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La Amanplesna. Capítulo 5: La huida.

¡Hola!

Llegamos al penúltimo capítulo de esta aventura de la Amanplesna en su primera temporada. En esta ocasión vamos a ver una huida interminable de nuestra protagonista Juliana en busca de su madre y de algunas respuestas que muy pronto serán contestadas. Por otro lado Cristina nos sorprenderá con algunas cosas que nos va a dejar con la boca abierta, conoceremos una nueva faceta de este personaje.

Disfrutar mucho de este quinto capítulo.

Un saludo.

La Amanplesna. El Secreto de una Familia. Temporada 1. Capítulo 5: La huida.
  • Sinopsis: En este penúltimo capítulo vamos a ver como Juliana se marcha de su casa para afrontar a una búsqueda, la búsqueda de su madre. A raíz de ahí podremos ver una nueva faceta de la amiga íntima de nuestra protagonista, Cristina. ¿Qué planes está llevando a cabo? ¿Perjudicará a nuestra protagonista? Muchas más preguntas y sus contestaciones en este nuevo capítulo.
  • Descarga: Pincha aquí para descargar el quinto capítulo en formato pdf.
La Amanplesna. El Secreto de una Familia. Temporada 1. Capítulo 5: La huida.

El día se estaba acabando para Juliana un tanto extraño por un lado había conocido a un señor que decía que era su abuelo y por otro lado había leído una de las cartas que había pasado milagrosamente por debajo de la puerta, y por curiosidad la abrió y se puso a leerla, no daba crédito a lo que leía, se trataba de una carta que su padre había escrito a su madre. Averiguó que la carta iba dirigida a su madre, una vez que había averiguado a quien iba dirigido se dispuso a ver la dirección del remitente donde ella supuso que aquel sería el lugar donde se encontraría su madre. Para ello solo le faltaba una única cosa, el medio de transporte que la llevase hacía su madre.

Minutos más tarde de lo sucedido, su amiga Cristina, se dirigió al cuarto de baño, cogió su móvil y se puso en contacto con una persona, concretamente con Pascual. ¿Qué relación tiene Cristina con Pascual?

Una vez terminada la conversación del móvil, Cristina se dirigió a la habitación de Juliana.

Cristina: ¿Algún plan?

Juliana le contó a su amiga todo lo que iban a hacer, una vez que le había contado el plan llamó a su amigo Mengu. Un muchacho de unos 20 años de edad que tenía carné de conducir para que las llevara a Madrid.

A la mañana siguiente todo transcurrió muy seguidamente. Muy temprano nuestra protagonista se levantó de la cama, al lado de la cama tenía preparado desde anoche un bolso, no muy grande, de ropa. Además del bolso grande tenía un bolso más pequeño en su interior con montones de accesorios: maquillaje, tiritas, tijeras, y hasta tinte para el pelo. Una chica muy preparada.
El reloj de su mesilla marcaba las cinco y cuarto de la mañana, en la luz del cielo aún se veía las estrellas de una noche fría.

Juliana con delicadeza abrió la puerta de su casa y tres calles más abajo pudo apreciar como llegaba un coche. Se trataba de su amigo, Mengu. Reconoció el coche de su amigo, un Seat Ibiza de color gris. Cuando el coche había parado Mengu salió del coche para ayudar con el bolso a su amiga. Su amigo tiene la piel morenita, es de origen africano y tenía unos pelos rizados con greñas. Del lado de copiloto salió otra persona, se trataba de Satsuka. Una chica oriental muy guapa de unos 19 años de edad.

Tanto Mengu como Satsuka, son compañeros de Juliana de la facultad.

Satsuka: ¿Cómo estás cari?

Satsuka, habla perfectamente el español. Pues se crió desde muy pequeñita en España. Es hija adoptiva de dos padres españoles.

Mengu: He corrido como un rayo a tu llamada, no me creo que te vayas a marchar.

Mengu cogió los bolsos y los tres se dispusieron a marcharse hacía el coche. Juliana desvió la mirada a su casa, y se puso muy triste, pero luego con cara aventurera se puso en frente y prosiguió su camino. Unos minutos más tarde, Mengu metió en el maletero el bolso grande de Juliana.

Juliana: Es una historia un tanto larga, mejor os lo cuento por el camino. Oye, ¿dónde se encuentra Cristina? ¿No iba a venir?

Satsuka: Si, iba a venir. Pero me llamó hace una media hora de que se tiene que marchar a un pueblo.

Mengu: De todos modos, nos comentó que la recogiéramos allí. Nos pilla de camino a Madrid.

Juliana: Bien.

Mengu: Y ya de paso pararemos en ese pueblo para hacer una parada para desayunar.

Satsuka: Pues menos mal, pues tengo las tripas del estómago bailando salsa.

Los tres sonrieron al pesar del gran sueño que tenían.

Mengu: Oye, Juliana. ¿Tu padre no sabe nada?

Juliana: No te preocupes por él, le he dejado una nota.

Minutos más tarde el coche arrancó rumbo a Madrid. En busca de la madre de Juliana. Juliana se tocó el pecho, tenía alrededor del cuello un collar, en el que sujetaba su trozo del amuleto. Quería llevarse un recuerdo de la casa y se lo llevó para recordar de este modo a su padre. Pero lo que no sabe nuestra protagonista es que su madre es poseedora de otro amuleto.

Horas más tarde, nuestros amigos llegaron al pueblo donde se encontraría Cristina. El coche paró en la gasolinera del pueblo.

Juliana: Necesito ir al servicio.

Mengu: ¿Os podéis creer que he perdido el papel donde tenía apuntado la dirección y el bar donde estaría Cristina? Es que supuestamente ahí es donde la tendríamos que recoger.

Satsuka, se tocó la palma de la mano derecha en la cabeza.

Satsuka: ¡Tooooooooorpe!

Juliana: Bueno Mengu, no te preocupes. Tu mientras que lo sigues buscando yo voy a ir al servicio más cercano, ¿de acuerdo?

Mengu: Venga no tardes, en cuanto encuentre el papel y recoja a Cristina, nos marchamos a Madrid.

Juliana: De acuerdo.

Juliana salió del coche y se acercó a los cuartos de baño de la gasolinera pero se encontraba una limpiadora limpiándolos. Se adentró pueblo a dentro en busca de unos cuartos de baño. El pueblo era muy pequeño, seguro que encontraría un lugar pronto y eso la animaba. Había un señor muy anciano con su bastón y su boina, sacando a su perro y ella interrumpió su camino.

Juliana: Buenas días, señor.

Anciano: Buenos días, ¿qué te pasa florecilla?

Juliana: Disculpe, ¿sabes un lugar donde haya un servicio?

Anciano: Si claro, se encuentra en la calle de los remedios. Hay un bar que se llama, “Bar de las luciérnagas”. Se encuentra justamente subiendo esta calle y a la primera calle que te encuentres a la derecha, ahí.

Juliana: Mucha gracias.

Anciano: De nada.


Nuestra amiga, tuvo que correr un montón y al fin logró encontrar el bar. Se sujetó contra la pared del camino, y pudo escuchar como su respiración iba disminuyendo. Pero unos segundos más tarde se recuperó.

Juliana: El bar de las luciérnagas, al fin.

Y entró muy aliviada al dichoso bar.

Unas calles para abajo, se encontraba Cristina con Pascual, el abuelo de Juliana.

Cristina: ¿Se encuentra bien? ¿Cómo se encuentra mi tío Carlos?

Pascual: Ayer le eché un vistazo, y se encuentra muy bien. Pero por muy poco tiempo, Noemí está muy furiosa.

Cristina: Maldita lagarta.

Pascual: Ten cuidado, no vaya a aparecer detrás de ti. Y mi nieta, ¿cómo se encuentra?

Cristina: Estupendamente, pero me da rabia no ayudarla con lo de su madre.

Pascual: De todos modos gracias por decirnos que os dirigís para Madrid, la verdad es que se va a llevar una gran decepción al averiguar que allí no se encuentra su madre.

Cristina: ¿Y porque lo habéis hecho? ¿No querías que se reencontrara con su madre?

Pascual: Es que si se reencuentra con su madre, Noemí se enfadaría mucho. Y ya tenemos suficiente, no quiero que tu tío sufra más. Pero para ello tengo otro plan, espero que los Revlis no me descubran.

Cristina: Tranquilo, Noemí y sus secuaces estarán a lo mejor ocupados con otros temas. Sobre el plan, espero que funcione. ¿Y mi primo Mateo? ¿Dónde se encuentra?

Pascual: Ahora mismo se encuentra con Pedro, su ayudante. No andará muy lejos.

Cristina: Dale recuerdos míos, ¿vale?

Pascual: Se los daré. ¡Oye!, ¿hace frío, verdad?

Cristina: Cierto, ¿por qué no vamos al bar de las luciérnagas? Es allí donde he quedado con mis amigos para que me recojan.

Pascual: De acuerdo. Vamos a tomarnos un chocolate calentito.

Cristina y Pascual se sentaron en una mesa que se encontraba muy cerca de los servicios. Juliana había acabado en el cuarto de baño y pudo ver al señor misterioso que le llamó a la puerta de su casa y a su amiga Cristina.

Cristina: ¿Y si descubre que su madre no está allí?

Juliana se echó para detrás y se escondió en una cabina de servicio más cercana a ellos.

Pascual: Pues volverá a no tener nada, y se enojará tanto y regresará junto a su padre.

Juliana, susurrando en voz baja.

Juliana: ¿Mi madre no se encuentra en Madrid?

Pascual: Cristina, es mejor que la sigas investigando y me cuentes todos los pasos que hagáis. Es lo mejor para todos.

Cristina: ¿Dónde se encuentra su madre ahora?

Pascual: Es que no te lo puedo contar, pero si te lo digo no se lo cuente a ella, ¿de acuerdo?

Cristina: Te lo prometo.

Pascual: Se encuentra en un hospital del sur, concretamente en el hospital de Puerto Real, en Cádiz.

Cristina: ¿Tan lejos?

Pascual: Si.

Juliana al escuchar lo último que había dicho Pascual, aceleró y se fue corriendo de aquel lugar y se chocó contra un camarero que tenía una bandeja de tazas de café. Se levantó corriendo y prosiguió su camino corriendo nuevamente.

Cristina: ¿JULIANA? ¡JULIANA!

Ambos se quedaron de hielo al ver como Juliana se iba corriendo hacia afuera.

Cristina: ¿Estaba aquí en el bar? ¿Y que mosca le habrá picao?

Pascual: Ni idea, ve tras de ella. Y haber que le ocurre.

Cristina: Venga, gracias por todo. Te mantendré informado.

Pascual: Adiós.

Cristina salió corriendo tras su amiga.

Cristina: ¡Juliana! ¡PARA! ¿QUÉ TE PASA?

Juliana, muy asustada miraba para detrás. De repente siente como su cuerpo dejó de responderla y cayó hacía el suelo rápidamente haciéndose daño en las rodillas. Con las pocas fuerzas que le quedaba se escondió entre los contenedores de basura que había por el camino. Cristina a toda velocidad iba camino hacía abajo en la búsqueda de su amiga.

Minutos más tarde cuando ya pudo levantarse Juliana, prosiguió su camino hacia el coche de Mengu. Juliana había llegado antes que Cristina al coche, y se metió dando un gran portazo al coche. Allí estaba durmiendo Satsuka, y Mengu estaba limpiando la parte delantera del coche.

Mengu: ¿Qué ocurre?

Juliana: ¡ARRANCA! ¡MENGU! ¡¡ARRANCA!!

Mengu: ¿Y Cristina?

Satsuka: ¿Qué pasa?

Se estaba despertando.

Juliana: ¡¡¡ARRANCA!!!

El coche arrancó y cuando llegó Cristina, el coche ya se había ido.

Cristina: ¿Por qué se han ido? ¡NO LO ENTIENDO! ¡JODER!

En la casa de Juliana su padre había descubierto la nota que su hija le había dejado encima de su mesilla de noche, y lo lee:



¡Hola Papá!

Me voy de casa y es mejor que no
te cuente a donde me he marchado.
Pronto tendrás noticias mías, gracias
por todo.

Nos volveremos a ver.

Juliana.

Al terminar de leer la carta, su padre se alarmó. No sabía que hacer en ese preciso momento.

Carmelo: ¡Joder! Se ha escapado de casa, es mejor que la busque.

Pero de repente alguien entró en la casa, se trataba de Nuria, la hermana de Carmelo.

Nuria: No hace falta que la busques, sé a donde se ha ido.

Carmelo: ¿Cómo?

Y de repente apareció Cristina detrás de Nuria.

Media hora antes de presentarse en la casa de Juliana. Cristina, volvió a donde se encontraba Pascual. Muy asustada y enojada.

Pascual: ¿Qué ha pasado?

Cristina: Se han ido sin mí. ¡JODER! ¡JODER! ¡JODER!

Pascual: ¿Qué pasa?

Cristina: Ya sé lo que ha pasado.

El rostro de Cristina se la cambio, tenía una cara de preocupación.

Pascual: ¿Cómo?

Cristina: Creo que se ha enterado de nuestra conversación y se dirige para Cádiz.

Pascual: ¿Cómo? Es muy peligroso que vayan allí.

Cristina: Pues ya están de camino. Yo tengo un plan, te mantendré informado.

Entonces Cristina contó todo lo que había pasado a Carmelo y a Nuria, incluyendo también sobre el secuestro de su tío Carlos.

Carmelo: ¿A Cádiz? ¿Mi hija?

Nuria: Hermano, no te preocupes, ya te llamaré con lo que sea. ¡Vámonos Cristina!

Carmelo: ¡NO! ¡YO VOY!

Nuria: ¡NO QUIERO QUE TE PASE NADA MALO, MALDICIÓN!

Dijo furiosa, Nuria.

Carmelo: Ya sabía yo, que Pascual no era trigo limpio.

Cristina: Pero lo está haciendo por mi tío, Carmelo.

Carmelo: No lo creo.

Nuria cogió del brazo a Cristina, y se marcharon.

En un desguace de coches, Noemí entró en una habitación donde se encontraba Carlos, con un móvil en la mano.

Noemí: ¡Tu sobrina es una pedazo de inútil! Nos vamos para Cádiz. ¡COGERLO!

Entraron dos hombres anchos de cuerpo y se lo llevaron a cuesta.

Noemí: Esto no va a quedar así, ¿qué se ha creído? Tengo que ir al hospital antes que Juliana. Gracias Pedro por la información.

A las afueras de la casa se encontraba a escondidas detrás del jardín Mateo y Pedro. Pedro se encontraba colgando el móvil. Y Mateo tenía una cara de preocupación, ¿por qué tiene esa cara de preocupación?

Continuará…

No te pierdas el último capítulo, de la primera temporada.

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