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Especial Halloween 2011: Telmo, y la calabaza de la luz. Capítulo 2. El Desenlace.

¡Hola!

Llega el momento de poneros el desenlace de este cuento que comenzó el pasado Halloween y ahora
culmina con un emocionante final para nuestro amigo Telmo, y su valiente amigo la calabaza.

Con este segundo capítulo daría por finalizado este cuento y todas mis historias cortas que subo al blog.

Como ya sabeís de mis actualizaciones anteriores del blog, tendréis la posibilidad de poder leer sin necesidad de descargaros el pdf. Una buena alternativa para aquellas personas que posean smartphones.

Sin más dilación, os presento el segundo capítulo de Telmo, y la calabaza de la luz. Espero que esté de vuestro agrado.

¡¡Feliz Halloween!!

Telmo, y la calabaza de la luz. Capítulo 2: La maldición al descubierto.

  • Sipnosis: En este segundo capítulo y desenlace de este cuento, descubriremos todo lo que le envuelve a Telmo y el porque se le apareció en la mañana del dia 31 de Octubre una calabaza en los pies de su cama. No os perdaís este nuevo capítulo que veremos otro mundo paralelo en el que vive nuestro amigo Telmo, y una maldición que se descubre después de mucha valentía y coraje. ¡Disfrutarlo!
    - Si aún no has leído el primer capítulo, pincha aquí.
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Telmo, y la calabaza de la luz. Capítulo 2: La maldición al descubierto.

El cielo estaba totalmente despejado, no había ninguna nube en esa noche estrellada. Todo estaba derrumbado, un Telmo muy triste se encontraba muy dolorido al ver a su madre convertida en mármol de color blanco y además destruida por el gran movimiento de la tierra. Él pensaba que no comprendía aquel acontecimiento. Nuestro amigo pudo ver a lo lejos a una única persona, ¿sería un superviviente de aquel derrumbamiento de tierra? Se acercó para ver de quien se trataba y al acercarse se sorprendió mucho al ver a que esa persona estaba flotando y en unos segundos más tarde puso los pies en tierra y le dirigió una cálida sonrisa.

Rezender: Si no me equivoco, ¿eres Telmo, verdad?

Telmo: Si. ¿Quién eres?

Rezender, se trataba de una persona no muy alta con una gran túnica de color verde y una larga barba blanca que le llegaba hasta la cintura.

Rezender: Me llamo Rezender. Sé que estás muy triste y preocupado por todo lo acontecido en tu mundo. Pero podremos encontrar una solución. No te debes de preocupar. Debes de acompañarme.

Telmo: No quiero. Tengo mucho miedo de lo que pueda ocurrirme.

Rezender: ¿Quieres volver a ver a tus amigos y a tu madre, verdad? Pues no te queda opción. Te vienes o te puedes quedar aquí esperando a que algo pase. No creo que ocurra pues todos están esparcidos por el suelo sin conciencia.

Telmo: De acuerdo te acompañaré.

Telmo se agarró a la túnica verde del anciano, y pudo contemplar el estado tan horrible que se encontraba su mundo y no pudo evitar arrojar una pequeña lágrima, y acto seguido cerró los ojos.

Unos segundos más tarde volvió a abrir los ojos y se encontraba en esa misma gran mansión que tuvo en el sueño.

Rezender: Bienvenido a la mansión de la familia Lunades.

Telmo: ¿La familia Lunades?

Rezender: Es una familia a los que todos aprecian y en ellos recae una horrible maldición.

Ambos entraron en la mansión y allí les abrió una persona que a Telmo le sonaba muy familiar. Se trataba del jardinero que pudo ver en la entrada de la mansión en su sueño. Pero en esta ocasión no estaba convertido en mármol sino en carne y hueso.

Jardinero: Bienvenidos. Les estábamos esperando. Pasen, por favor.

Rezender: Gracias.

Acto seguido ambos llegaron a las puertas del gran comedor de la mansión.

Guillermo: ¡Oh! Bienvenidos mis amigos. Os estábamos esperando. Acomodarse.

Rezender: Telmo, te presento al príncipe de esta mansión. Se llama, Guillermo.

Telmo: Encantado.

Los tres se sentaron en una pequeña mesa redonda y se pusieron hablar de lo sucedido en el mundo de Telmo.

Guillermo: Veo que la maldición ha recaído en tu mundo.

Tanto Guillermo y Rezender compartieron una sonrisa cuando se miraron.

Telmo: ¿No hay ninguna forma de poder evitar esa maldición y que todos vuelvan a la normalidad?

Guillermo se puso serio y no lanzó ninguna palabra más. Se levantó de su sitio.

Guillermo: Podéis pasar aquí la noche, mañana seguiremos hablando. Seguro que necesitaréis descansar.

Lembu, acompáñale a su habitación por favor.

Lembu era un sirviente pobre que hacía todo lo que le decía el señor de la mansión. Tenía unas ropas muy estropeadas y unos zapatos bastante rotos de color marrón.

Lembu: Ven acompáñame.

Telmo se sorprendió mucho al escuchar la voz del sirviente. Y además su rostro le era familiar.

Al llegar la habitación. Telmo pudo contemplar una amplia habitación con una gran lámpara algo sucia en una esquina y al lado un sofá de color rojizo, como las paredes de la habitación. Pudo contemplar también un gran mueble en el que contenía montones de libros viejos sobre literatura. En frente del mueble se encontraba una cama bastante arrugada en la que tenía un edredón de color marrón claro. La habitación también tenía una gran ventana que daba al jardín de la gran mansión, y ese jardín era el mismo que le pareció en el sueño.

Lembu: Hemos llegado a tu habitación, puedes acomodarte.

Telmo agarró del brazo a Lembu.

Telmo: Tú no marcharás de aquí tan pronto.

Lembu: ¿Cómo dices?

Mientras tanto en el gran comedor de la mansión aún seguía sentado Rezender que soltaba una gran carcajada.

Rezender: Lo hemos conseguido. Pero no tenías que haber mandado al sirviente a que le llevase a su habitación.

Guillermo: Bobadas, mi amigo mago. Lembu sabe que por la cuenta que le trae que debe de estar muy calladito. Por otro lado veo que la maldición seguirá su curso y tenemos que hacer que ese niño no se dé cuenta de nada.

Rezender: Todo ha valido de momento, y de momento ese príncipe de pacotilla más le vale tener la boca cerrada.

Volviendo a la habitación donde se encontraba Telmo. Telmo tenía la puerta de la habitación cerrada y sentando en la cama se encontraba un sirviente muy asustado.

Lembu: No me mires con esa cara. No te puedo decir nada. Lo hago por mi gente.

Telmo se encontraba dando vueltas alrededor de la habitación.

Telmo: ¿Cómo? ¿Por tu gente? ¡Tú eres la calabaza! ¡Tú eres mi calabaza! ¿Qué leches estás haciendo? ¿Y qué leches has hecho con mi mundo?

Lembu se levantó muy asustado y tapó la boca a Telmo.

Lembu: Todo es por la maldición, que ese maldito mago ha lanzado sobre mi gente.

Telmo: ¿Tu gente?

Lembu: Si, yo era el príncipe de esta mansión. La verdadera y auténtica familia Lunades.

Telmo: No puede ser cierto.

Lembu: Todo es una estrategia de Rezender para poder conseguir más poder siendo el mago de esta mansión.

Telmo: ¿Y cómo has parado aquí? Si tú antes eras una calabaza.

Lembu: Era una calabaza debido a la maldición que me lanzó ese estúpido mago. Mi cuerpo convirtió en mármol de color blanco, como bien pudiste ver en tus sueños, pero mi alma se convirtió en calabaza. Y todo estaba predestinado a que nos encontremos. Al acceder a tu trato en tu mundo, Rezender les dio una oportunidad a toda mi gente convirtiendo en carne y hueso.

Telmo corriendo le abrazó.

Telmo: Tuve mucho miedo de que jamás te pudiera volver a verte. Me dio mucha pena que te rompiera en miles de pedazos esos compañeros de clase.

Lembu: Y lo siento por lo de tu madre.

Telmo con cara de sorprendido se despegó de Lembu.

Telmo: ¿Qué quieres decir?

Lembu: Era necesario que lanzase ese rayo y que convirtiera a todos de tu mundo en mármol de color blanco, y con ello el gran derrumbe de tu mundo. Lo siento.

Lembu muy apenado se tiró al suelo culpándose de todo lo ocurrido.

Telmo agarró a su amigo y lo levantó.


Telmo: No te preocupes. Encontraremos la manera de contrarrestar ese hechizo. Y ahora entiendo esa sombra que vi también en mis sueños, debía de ser Rezender.

Lembu: Lo siento, pero debo de decirte que no podemos hacer nada. Yo lo estuve buscando en vano, y nada. Tuve que ofrecer mi cuerpo y alma para que no destruyan a mis seres queridos, debido a que no encontraba ningún medio de luchar contra Rezender. Es muy poderoso.


Telmo: Seguro que hay una manera.

Lembu: Ahora que lo dices, hay una forma de esquivar ese mago ahora que tú estás aquí. Y el lugar idóneo donde podríamos triunfar sin necesidad de magia. Para ello debemos de utilizar la inteligencia. Te cuento.

Rezender mientras tanto seguía conversando con Guillermo.

Guillermo: Ahora que le has traído aquí. Debemos hacer que la maldición termine totalmente con ese individuo. Necesitamos la sangre de una persona de otro mundo para poder tener el poder supremo que tanto anhelas Rezender.

Rezender: Por fin, podré tener el poder que tanto tiempo estoy esperando. No me equivoqué en elegir a este niño. Por la noche se va a enterar de quienes somos y mañana será un gran día.

Todos se encontraban descansando en sus aposentos hasta que de repente entre las sombras alguien con mucho sigilo estaban andando con cuidado por los pasillos de la gran mansión. Se trataba de Telmo.

Telmo: ¿Dónde se encuentran las mazmorras?

Por detrás suya se encontraba Lembu, con un largo palo.

Lembu: Estamos muy cerca. Debemos de ir con cuidado.

Minutos más tarde llegaron a las puertas de la mazmorra, a las afueras de la gran mansión y muy cerca del jardín.

Lembu: Aquí deben de estar todos mis sirvientes y mi querida esposa.

Telmo: Tranquilo le salvaremos, pero todo a su debido tiempo.

Lembu: Corre escóndete detrás de esa fuente, viene alguien.

De repente en la entrada de las mazmorras se encontraba Rezender que entabló una conversación con el guardia de las mazmorras.

Rezender: Aguarda una celda para ese muchacho, le traeré enseguida.

Guardia: Si señor, ahora mismo lo prepararé.

Telmo: Van a por mí.

Susurró en voz baja.

Lembu: Pues debemos de darnos prisa y salvar a mi gente.

Telmo se puso en la entrada de la prisión y llamó la atención al guarda. Al lado del guardia, y muy cerca de la entrada pudo ver montones de barriles de pólvora que le llamó mucho la atención.

Telmo: ¡Ey, tú! ¡Cabezudo! Aquí estoy.

El guardia se apresuró a cogerle pero Lembu le dio un gran golpe con el palo que llevaba por detrás al guardia.

Telmo: Corre coge las llaves.

Lembu: ¡Llegamos a la celda de mi gente!

Graciela: Cariño, has regresado. Gracias.

Lembu se acercó a la celda de su familia y gente de la gran mansión.

Lembu: Graciela, escúchame debéis de salir corriendo de aquí. Vamos a acabar con todo esto.

Mientras tanto en la habitación de Telmo, Rezender había llegado con una gran daga.

Rezender: ¿Cómo? ¡Ha huido!

Rezender comenzó a alertar a toda la mansión. Y todos se pusieron en movimiento en la búsqueda de Telmo y Lembu.

Rezender salió afuera de la mansión y lanzó un gran conjuro para encontrar de manera enseguida a Telmo, y lo encontró. Se encontraba en las mazmorras.

Rezender: ¡A las mazmorras!

Todos los amigos de Lembu habían huido de las mazmorras y se dirigían a campo abierto, en busca de la libertad.

Graciela: Lembu, vente conmigo. Esta mansión ya no nos pertence. Hemos perdido todas nuestras pertenencias, salvemos nuestras vidas. Vámonos.

Lembu: Cariño huye tú ahora que puedes, yo debo de luchar al lado de mi amigo. Debemos de resolver esto como caballeros.

Graciela: Eres igual que tu padre.

Graciela se dirigió a la salida de las mazmorras pero alguien se interpuso en su camino y le cogió de los pelos, se trataba de Guillermo.

Guillermo: ¿Dónde vas con tanta prisa? De aquí no se mueve nadie.

Al lado de Guillermo se encontraba Rezender.

Guillermo: Telmo, ven aquí y entrégate. Y daremos la vida de esta chica.

Lembu: ¡Suéltala! ¡Sois unos salvajes!

Guillermo le dio unas patadas al guardia desmayado y este se levantó.

Guillermo: ¿Qué haces durmiendo en horas de servicio? ¡Atrápalos!

Guardia: Si, señor.

Telmo: ¡No! Aquí todo el mundo quieto.

Telmo tenía sujeto una antorcha que había cogido de la pared de la mazmorra, y se puso cerca de los barriles de pólvora.

Telmo: Como os acerquéis reventamos todos en miles de pedazos.

Rezender: Insensato niño.

Telmo: ¡A callar! Suelta a la chica o volaremos. Decidir de una vez.

Guillermo: Ni hablar. ¡Moriremos todos si hace falta!

Rezender: Suelta esa antorcha chico.

De repente Rezender se puso la mano en la cabeza y lanzó un gran rayo de color verde a Lembu.

Telmo: ¡Lembu!

Lembu cayó al suelo y este se volvió a levantar.

Lembu: Telmo, haz caso a lo que te dicen suelta la antorcha.

Telmo: ¿Cómo?

Rezender: ¡No lo escuches Telmo, yo soy Lembu! Me ha cambiado el cuerpo.

Telmo: No puede ser.

Lembu cogió un cuchillo que se encontró tirado en el suelo y se lo puso en el cuello.

Lembu: Soy capaz de matar también a tu amigo.

Rezender: ¡No le hagas caso! ¡Tira la antorcha! ¡TÍRALA!

Lembu: ¡Maldito niñato! ¡ARGGGG!

Lembu que en realidad era Rezender se abalanzó sobre Telmo y le clavó el cuchillo en el corazón. Este cayó al suelo de rodillas y no pudo aguantar más la antorcha que este hizo contacto con un recorrido de pólvora hasta llegar a los barriles.

Lembu: Mierda.

Telmo: ¡Oh, no!

Rezender volvió a su cuerpo y empezó a marcharse de aquel lugar.

Rezender: Guillermo suelta a la muchacha esto va a explotar.

Guillermo: ¡MIERDA!

¡PLUMMMMM!

Todo explotó y nadie pudo salir de aquel siniestro lugar. Todo estaba en una total oscuridad.

¡PLOM! Telmo se había caído de su cama.

Telmo: ¿Qué ha pasado?

Telmo se sobresaltó de su cama y se encontraba en su habitación de su casa, era de noche. Se miró su herida y no tenía nada. Telmo se levantó de su cama y se dirigió a buscar a su madre. Allí estaba su madre vestida de caperucita roja y dormida como un tronco en el sofá del salón de su casa. Cogió una manta de su cuarto y se la echó por encima y le dio a su madre el beso de buenas noches.

Telmo: Muy buenas noches, mamá.

Al regresar a su cuarto, pudo ver unas luces que provenía de la calle y que eran un tanto extrañas. Este abrió la ventana de su habitación y dos personas flotaron hacía su ventana. Se trataban de Lembu y Graciela.

Lembu: Gracias, Telmo. Nuestras almas pueden descansar en paz.

Telmo: ¿Cómo?

Graciela: Nuestras almas estaban hechizadas por la maldición de Rezender. Pero al retroceder a nuestro tiempo y romper esa maldición, has liberado nuestras almas. Y todo ha vuelto a la normalidad. Y tu mundo se encuentra en perfecta condiciones. Has destruido a Rezender, para siempre.

Telmo: Me alegro que todo haya ido bien.

Lembu: Gracias a tu valentía, eres una gran persona.

Telmo: Te echaré de menos, Lembu.

Lembu: Y yo a ti, Telmo.

Telmo: ¿Sabes? Me gustas más ahora que en calabaza, en calabaza eras más tonto.

Todos se rieron y se despidieron entre sonrisas, al fin las almas de Lembu y Graciela pueden descansar en paz y desaparecieron a la luz de la luna llena. Telmo se despidió de sus amigos con una gran sonrisa, y muy feliz regresó a su cama y volvió a dormirse.

Fin.

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