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La Amanplesna. Capítulo 6: El último latido. ¡Último capítulo de la temporada!

¡Hola!

Llegamos al último capítulo de mi historia la Amanplesna. Alcanzamos una parte de la historia que es totalmente definitiva para muchos personajes, en las que nos dará algunos buenos sabores de boca y otros no tan buenos sabores de boca. Conoceremos una parte que no conocíamos de la protagonista de nuestra historia, y además algunos que otras cosas que nos dejará sorprendidos. Al fín con este último capítulo doy por terminado mi primera tanda de capítulos. Aquí se despide una historia que nos dice un..., hasta luego.

Disfrutar mucho de este sexto y último capítulo.

Un saludo.

La Amanplesna. El Secreto de una Familia. Temporada 1. Capítulo 6: El último latido.
  • Sinopsis: En este último capítulo vamos a disfrutar de la verdadera acción que se encontraba escondida hasta ahora. Conoceremos a una nueva Juliana que antes no habíamos conocido, y además nuevos personajes que nos dejará atónitos. Llega el momento decisivo para algunos personajes que marcarán un antes y un después en esta historia. ¡Disfrutarlo!
  • Descarga: Pincha aquí para descargar el último capítulo en formato pdf.


La Amanplesna. El Secreto de una Familia. Temporada 1. Capítulo 6: El último latido.

Todo se encontraba en una absoluta oscuridad. Juliana llevaba un largo vestido blanco, caminaba sobre un camino blanco. Sus pies al rato se pararon al llegar a un pequeño monte donde todo era verde, pero aún por los lados no veía nada, todo era oscuridad. Juliana alzó su mirada a la cima del pequeño monte y podía ver el cuerpo de un hombre flotando.

Juliana: ¿Dónde estoy? ¿Quién es ese hombre?

Juliana con pasos muy decisivos llegó a la cima del monte y allí se encontraba él, el caballero que pudo ver en un sueño no hace mucho.

Caballero: ¿Eres tú? ¡Ayúdame!

Juliana: ¿Quién eres? Tengo miedo.

Juliana se cruzó los brazos y se frotó el cuerpo pues no paraba de entrarle frío. Hacía mucho frío. La respiración que ella soltaba por la boca se evaporaba. Observaba que el cuerpo de aquel hombre se congelaba.

Caballero: Tienes dudas, en tu camino. Tú tienes un gran don. El poder andar y caminar por tus sueños. Además de viajar a través de ellos al pasado, presente y futuro.

El caballero empezó a toser de manera bruscamente, y empezó a desintegrarse poco a poco. A los segundos más tarde, Juliana podía observar como sus dedos se congelaban.

Juliana: ¿Dónde me encuentro?

Caballero: Te encuentras en la mente de una persona…

Debido a una tos, se interrumpió a sí mismo. El caballero no paraba de toser, y continuaba con su explicación.

Caballero: Ella es mala. Ten cuidado. Protégete. No quiero que sufras. ¡Busca a tu madre! ¡Búscala!

Una gran masa violeta le envolvió todo el cuerpo y se convirtió en esqueleto.

Juliana: ¡Ahhhhhhhhh!

Satsuka: ¿Juliana? ¿Te encuentras bien?

Juliana: He tenido una horrible pesadilla. Parecía todo muy real.

Satsuka: Tranquila, aquí estamos contigo.

Satsuka abrazó a su amiga. Mientras tanto Mengu seguía conduciendo. Ellos emprendían un nuevo rumbo, el rumbo definitivo para encontrar a una madre totalmente desconocida para Juliana. Sabía que dentro de muy pocas horas se iba a encontrar con la única persona en el que podía confiar realmente.

Pero por otro lado, vemos a un padre bastante preocupado en su despacho de la facultad, removiendo papeles y documentos sobre la Amanplesna, estaba muy nervioso, frustrado y preocupado. No podía estar parado sin hacer nada, a su lado en otra mesa en el mismo despacho estaba su compañero, Hilario.

Hilario: Mira este documento, hablan de unas luces que unos campesinos vieron en el cielo y se dirigían a este lugar de los pirineos.

Hilario señaló con un dedo un lugar de un texto viejo y arrugado.

Carmelo: No me había parado a leer este documento. ¿Qué es lo que se puede leer detrás del documento?

Carmelo dio la vuelta al documento y allí no aparecía nada, pero pudo ver a la luz del sol que algo se podía ver.

Carmelo: ¿Tinta invisible?

Carmelo se acercó a una vela y poco a poco acercó el papel arrugado, unos minutos más tarde se mostró antes los ojos de ambos el lugar donde se encontraba dicha gruta, y al lado se podía ver claramente un pueblo.

Hilario: ¿Crees que cerca de este pueblo se encuentra la gruta?

Carmelo: Tiene que ser así, pero sin el amuleto no podremos encontrarlo.

Hilario: Tienes toda la razón, al menos sabemos donde puede encontrarse la gruta.

Carmelo: Espero que Nuria se encuentre bien, y pueda encontrar sana y salva a mi hija.

Muy al sur del país se encontraba Nuria conduciendo y en el asiento del copiloto iba Cristina, ambas se encontraban muy nerviosas.

Cristina: Tengo mucho miedo de perderla, se está metiendo en la boca del lobo.

Nuria: No te preocupes, lo que tenemos que hacer es dirigirnos hacía ese hospital.

Juliana, Satsuka y Mengu, contemplaban el paisaje andaluz mientras iban viajando. Pasó unas horas y al fin habían llegado a Puerto Real (Cádiz). Ordenó a sus amigos que se quedaran en la entrada del hospital, los pasos de Juliana iban ligeros hacía la recepción.

Juliana: Disculpe, señorita.

Recepcionista: Dígame, ¿qué es lo que quieres?

Juliana: Me gustaría saber la habitación de una señora que se encuentra en este hospital.

Recepcionista: Muy bien, dígame, ¿cuál es su nombre?

Su voz estaba temblando, estaba muy nerviosa, nunca había visto a su madre y estaba a punto de reencontrarse con ella, ¿se acordará de ella? Juliana hizo memoria de los apellidos de su madre debido a la carta que leyó en su casa.

Juliana: Ya me acuerdo, se llama Julia Visuara de Lis.

Recepcionista: Haber que lo encuentre, la encontré. Pero lo siento, no puede tener visitas, está totalmente prohibida las visitas a esta habitación. Se encuentran restringidas.

Juliana: ¿Cómo?

Juliana muy descarada observó el monitor del ordenador de la recepcionista, y vio que la habitación era el número 457, y se marchó corriendo.

Recepcionista: ¿Qué haces? ¡SEGURIDAD! ¡SEGURIDAD!

Corrió como nunca había echo y encontró la habitación, se encontraba muy débil.

Juliana: ¡Oh, no! ¡Ahí viene el de seguridad!

Abrió la puerta de la habitación y vio como una mujer se encontraba sentada en un sillón de color marfil mirando el paisaje cálido del sur, pero no tuvo tiempo de hablar con ella y se escondió rápidamente debajo de la cama.
La señora de aquella habitación la miró de reojo y luego pudo ver como el guardia de seguridad entraba en la habitación.

Guarda de Seguridad: Disculpe señora, ¿alguien ha entrado en esta habitación?

La extraña señora sin mover su mirada hacía el paisaje le dio una negación con la cabeza y este se marchó cerrando la puerta detrás de él. Después de un rato Juliana salió de debajo de la cama.

Juliana: ¿Mamá? ¿Eres tú?

La señora puso los ojos como si fueran dos grandes platos, no daba crédito a lo que oía.

Julia: ¿Quién es?

Juliana: Mamá, eres tú.

Julia se levantó del sillón y esta la abrazó fuertemente.

Julia: ¿Eres tú? ¿Mi pequeña Juliana?

Juliana: Si mamá, soy yo. Al fín te he encontrado, después de tanto tiempo.

Julia cogió los dos brazos de Juliana y empezó a apretarla con muchas más fuerzas.

Juliana: Mamá, me estás haciendo mucho daño.

Juliana empezó a sonreír y reírse de manera muy exagerada.

Julia: ¡Eres una chica muy pero que muy mala!

Juliana: ¿Cómo?

Juliana por el reflejo del espejo, pudo ver como su verdadera madre se encontraba detrás del cristal, junto a la verdadera Noemí. Ambas se encontraban atadas contra una pared por una especie de tela de araña. Aquel lugar era todo oscuro, de color negro.

Julia: No creas que te saldrás con la tuya, niñata.

Juliana: ¿Qué le has hecho a mi madre?

Julia: Tu madre está ahí, ¿y sabes lo que le voy a hacer?

Juliana: ¿Quién eres? ¡Muéstrate!

La figura de la falsa madre de nuestra amiga desapareció, y apareció el rostro de la anciana detrás del espejo sin la apariencia que llevaba de Noemí. Le enseñó su verdadero rostro, pero oculto debajo de una larga capucha de color negra.

Juliana: ¡TÚ!

Anciana: Creo que te acuerdas de mí.

La anciana se quitó la capucha de la cabeza y enseñó un rostro totalmente horrible, a la de una bruja, grandes ojos y una nariz bastante alargada. Pero los ojos eran de color celestes.

Anciana: Debes de sentirte muy privilegiada, a ti solo te he mostrado mi rostro.

La malvada anciana se acercó al cuerpo de su madre y la tocó con unas manos muy finas y bastantes arrugadas.

Anciana: Tu madre solo ha sido un estorbo, y ahora ha llegado el momento de apagar ese estorbo para siempre.

Juliana se puso muy nerviosa, y empezó a darle puñetazos al espejo.

Juliana: ¡DEJA A MI MADRE!

Julia levantó la mirada y vio como su hija la quería salvar pero todo era en vano.

Juliana: ¡DEJA A MI MADRE! ¡NO TE HA HECHO NADA!

Anciana: ¿Qué no? ¿Quizás no lo sepas?

Juliana: ¿Cómo?

Anciana: ¿Tu padre no te lo ha dicho? Claro tu papito, no te ha dicho toda la verdad. Pobre ingenua, que tonta eres.

Mientras tanto en otro lado del país en la universidad donde trabaja Carmelo, el padre de Juliana. Carmelo aún se encontraba buscando más información en sus archivos.

Hilario: Pues como ya más o menos sabemos donde se encuentra la gruta, lo único que hace falta es el amuleto al completo, ¿no?

Carmelo: Si, tienes toda la razón. Sé que mi hermana tiene un fragmento, y mi hija otro fragmento. Pero los “Revlis" tienen uno también que me robaron.

Hilario: ¿Y dónde se encuentra el cuarto?

Carmelo: Lo tiene mi esposa, Julia.

Hilario: Oye, una pregunta Carmelo.

Carmelo: ¿Qué pasa?

Hilario: ¿Aún no le has dicho la verdad a tu hija?

Carmelo: ¿Sobre sus antepasados? No, aún no se lo he dicho. Se lo diré en su debido momento.

Hilario: Debe de ser emocionante pertenecer a una familia real antigua. Y además de poder viajar a través de los sueños.

Carmelo: Ese don que tiene mi hija no es nada bueno.

Hilario: ¿Has averiguado más sobre ese tema?

Carmelo: Si, la familia real de los “Lis”. Tienen el don de viajar por los sueños. Cuando esa persona está durmiendo se puede teletransportar a otro momento de nuestra historia. Y doy fe de ello.

Hilario: ¿Cómo dices? ¿Tu hija lo ha tenido?

Carmelo: Si, no hace mucho. Hace algunos días estuve en su habitación, y pude escuchar a ella que no paraba de hablar y provenía de su habitación.

Carmelo hizo memoria de aquel momento para explicárselo a su compañero Hilario, y entró en ese extraño recuerdo.

Juliana: ¡NO LA ESCUCHES! ¡NO LA ESCUCHES! ¡VETE DE AHÍ! ¡TE QUIERE MATAR!

Carmelo: ¿Hija?

Carmelo entró en la habitación de su hija.

Juliana: ¡NOOOOOOOOO! ¡NO LA METAS! ¡NO VAYAS TU VIDA CORRE PELIGRO!

Carmelo: ¿Qué te pasa?

Carmelo intentaba parar el cuerpo de Juliana que no paraba de moverse de un lado para otro, estaba teniendo una horrible pesadilla. Empezó a moverla para que se despertara.

Juliana: ¡NOOOOO...! ¡COGE EL AMULETO!

Pero al rato pudo ver que su hija se tranquilizaba y se marchó de allí, y pudo ver más tarde como su hija se levantaba y se dirigía al cajón donde tenía el fragmento del amuleto.

Carmelo le contó todo lo que había sucedido en aquella noche.

Hilario: ¡Fantástico!

Carmelo: También pude observar como ella se sujetaba el cuello, es como si alguien la estuviera ahogando.

Hilario: ¿Cómo? Pobrecita.

Carmelo: Lo pasó realmente mal.

Hilario: ¿Y a quién se dirigía ella?

Carmelo: Aún no tengo idea de quien podría ser.

El día se estaba poniendo muy nublado en el sur, concretamente por la provincia de Cádiz, donde se encontraban nuestros amigos.

Anciana: Entonces tu papito, no te ha contado nada. Pero que sepas que esta no es la primera vez que nos vemos.

Juliana: ¿Cómo?

Juliana hizo memoria, y fragmentos de lo sucedido con aquel extraño caballero en la gruta y en el misterioso monte verde se le venía a la mente.

Juliana: ¡TÚ! Tú mentiste a aquel caballero para que se metiera en esa gruta. Tú me estuviste ahogando.

Anciana: Pues más te tenía que haber hecho. Llegó el momento, que esto es muy aburrido y necesitamos algo más emocionante.

La anciana se acercó a la madre de Juliana que se encontraba sujeta por una gran tela de araña. Se sacó de la manga una larga daga afilada y Juliana empezó a chillar al otro lado del espejo.

Juliana: ¡NO LA MATES! ¡DÉJALA! ¡DÉJALA!

La anciana hizo un gesto con la muñeca y deshizo la tela de araña, hubo un gran resplandor de color morado y la verdadera Noemí que se encontraba sujeta por la otra tela de araña tuvo que cerrar los ojos. La anciana y Julia aparecieron en el centro de la habitación donde se encontraba Juliana y al fin ella pudo ver de cerca a su madre.

Juliana: ¡Mamá!

Julia: Mi pequeña, sé todo lo que ha sucedido. Sé porque estás aquí. Debes de ser fuerte. Ayuda a tu padre, por favor.

Anciana: Me aburrís las dos, sois unas dos cotorras.

La anciana levantó la daga y se lo clavó en todo el estómago a la madre de Juliana.

Juliana: ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! ¡MAMAAAA!

Juliana fue corriendo a sujetar a su madre, pero una gran barrera de protección mágica le impedía reunirse con ella.

Julia: ¡Hija…!

Julia estaba perdiendo mucha sangre.

Anciana: ¡JAJAJAJAJAJAJ! ¡JAJAJAJAJAJAJA!

La anciana empezó a reírse como nunca se había reído.

Anciana: Eso te pasa por meterte a donde no te llaman.

La barrera había desaparecido, y Juliana se agachó para recoger a su madre.

Juliana: ¡Mami! ¡Mamá! ¡NOOOO! ¡Mamá!

Juliana comenzó a llorar por la pérdida de su madre.

Julia: ¡Hija! Acércame tu oído.

Juliana, abrió los ojos de par en par al escuchar lo que su madre le estaba diciendo al oído.

Julia: ¡CORRE! ¡VETE!

Juliana: Pero…

Juliana se acercó a su madre y escuchaba los últimos latidos de su corazón. Al agacharse se pudo ver como ella llevaba un fragmento del amuleto.

Juliana: Mamá.

Julia: Sé fuerte. ¡Hasta siempre! ¡ARGGG!

Julia no pudo soportar tal dolor y cerró los ojos por última vez. La anciana se quedó sorprendida al ver que ella tenía colgada del cuello un trozo del amuleto.

Anciana: ¡A DONDE VÁS! ¡DAME ESE TROZO DEL AMULETO!

Juliana abrió la ventana de la habitación y empezó a bajar por la escalera de emergencia a toda velocidad.

La anciana se convirtió de nuevo en Noemí.

Noemí se acercó a la ventana y podía observar como Juliana había bajado todas las escaleras. Empezó a gritar a Pedro y a Mateo que estaban abajo con el coche, en vigilancia del coche de Mengu y Satsuka.

Noemí: ¡Ineptos! ¡Salir del coche! ¡Y a por ella!

Juliana se fue a un pequeño bosque que tenía aquel hospital a su lado y estaba buscando una cosa.

Juliana: ¿Dónde se encuentra los dos árboles que juntos forman un corazón?

Al fin encontró la zona donde se encontraba escondida la cajita pero Pedro y Mateo se estaban acercando. Desenterró la cajita a toda velocidad.

Juliana: Mamá, lo encontré.


Juliana averiguó la zona donde se encontraba la caja, debido a que en la noche anterior, la madre de Juliana, había bajado al bosque sin permiso de nadie y había enterrado en ese mismo lugar la pequeña cajita.

Ahora ella se encontraba en un gran peligro. Pedro estaba a punto de reencontrase con ella. Por detrás de ella un Mateo furioso la cogió del brazo y vio los ojos claros de Juliana y se le vino un recuerdo.

Hace unos años…

Mateo: ¡Ya! ¿Te gustan tus plantas, verdad?

Juliana: Las tengo mucho cariño, me gustan estas de color naranja. Hace un año las utilicé para una clase en mi escuela. Son narcisos.

Mateo: Son muy bonitas. ¿Me las dejas oler?

Juliana: Por supuesto, acércate.

Mateo: ¡Que rico huele!

Aunque le costaba lo suyo para recordar, Mateo estaba recordando aquellos buenísimos momentos junto a Juliana. Pero se echó las manos a la cabeza. Juliana se escapó y encontró el coche de sus compañeros.

Entró al coche, y Mengu sin pensárselo arrancó. Se fueron del hospital. Al salir de allí vieron como un coche entraba.

Cristina: Nuria, ¡para! ¿Ese no es el coche de Mengu?

Nuria: No lo sé, tú sabrás que has estado con ellos, ¿no?

Al pasar su coche justo al lado de ellos, pudieron observar que en los asiento de atrás se encontraban Satsuka y Juliana.

Cristina: Si, son ellos. ¡Corre!

Juliana abrió la caja, y se trataba del trozo del amuleto que tenía su madre escondida.

Satsuka: Ya tienes dos trozos del amuleto.

Juliana: Si, pero…

Juliana les contó a sus amigos lo sucedido.
Mengu: Es increíble la sangre fría que tiene esa anciana arrugada. Lo siento mucho por tu madre.

Satsuka la abrazó fuertemente, y le dio unas caricias en el brazo derecho de su amiga.

Satsuka: ¿A dónde vamos ahora?

Juliana miró a su izquierda y pudo leer un cartel que ponía: Caño Zurraque.

Mengu: Estamos llegando a una ciudad que se llama San Fernando. Aquí creo que estaremos seguros por el momento.

Satsuka: No creo, nos siguen.

Satsuka miró por detrás de ellos que venía un coche. Se trataba de Pedro y Mateo, y pudo ver que en el asiento de detrás se encontraba la malvada Noemí.

Juliana: Mengu, para ahí.

Mengu paró en una gasolinera muy cerca de la entrada de la ciudad y Juliana se fue corriendo.

Satsuka: ¡¡Para!! ¡Juliana! ¿A dónde vas?

Juliana se fue corriendo en dirección a un puente que se llamaba, el Puente Zuazo. A lo lejos podía ver un embarcadero en mitad de un paseo marítimo. Se dirigió hacia allí. Mengu paró el coche en el paseo marítimo. Él y Satsuka se acercaron al lugar donde se encontraba su amiga. Una amiga con la mirada muy fija al horizonte. Los tres pudieron observar que la marea del río se encontraba muy alta.

Mengu: Vamonos de aquí. Juliana, aquí no estás segura.

Satsuka: Juliana, Mengu tiene toda la razón. Vámonos.

Juliana tenía en sus manos los dos trozos del amuleto. En ese mismo momento llegó un coche que se trataba de Pedro, Mateo y Noemí.

Juliana: Si tiro esto al río, todo se terminará. Nadie encontrará estos dos trozos del amuleto.

Noemí: ¡No te atrevas! No las vayas a tirar al agua.

Juliana movió su cabeza a donde se encontraba Noemí, Mateo y Pedro. Comenzó a llorar como nunca había llorado.

Juliana: Si me atrevo, ¡tú eres una pedazo hija de puta! ¡Tanto daño! ¡TANTO DAÑO QUE HAS HECHO A MI FAMILIA! ¡ERES UNA HIJA DE PUTA!

En ese mismo momento había llegado otro coche que era conducido por Pascual, y a su lado estaba amarrado Carlos, el padre de Mateo.

Mateo: ¡PAPÁ! ¿Te han traído?

Noemí: Pascual, saca tu pistola. Y apúntalo a la cabeza de Carlos.

Pascual: ¿Cómo?

Mateo: Noemí deja a mi padre, él no tiene culpa de nada.

Noemí: ¡Te callas! Pascual tú me obedeces.

Pascual: Si.

Pascual lo dijo con un tono silencioso.

Noemí: Como ella tire esos dos fragmentos al río, tu padre morirá Mateo.

Mateo: ¡Hazle caso, chica! Dale esos dos fragmentos, por favor.

Pascual le guiñó un ojo a Carlos. Pascual sacó una navaja y desató a Carlos. Carlos se abalanzó sobre Noemí.

Noemí: ¡ARGG! ¡QUE HACEÍS!

Pascual: Juliana corre vete.

Juliana: ¡No!

Juliana cogió esos dos fragmentos y se los tragó.

Todos se quedaron asombrados al ver lo que hizo Juliana. Le costó un poco tragárselo, pero lo consiguió.

Noemí: ¡Que has hecho burra! ¡SOLTARME!

Noemí empujó a Carlos contra la barra que sujetaba el embarcadero, y cayó al suelo.

Mateo: ¡Padre!

Mateo fue a la ayuda de su padre. Pedro se encontraba estaba muy nervioso por todo lo que estaba sucediendo. Sacó de su chaqueta una pistola.

Pedro: ¡Imbécil niñata!

De repente empezó a llover de manera brusca por aquellos alrededores donde todos se encontraban. Pedro apuntaba directamente hacía Juliana. Estaba a punto de apretar el gatillo, pero antes de hacerlo otro coche había llegado. Se trataba de Nuria y Cristina.
Cristina salió corriendo hacía la ayuda de su amiga, bajó hacía el embarcadero. Pedro apretó el gatillo y Cristina se puso entre la bala y Juliana. Cristina cayó al agua empujando con ella a Juliana que le dio un golpe en todo el pecho. Ambas cayeron al río, y todos vieron como la bala penetró en el cuerpo de Cristina en cámara lenta. Nadie se creía la valentía de la chica.

Juliana tenía los ojos abiertos. Veía como el agua tapaba su cuerpo y el de su amiga que quedó totalmente inundada. Pudo ver como su cuerpo segundos más tarde se encontraba dentro del agua, no podía aguantar más la respiración. Antes de cerrar los ojos, pudo ver de manera borrosa una mano en el agua que le agarró y ayudándola de esta manera salir de allí.

Salió del agua y vio el rostro de la persona que le había sacado, se trataba de Mateo.

Después de la lluvia intensa, empezó a hacer viento. Sobre la cabeza de Mateo se le vino a la mente cuando se encontraba de pequeño agarrándose en una rama de un árbol, y podía ver esos ojos claros y esa larga melena rubia de Juliana en su casita del árbol.

Mateo: ¡ARRRGG! ¿Cómo? ¡NOOOOOOOO!

Juliana: ¿Ma…te…o? ¿Eres tú?

Ella al fin se dio cuenta de quien se trataba él. El dolor de Mateo, había terminado. Y pudo ver al fin con claridad el rostro de su amiga de la infancia.

Mateo: ¿Juliana? ¡PÉRDONAME!

Juliana: No…, te preocupes. ¡ARG!

Sentía un gran dolor en el pecho debido al golpe que ha recibido por parte de su amiga al empujarla. Pero no pudo aguantar más ese dolor y cayó inconsciente.

Mengu había entrado en el barro y luego en el agua para sacar a una Cristina muy mal herida.

Mateo: ¡JULIANA! ¡DESPIERTA!

Mateo se acercó a los labios de Juliana, y la besó.

Mateo: ¡Te he echado de menos! ¡Despierta, por favor!

Noemí: ¡PEDRO!

Pedro: ¡Dime señora!

Noemí: ¡VÁMONOS! ¡YA NO TENEMOS QUE HACER NADA AQUÍ, ESTO ES ABSURDO! ¡VÁMONOS!

Pedro se acercó a Noemí, toco su brazo y ambos desaparecieron de la escena. Deslumbró toda aquella zona con una luz morada, y debido a tal destello todos cerraron los ojos.

Mateo: ¡Me vengaré! ¡Maldita!

Carlos se acercó a su hijo y lo abrazó. Ambos poseían una gran impotencia que no paraba de entrar en sus cuerpos.

Esta escena termina con Cristina muy mal herida en brazos de Mengu junto una Satsuka llorando a su lado y Nuria muy asustada por todo lo ocurrido. Pascual levantó a su nieta con los dos brazos, pero ella aún no sabe que es su abuelo. Comenzó a llover nuevamente por todo el lugar, y apenas se pudo distinguir las lágrimas en los rostros de Mengu y Satsuka. Cuando todos salieron del embarcadero, seis coches de policías le rodearon y un par de ambulancias.

Satsuka: ¡Esto es una enorme locura!

Pascual que sujetaba a su nieta con los dos brazos, necesitó la ayuda de Mateo para meterla en la ambulancia.

Mientras tanto en la universidad. Carmelo se encontraba solo en su despacho, en su mano derecha sujetaba una taza de café y con la mano izquierda cogió el teléfono móvil que estaba sonando en ese preciso momento. Al escuchar lo que le decían, no tenía fuerzas para sujetar la taza de café y esta cayó al suelo.

Carmelo: ¡NO! ¡Mi hija!

Carmelo cayó al suelo llorando desesperadamente, y con tanta desesperación e impotencia tiro todos los documentos, los muebles y las sillas al suelo.

Carmelo: ¡JULIANA! ¡NOOOOOOOOOOOOOOOO!

Final y cierre de la primera temporada de la Amanplesna.

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