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La Amanplesna. Capítulo 7: El secreto de las hermanas de sangre. ¡Estreno de la 2º Temporada!

¡Hola!

Ha llegado el momento de lanzar esta nueva y última temporada de la Amanplesna. Con esta temporada toca su fin esta historia que ha estado en este blog durando más de dos años y que completará mi ciclo de historias en internet. Deseo de todo corazón que esta historia os guste y que cuando la termineís de leer en su desenlace os recordeís de esta historia con mucho cariño.

Sin más dilación, os añado el primer capítulo de este desenlace. ¡Que lo disfruteís!

La Amanplesna. La Luz de la Esperanza. Temporada 2. Capítulo 7: El secreto de las hermanas de sangre.
  • Sinopsis: En este primer capítulo de la temporada vais a descubrir la verdad que oculta la misteriosa planta y además conocereís los verdaderos propósitos de la vieja anciana. Para ello retrocedereís en el tiempo y vereís como se van atando esos nudos que se quedaron abiertos al principio de la primera temporada. Todo el misterio que la envuelve sale al descubierto y muchas más anécdotas al completo que os podréis encontrar en este capítulo y con esto entender a la perfección el argumento de la historia. ¡Disfrutarlo!
  • Descarga: Pincha aquí para descargar el séptimo capítulo en formato pdf.
La Amanplesna. La Luz de la Esperanza. Temporada 2. Capítulo 7: El secreto de las hermanas de sangre.

1373.

Un hombre con ropa de campesino se encontraba paseando con su pequeño carruaje viejo a su mujer y a sus dos pequeñas hijas. Ambas niñas pequeñas tenían meses de nacimiento, eran mellizas.

Sara: Cariño debemos de para a descansar. Debes de estar cansado de llevar las cuerdas de los caballos.

Leonardo: Tienes razón. Además pronto se pondrá el sol.

Leonardo dejó las amarras de los caballos a un lado, y con cuidado bajó a su mujer que aún tenía pequeños dolores por el parto de hace unos meses.

Leonardo: ¿Cómo se encuentra las pequeñas?

Sara: Deben de estar fatigadas ambas por el viaje, ha sido muy largo el viaje. ¿Aún falta mucho?

Leonardo: Pronto llegaremos a nuestro nuevo hogar.

Sara: Me alegro mucho que tu padre te haya dado de herencia su pequeña cabaña. Ha sido muy bueno contigo.

Leonardo: Si. Pero no nos pongamos tristes. Debemos de buscar leña y hacer algo para comer esta noche.

Sara: De acuerdo. Yo iré haciendo la cena con los poquitos alimentos que tenemos.

Sara y Leonardo, eran dos personas de familia humilde que no tenían mucho dinero con que comprar. Y lo poco que tenían de sus vidas anteriores fueron adquiridos a través de trueques y algunos ofrecimientos por parte de buenos campesinos que como ellos les han ofrecido algo para pasar los días en este viaje.

Leonardo: Ahora regreso, mi amor.

Leonardo se despidió de su mujer dándole un beso en la mejilla y se dispuso a buscar algo de leña para la cena.
Llegaba el atardecer y Leonardo aún estaba buscando leña por los alrededores, hasta que de repente vio a una dama con un largo traje rojizo y llorando a las orillas de un río.

Leonardo sin pensárselo se acercó a la dama del vestido rojo.

Leonardo: ¿Le ocurre algo, señorita?

Lisa: Estoy sola… (susurrando)

Leonardo: ¿Cómo dices? No la escucho.

Lisa: Estoy sola en este mundo.

Leonardo: ¿Quieres que le ayude?

Leonardo tocó el hombro a la dama de rojo. Se volvió la dama de rojo y pudo verse los dos ojos claros verdosos que ella tenía. De repente dos rayos penetraron por todo su cuerpo. Uno era de color violeta y otro era de color azul.

Lisa: Ya no estoy sola.

Leonardo: ¿Qué me ha pasado?

Lisa: Todo era muy complicado para mí. A partir de ahora deberás de buscarme y hallarme entre la oscuridad. Si no me buscas. Una horrible maldición caerá a tu familia.

Leonardo se marchó del lugar muy asustado. Al año siguiente su mujer cayó de una horrible enfermedad, por no haber buscado eso que la misteriosa dama de rojo le había dicho. ¿A qué se podría referir?

Sara: Cariño, cuida de las dos pequeñas.

Leonardo: Ha sido por mi culpa. Tengo la mayor culpa.

Sara y Leonardo se encontraban en su cabaña, y muy mala por la enfermedad se encontraba Sara diciendo sus últimas palabras a su marido.

Sara le puso los dedos suavemente en los labios de Leonardo y ella sonrió.

Sara: No te debes de preocupar. Debes de ser fuerte. Y salir para adelante. Seguramente la maldición habrá caído conmigo. Ahora debes de salir adelante.

Al morir Sara, Leonardo la enterró al lado de sus cultivos y le puso una enorme cruz de madera de pino y colgado de la cruz, un rosario que ella siempre llevaba en sus viajes. Leonardo tuvo que hacerse cargo solamente de las dos pequeñas. Pero cuando hizo un año de la muerte de Sara, Leonardo acompañado de sus pequeñas hijas le puso a Sara un hermoso ramo de flores del bosque. De repente y por sorpresa alguien apareció a las espaldas de Leonardo.

Lisa: Lo siento mucho, Leonardo. No quise haceros daño.

Leonardo se levantó y pudo ver a la misma dama de rojo.

Leonardo: ¿QUÉ HACES? ¡VETE DE AQUÍ! ¡NO TE QUIERO VOLVER A VER! ¡VETE!

La dama de rojo comenzó a llorar y entre sollozos le comenzó a decir algo más a Leonardo.

Lisa: Por favor, debes de buscar la dichosa planta. Debes de buscarla y destruirla. Tiene una horrible…

Leonardo: ¡Que plantas y que leches!

Lisa: Además tiene la inmortalidad. Por eso estoy así. Porque me ha hecho inmortal, pero no del todo. Un brujo me engañó. ¡Es todo mentira! No quiero tener la inmortalidad, quiero morir. Por favor ayúdame con esta maldición. Por donde voy… ¡la gente va muriendo! En un lugar oscuro…, es horrible. Además es horripilante. ¡No quiero eso! No quería mal a nadie. Por favor, me debes de ayudar. ¡Debes de destruirla!

Leonardo: ¡Vete o te mato!

Lisa: Si no la buscas la siguiente maldición podrá recaer sobre tus hijas y por último caerá sobre ti.

Lisa se acercó a las dos niñas y les puso sus dos manos en sus cabezas.

Lisa: Lo siento debo de hacerlo, si les doy parte de mi poder no les hará tanto daño la maldición. Las quiero salvar y lo voy a intentar. Al menos así paralizará esta maldición.

Leonardo: ¡VETE! No me puedo mover…

Leonardo pudo sentir como sus dos pies se encontraban pegados junto al suelo y no podía moverse.

Lisa: Es por vuestro bien, Leonardo.


Lisa traspasó unos poderes a las dos niñas. A Solara le pasó el poder de la vida eterna representada por el color azul. A Lunara le pasó el poder de las sombras representada por el color violeta.

Lisa: A partir de ahora me divido en dos, desapareceré. Pero al menos habremos avanzado algo con la maldición. Utilizar bien vuestro poder. Pero os debéis de separar.

Las niñas eran muy pequeñas y no entendían muy bien lo que ocurría pero Leonardo no podía parar a la dama de rojo.

Leonardo: ¡Déjalas!

Lisa: Cuando cumplan los diez años, deberás de separarlas y no unirlas. Porque si se vuelven a unir y se tocan la maldición podrá volver y será el fin de toda la humanidad. Lo siento.

Al decir esas últimas palabras, Lisa desapareció. Había dividido su alma entre las dos pequeñas.
Cuando todo había terminado, muy triste Leonardo abrazó corriendo a sus dos pequeñas. Podemos ver como dos niñas que no comprendían nada veía a su padre muy triste balanceándose en mitad de la noche y abrazando muy fuerte a sus dos hijas.

1385.

Nos encontramos a finales del siglo catorce, concretamente en medio de un bosque donde dos niñas corrían muy felices. Una de las chicas que se llamaba Solara, tenía el pelo plateado y tenía algunas que otras pecas. Y la otra chica que se llamaba Lunara, tenía el pelo negro, y no era tan delgada como su hermana.

Solara: Hermana, estoy un poco cansada, ¿paramos aquí un poquito?

Lunara: Venga.

Lunara vio la cara de Solara que estaba un poco triste.

Lunara: ¿Porqué estas tan triste?

Solara: Porque…, no comprendo como nuestro padre tiene que separarte de mí. Y llevarte lejos.

Lunara: No te preocupes.

Lunara se levantó de la hierba donde estaba sentada y le dio un beso a Solara.

Lunara: Nunca estaremos separadas, somos hermanas. Y las hermanas siempre estaremos juntas.

Solara: Tengo una idea acompáñame.

Ambas pequeñas se acercaron a un pequeño riachuelo, y dentro de este había una piedra afilada.

Solara: Juremos para toda la eternidad que siempre estaremos juntas.

Solara cogió su mano derecho y en el dedo pulgar se hizo una herida, y más tarde cogío la mano derecha de Lunara y en su dedo pulgar le hizo otra herida. Se juraron amor y estar siempre juntas, juntando sus dos dedos heridos.
La sangre derramada por ambas hermanas corría por el río y mágicamente se formó una flor de lis y se desvaneció río abajo.

Lunara: ¿Has visto? Se ha formado en el río una flor de lis.

Solara: Roja, como nuestra sangre y con pequeños círculos blancos por la belleza del agua. La llamaremos la Amanplesna.

Lunara: Es raro esa planta, cuando nos escapemos debemos de buscar esa planta. ¿Existirá?

Solara: Siempre tan aventurera. Con la marca que nos hemos hecho, nunca estaremos solas. Siempre estaremos la una para la otra.

Las dos a la vez: Siempre estaremos juntas.

Solara: Es un secreto, cuando tenga la oportunidad iré en tu búsqueda.

Lunara: ¿En serio? ¿No se dará cuenta?

Solara: Por supuesto que se dará cuenta, pero cuando se dé cuenta tú y yo estaremos muy lejos.

Lunara: Estas loquita como la abuela, que en paz descanse.

Solara: Anda, regresemos a la casa.

Así fue las dos pequeñas regresaron a una cabaña que se encontraba en lo alto de un hermoso prado, allí se encontraba su padre. A la mañana siguiente antes del amanecer, el padre cogió a su hija Solara, y la montó en el burro, el padre cogió la cuerda y de pié comenzó un largo viaje.
Lunara en ese momento se estaba asomando por la ventana muy triste y se le cayó una lágrima.

Cuando pasó unas horas de viaje, Leonardo bajó a su hija del burro y ella se sentó en una roca muy triste. Leonardo se marchó a buscar comida y la dejó sola por un momento. Ella muy triste se puso las manos en la cabeza y se puso a llorar. Una de sus pequeñas lágrimas se penetró en el dedo donde había hecho el juramento con su hermana, empezó a brillar y se asustó.

Solara: ¿Qué le pasa a mi dedo?

De repente un gran brillo recorrió por todo su cuerpo, y abrió las dos manos y de esas dos manos apareció un hermoso amuleto. Un amuleto con el símbolo en el centro de una flor de lis. Y de repente escuchó una voz.

Voz: Pequeña…

Solara: ¿Quién eres? ¿Quién eres tú?

Voz: Veo que ha comenzado lo que tenía que ocurrir.

Solara, estaba muy asustada no entendía que hacía ese amuleto en sus manos y tampoco se explicaba la voz que ella escuchaba.

Voz: Tú y tu hermana, deberéis de estar separadas. Nunca deberéis de estar juntas, así que por favor nunca debes de buscar a tu hermana, o caeréis en una maldición eterna.

Solara: ¿Cómo?

Voz: Te dejo en tus manos el amuleto que abre la gruta hacía una planta que pronto abrirá sus últimos pétalos, esa planta debe de morir junto a la maldición. Deberás de hacerlo en una noche de ecplise, cuando el sol y la luna sean una misma cosa. Si consigues esa planta, la maldición se acabará. Cuando la destruya, podrás volver a ver tu hermana y estar juntas para siempre.

Solara: ¡NI HABLAR! ¡ELLA ES MI HERMANA! No quiero estar sola, padre me lleva a la casa de mi tía. No quiero estar con mi tía, quiero estar con mi hermana.

Voz: ¡NO DEBEÍS DE ESTAR JUNTAS, SOLARA! Tu representas al día y tu hermana representa a la noche. Tanto como el sol y la luna no deben de estar juntas.

Solara: Porque…, porque nos haces tanto daño. ¡Muéstrate!

Voz: Es vuestro destino. Debes de adentrarte y destruir la maldición. Antes del próximo eclipse.

Solara: No podré hacerlo.

Voz: Cuídate, ánimo. ¡Que todos los santos te protejan!

Una vez que terminó con la conversación, Solara muy enfurecida arrojó el amuleto contra el suelo y este desapareció.
El amuleto apareció encima de una mesa de una cabaña, y al lado se encontraba Lunara. Esta cogió el amuleto, y se sorprendió al ver que este amuleto emitía un tono rojizo, pero al cogerlo su energía se debilitaba y lo metió corriendo en una pequeña bolsa de cuero.

Fue así como Lunara, consiguió el amuleto y como años más adelante se la entregaría al pobre caballero. Cuya historia ya conocéis.

Por otro lado, Solara nunca fue a buscar a su hermana. Por miedo a todo lo que le había contado la misteriosa voz. Y además por amor a su hermana, no quería que ella sufriese por su culpa. Tomó su vida como si su hermana no hubiera existido nunca.
Lunara vivió por siempre con su padre, y lo que nunca entenderá Lunara el porque su hermana había roto la promesa que una vez juraron. Del amor pasó al odio y del odio a la venganza.

1424.

Pasaron los años, Lunara sintió odio por esa hermana que nunca fue a su reencuentro. Su cara era odio y un gran rencor. Su padre murió unos años más tarde, y ella cogió sus cosas y comenzó a buscarse la vida por los alrededores del valle.

Solara había crecido al igual que su hermana, ella se había convertido en una buena espadachín y se casó con el hijo del rey, ambos gobernaban el país. Se tuvo que cambiar el nombre debido a su título que obtuvo en el reino, y se pasó a llamar, Julia de Lis. Y de este modo su hermana nunca la encontraría, aunque a ella le doliese ella siempre quería lo mejor para su hermana.

Pero no tuvo mucha suerte en su vida, pues su marido en unas guerras atrás se murió y ella comenzó a gobernar sola, pero pronto el amor le llegaría. Un caballero que siempre estaría a su lado para idear las nuevas guerrillas.

Surgió una gran batalla donde montones de sus hombres murieron, y ella estaba al frente de esa batalla. Se encontraba muy débil. Pues estaba embarazada del caballero y estaba sangrando mucho.

Una misteriosa anciana entró en la tienda y estaba allí una chica poniendo paños a la frente sudorosa de Solara, Julia de Lis.

Anciana: Yo me encargo de ella, descansa un rato.

Cuidadora: Gracias.

La vieja anciana se acercó al oído, de Julia de Lis.

Anciana: Por tu culpa estoy así. Este poder me está absorbiendo.

Julia de Lis (Solara): Hermana… ¿estás ahí?

Aunque ella quería abrir los ojos, apenas pudo distinguir el rostro vieja de su hermana.

Anciana: No sabes cuanto te odio, éramos hermanas. Teníamos un secreto. Pues que sepas que nuestro secreto ha llegado a su fin. Esta noche vas a perder a tu mejor regalo.

Julia de Lis (Solara): Hermana, no fue mi intención. Te lo contaré. ¡HERMANA!

Comenzó a gritar. A la pobre Solara al pesar de estar sangrando, ya estaba teniendo el niño.

La anciana se dispuso a salir de la tienda. Minutos más tarde entró la cuidadora y un caballero muy apurado.

Cuidadora: ¿Cómo? ¡HA ROTO AGUA!

Caballero: No puede ser.

Julia de Lis (Solara): David. ¡Cariño!

El misterioso caballero se llamaba, David.

David: Cariño, ¡estoy aquí contigo!

Julia de Lis (Solara): Voy a morir. No voy a conseguir mi propósito.

David: ¿Qué propósito?

Pero de repente Julia de Lis, se desmayó.

David: Julia, ¡despierta!

Cuidador: Tranquilo, señor. Solo se ha desmayado, está perdiendo mucha sangre.

Entonces el caballero muy apurado salió de la tienda. Al salir se encontró con una anciana que le ofreció un amuleto, y el resto de la historia ya lo sabéis.

Volviendo a la tienda, Julia de Lis había muerto y había tenido el niño sano y salvo al pesar de haber perdido tanta sangre.

La cuidadora estaba envuelta de montones de personas.

Cuidadora: Es una niña.

Cuando averiguó el lugar donde se encontraba la Amanplesna, gracias al caballero. Observaba que esta tenía una protección, pero que cuya protección desaparecía en noches de eclipses lunares. Esperó a que hubiera un eclipse para que la protección de la planta desapareciera y esta se comió la planta de un bocado.
Así fue el pasado de la vieja anciana que en realidad se trataba de Lunara. Al comerse la amanplesna al pesar de que la planta le haya dado el milagro de la inmortalidad, por otra parte estaba maldita. Su odio por su hermana aumento de manera descomunal, era infinita.

2009.

Nos encontramos en el hospital de Puerto Real (Cádiz), allí se encontraba en las cámaras frigoríficas a Carmelo, el padre de Juliana y su amigo Hilario.

Hilario: No te desanimes, estoy contigo amigo.

Carmelo: Mi mujer está muerta, Hilario.

Carmelo tapó la sábana la cara de su difunta mujer, y al salir se encontró con Pascual.

Pascual: Carmelo, ¿tienes un minuto? Me gustaría hablar contigo.

Hilario: Adelántate tu, iré al servicio.

Hilario observó como Carmelo se iba a hablar con Pascual, desvió su mirada por un momento a la cámara frigorífica. Minutos más tarde entró y observó que allí no hubiera nadie. Abrió una cámara frigorífica donde se encontraba Julia.

Hilario: Esta es mi oportunidad.

Hilario, cerró sus ojos y pasó su mano derecha por el cuerpo de Julia. Y una leve luz azulada brilló por todo su cuerpo. Y no cerró la cámara frigorífica.

Hilario: Lo conseguí a tiempo.

Se marchó de la sala y de repente el pie derecho de Julia comenzó a moverse. Luego más tarde las manos. El cuerpo se levantó con la sábana puesta.

Julia: ¿Dónde estoy? ¿Juliana?

Hilario se marchó al servicio, y miró al espejo y pudo ver como aparecía el rostro de Solara, Julia de Lis.

Julia de Lis (Solara): Lo has hecho a tiempo, David. Bien hecho. Gracias por traspasar un poco de mi poder la vida eterna a Julia.

Hilario: No ha sido nada. Cariño, ya falta poco tiempo para vernos.

Continuará…

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