gran ciudad nos podremos encontrar a una pequeña anciana vagabunda. Ella era muy dulce, cada vez que se acercaba al parque les daba a los más pequeños granos de maíz para dar de comer a las palomas. Iba vestida con un pequeño jersey de lana marrón, una pequeña falda negra y en la cabecita llevaba un pañuelo de lunares marrones y blancos. Ella no tenía hogar, su hogar era la calle. Cuando los establecimientos cerraban ella se acercaba para recoger trozos de cartón para poder dormir y más en estas frías y heladas noches de invierno, hacía un frío impresionante.

Pues bien, a continuación su vida va a cambiar gracias a la bondad, al amor y sobre todo a la esperanza.

Un día en su mismo rincón de siempre ella se encontraba pidiendo alguna limosna para echar el día. Las personas que pasaban a su lado les dejaba en una pequeña bandejita de color plata algunas monedas, pero a esto que un ladronzuelo pasaba a su lado y se lo arrebató.

-¡Me lo llevo anciana arrugada!– Dijo el ladrón sin corazón que corrió a toda prisa a una calle abajo. De repente se encontró en un callejón sin salida y allí se encontró con un señor con una gabardina que le tapaba el cuello y una boina negra en la cabeza. Pero en las sombras no se podía apreciar su rostro.
-Devuelve eso, no te pertenece-.  Le dijo el misterioso señor al ladronzuelo. – Eso no te lo crees ni tú. Con gran desafío le contestó al misterioso señor. En ese mismo momento intentando salir de aquel lugar y muy asustado el ladrón se marchó y reboleó allí las monedas en los pies de aquel señor.

Más tarde el señor misterioso cogió un sobre marrón del interior de su gabardina y metió las monedas. Minutos más tarde se acercó a la anciana vagabunda y le entregó ese misterioso sobre marrón. Cuando la mujer cogió el sobre y se dio la vuelta para agradecérselo, ya el señor no se encontraba en ninguna parte, ¿quién sería?

La anciana recogió sus cositas y se sentó en un banco del parque. Allí abrió ese extraño sobre que le había entregado aquel misterioso señor.
-Las monedas es lo de menos-.  Susurró la anciana para sí misma. De repente encontró una carta de color blanco y la abrió. Sorpresa para ella al ver que dentro de esa carta había un décimo de lotería para navidad. Detrás de ese sobre blanco, pudo ver una dirección. –Debo ir y agradecerle por todo que ha hecho por mí-. Se levantó de su banco y emprendió nuevamente su camino.

Pronto se iría el sol y se acercó a uno de los establecimientos para recoger cartón, pero algo le llamó la atención en una casa que se encontraba en una planta baja. Pudo ver a una familia cenando en su salón y viendo todos en familia la televisión. La pobre anciana no pudo aguantar y una lágrima corrió por su mejilla derecha. Esa familia no tenía mucho dinero, era una familia humilde de clase obrera. Se escuchó de fondo un ladrido de un perro y la anciana se asustó. La niña de esa familia se acercó a la ventana y pudo ver la cara triste de la anciana.

-Mamá, allí afuera hay una anciana llorando-. Dijo la niña con una voz muy triste. La mujer se acercó a la ventana y minutos más tarde salió de su casa para acogerla y que tomasen algo con ellos. –No quiero ser molestias para vosotros-. Le dijo la anciana a la mujer. –No es ninguna molestia señora, y puedes llamarme Catalina-. El padre de la familia se acercó a ella y le ofreció una pequeña mantita y se lo echó a los hombros a la pobre anciana. Sus cachetes se pusieron sonrojados, después de tanto tiempo entraba en calor. –¿Se te apetece dormir hoy con nosotros?- Preguntó el padre de la familia a la pequeña anciana. La anciana no quiso ser molestia para la familia pero después de tanto insistirla se dejó convencer y allí le ofreció alojamiento.

A la mañana siguiente y muy de temprano, la anciana con lo poco que sabía cogió un poco de papel y un lápiz para agradecerle por todo lo que habían hecho por ella y al lado de la nota de agradecimiento le dejó el décimo de lotería de navidad que había encontrado en ese extraño sobre. Ella no necesitaba ese boleto.

Esa misma mañana era el 22 de Diciembre y era el día de la lotería de navidad. Cuando toda la familia se levantaron se pusieron muy triste al ver que la anciana no se encontraba en casa. Más tarde y para sorpresa de nuestra familia, ¡le habían tocado el gordo! Que felices estaban. Tenía el número, 35294. El padre de la familia fue corriendo a un supermercado y compró el champán más caro que hubiera en ese supermercado.

Nuestra pequeña anciana se disponía a buscar el lugar donde se encontraba aquel tan amable señor. Andando con sus viejas zapatillas de color negras pudo ver como en una de sus zapatillas cayó un copo de nieve. –Qué bonito. Me gusta que caiga nieve-. Sonrió nuestra adorable amiga por el camino.

Más tarde llegó a la dirección que le indicaba el pequeño sobre blanco. Llegó a un cementerio. Con sus pocas fuerzas abrió las puertas de hierro del cementerio y pudo ver muchísimas lápidas empapadas por la nieve que estaba cayendo en ese mismo momento. La anciana caminando por el cementerio pudo ver como una de sus zapatillas se rompía y siguió caminando. Azotaba un horrible viento frío y con nieve. Y allí encontró al señor de la gabardina. Se encontraba en una fotografía estampada en una de las lápidas. Muy triste se inclinó de rodillas y besó la fotografía. Nunca os haréis una idea de lo que lloró esa pobre anciana en ese momento. Detrás de ella se encontraba el espíritu de aquel misterioso señor, que era su novio de cuando ella era joven, por eso esas lágrimas. Ella no se percató de su presencia y minutos más tarde desapareció muy feliz de verla de nuevo.

Cuando se dispuso a levantarse, una gran ráfaga de viento se llevó su pañuelo volando y una niña que le era muy familiar la cogió al vuelo. Detrás de las sombras pudo ver a toda la familia al completo e incluido al perro. Era la misma familia que le había acogido la noche anterior.
La niña se acercó a la pobre anciana y le entregó su pañuelo. –Te estábamos buscando, abuelita-. Dijo la niña muy contenta al encontrarla y la anciana muy alegre y con todas sus fuerzas la abrazó. Más tarde se acercó toda la familia y montones de abrazos la rodearon.
El cariño flotaba por el aire, y ese frío aire se convertía en aire caliente. –A partir de ahora. Vivirás con nosotros-. Le dijo el padre a la anciana en voz alta.

Al fin nuestra querida anciana pudo llorar de alegría.

Todo termina cuando toda la familia abrazada a la pequeña anciana salen del cementerio, lleno de bondad, amor y sobre todo esperanza.

Todos los años sobre en estas mismas fechas la anciana se acerca con su nueva y pequeña amiga a acercarle unas flores. Junto a las flores siempre habrá una nota que pone:

“Todo el cariño del mundo, siempre residirá en el cariño y en la bondad de las buenas personas como tú. Gracias”.

Fin.

Nota del autor: Dedicado a mi abuela que en el lugar en el que esté siempre tendrá mi cariño y mi amor. Gracias por todo abuelita.


Vídeo: Canción que me ha inspirado para el desarrollo del relato.

Comentarios

  1. Joder Curro que bonito T_T me ha encantado el relato en serio ^^

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  2. ¡Eyyy! ¡Que pasha amiguete!

    ¿A sí? :O ¿Te gustó? Me orgulleces un montón. También me alegro un montón grande. Te lo agradezco de corazón, Juan Jesús.

    Ahora en breves pasaré por tu blog, jejeje.

    ¡Un abrashoteee muuu grandeee!!

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