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La Amanplesna. Capítulo 3: Las verdades siempre duelen.

¡Hola!

Después de poneros hace muy pocos días el capítulo segundo, ya teneís a vuestra entera disposición el capítulo tercero donde la cosa va calentando motores poco a poco. En este capítulo conoceremos muchísimos más nuevos personajes y además la reacción de Juliana frente a la verdad de que su madre aún sigue viva.

Disfrutar mucho de este tercer capítulo.

Un saludo.

La Amanplesna. El Secreto de una Familia. Temporada 1. Capítulo 3: Las verdades siempre duelen.
  • Sinopsis: En este nuevo capítulo podremos ver como reacciona Juliana al enterarse de la existencia de su madre. Una reacción que el padre de Juliana deberá de afrontar y decir toda la verdad a su hija. Por otro lado conoceremos en profundidad nuevos personajes que tendrán un papel fundamental en este capítulo.
  • Descarga: Pincha aquí para descargar el tercer capítulo en formato pdf.
La Amanplesna. El Secreto de una Familia. Temporada 1. Capítulo 3: Las verdades siempre duelen.

Llegaba el atardecer y en mitad de un bosque frondoso un coche iba a toda velocidad por unos carriles arenosos. El coche se paró en seco en mitad del bosque, del coche se bajaba de manera lenta, Mateo. Aún perduraba en él un gran dolor de cabeza.

Mateo: ¡Joder! Me duele cada vez más. ¡ARRGG!

Detrás suya y sin esperárselo apareció una persona de aspecto corpulento, y tenía un bigote muy poblado.

Pedro: Veo que recibiste mi llamada.

Mateo: Si. ¡Argg!

Mateo aún seguía quejándose del dolor de cabeza y tenía sujeta las dos manos en ella.

Pedro: ¿Qué es lo que te ocurre si se puede saber?

Mateo: Nada no te preocupes, ¿dónde se encuentra nuestra señora?

Pedro: Sabes muy bien que nuestra señora no se anda de chiquitas, y ya deberías de saber que es muy exigente. ¿Has traído eso?

Mateo: Aún no, no he podido entrar en la casa. Pero pronto tendré la pieza. Además, tenemos en nuestro poder dos piezas.

Pedro: No, de momento tenemos la que robamos a esa mocosa y a su padre. Pero la segunda, pronto la tendremos. De eso se está encargando nuestra señora. No debes de olvidar nunca que ese padre y esa chica tienen aún en su poder una pieza más. Y ahora mismo sabemos que alguien cerca a ellos deben de tener la otra pieza.

Mateo: Ya veo, una nosotros. Una aún la tiene ellos, y la tercera esa persona cercana a ellos y la cuarta pronto la tendremos.

Pedro: Así es. Pareces que te estás mejorando del dolor de cabeza.

Mateo: Se me está pasando. No sé lo que me ocurre, fue al ver a esa chica.
Pedro: ¿A la hija del profesor?

Mateo: Exacto. Es como si la hubiera visto antes, en otro momento.

Pedro y Mateo, siguieron caminando por el bosque y llegaron a una casa abandonada y dentro de ella se hallaba repisas viejas, una gran mesa y encima de la mesa se encontraba sentada y con las piernas cruzadas una mujer. Pero por la oscuridad apenas se podía ver.

¡TOC, TOC!

Pedro abrió la puerta con su enorme barriga.

Pedro: ¿Se puede mi señora?

Al entrar en esa pequeña y horrenda cabaña, se podía escuchar el silbido del viento entrar por las ventanas resquebrajadas del lugar y el interminable silbido del viento que circulaba por los árboles de los alrededores. De repente una voz de una mujer de unos 48 años se hizo escuchar.

Noemí: ¡Entrad!

Pedro y Mateo, se arrodillaron ante ella.

El viento movió la cortina de la ventana, y así entró un poco de claridad a esa oscura cabaña.

Noemí, era de aspecto muy fina, pelo corto rubio rizado con mechas negras. Nariz muy fina y una pequeña cicatriz en su cachete izquierdo. Pero iba muy elegante, con un gran traje oscuro largo que le llegaba hasta los tobillos.

Noemí: Llegáis diez minutos tarde, como siempre.

Mateo y Pedro, se volvieron a levantar.

Pedro: Perdona mi señora.

Noemí: ¡Cállate!, alcachofa.

Mateo: Mi señora, traigo en la cámara unas fotos muy buenas. Y aunque no haya traído la pieza que nos pediste tenemos el lugar donde reside esa chica con su padre.

Noemí: Al menos es algo.

Se acercó al rostro de mateo, y sus largos y finos dedos acarició los labios de Mateo.

Pedro: Señora, ¿aún no nos va a decir para que quieres entrar en esa gruta?

Noemí, se acercó a Pedro y le jaló fuertemente del bigote y este se tocó por el dolor.

Noemí: Tiempo al tiempo. Aún debo de convencer a un viejo amigo, para poder conseguir esa pieza que tiene esa tipeja.

Pedro: ¿Quién es esa tipeja?

Noemí: No es asunto tuyo, ¡Maruja!

Mateo: Mi señora, ¿nos retiramos?

Noemí: Si retiraros de momento, revélame esas fotos para poder verlas. Pero quiero esa pieza pronto, si no quieres que cierta persona sufra.

Mateo: Por favor, a mi viejo padre no le hagas nada.

Noemí: ¡MARCHAROS!

Noemí se quedó sola en la vieja cabaña.

Noemí: (Susurrándose a sí misma) De momento es mejor que esté más callada. No debo revelar donde se encuentra su padre. Si no quiero fastidiar los planes.

De repente se escuchó un sonido muy horripilante, y todos los cristales que había en esa habitación se rompieron en montones de añicos. Noemí, tenía sus dos manos tapándose sus orejas por el sonido.
Minutos más tarde de la oscuridad de la cabaña apareció una sombra abstracta que se movía por todo el suelo.

Noemí: Ya estas aquí. No me esperaba tu visita.

Noemí estaba muy nerviosa. No paraba de tocarse el pelo.

La sombra se paró delante de Noemí, y se levantó cogiendo forma de una persona encorvada y con una piel muy arrugada.

Anciana: Llegó el momento de volver a mi cuerpo, gracias a las almas de varias personas ya puedo mantener mi cuerpo de carne y hueso, pero por poco tiempo.

Noemí se arrodilló.

Noemí: Mi señora, es una gran alegría el verte por fin. Aquí estoy en el lugar que me indicaste.

Anciana: ¡Has hecho muy bien! Pero no podré mantener mi cuerpo más de dos lunas.

Noemí: ¿Dos lunas?

Anciana: Dos noches. Necesitaré el contenedor de otro cuerpo y creo que ya he encontrado el cuerpo perfecto.

Noemí muy asustada se echó para detrás, poco a poco retrocedía. Tenía mucho miedo.

Noemí empezó a gritar y en su voz se podía encontrar miedo y por supuesto terror.

Noemí: ¡MI SEÑORA! ¡HE HECHO TODO LO QUE ME ORDENASTE!

La figura de la vieja anciana volvió convertirse en una sombra y esta sombra subió poco a poco por el cuerpo de Noemí, intentaba quitárselo con todas sus fuerzas la sombra como si se tratara de una prenda de vestir.
La sombra llego a la parte de la cabeza y entró por la nariz. Minutos más tarde se quedó paralizada y bajo su cabeza, al rato después volvió a levantar su cabeza y tenía los ojos totalmente en negros. Pasaron unos segundos y volvieron los ojos azules de Noemí. Desde su boca se podía escuchar una voz distorsionada.

Noemí: ¡Parece que lo he conseguido! (Con voz distorsionada)

Levantó su mano derecha, y de ella salió una bola de luz de color violeta y se la tragó.

Noemí: Mejor así, con la voz de Noemí. Nadie se extrañará. Ahora sí. Es hora de conseguir lo que más deseo, La Amanplesna. Para un propósito muy importante, la inmortalidad.

Se miró a unos cristales rotos que estaban en el suelo.

Noemí: Me vas a ser muy útil. ¡Noemí!

Al otro lado de esos cristales rotos se encontraba la verdadera Noemí. Su cuerpo y alma, se hallaba en un mundo paralelo entre las sombras y la oscuridad. Sus dos manos se encontraban amarradas por una tela de araña. Noemí estaba bastante asustada.

Noemí: Sé que no puedes hablar, pero tengo en tu cabecita todo lo que querías a hacer a ese tal Carmelo y a su hija. Y esa hija precisamente sé como tratarla.
Gracias a su torpeza no pude conseguir la Amanplesna que iba a conseguir ese caballero, pero ahora necesitaré la Amanplesna. Y así, conseguir la inmortalidad. ¡MUAJAJAJAAJAJAJAJAJAJAJ!

Una gran risa de una mujer con mucha maldad se escuchó por todo el bosque, ¿cuáles serán sus próximos planes?

Mientras tanto en la casa de nuestra protagonista, aún queda en suspense lo que Juliana había descubierto, la existencia de su madre, Julia.

Juliana: ¿No estaba muerta?

Y en la otra mejilla se le cayó otra lágrima.

Cristina: Juliana, que te pasa. ¡Habla! ¡Juliana! ¡Habla!

Nuria y Carmelo, se acercaron a donde estaban Cristina y Juliana.

Carmelo: ¡Mierda! Se acabó enterándose.

Cristina: ¡Háblame! ¡Juliana! ¡HÁBLAME!

Juliana se acerco poco a poco a la cara de su padre. Su melena plateada tapaba un poco su cara y con su mano derecha lo retiro. Y se dispuso a hablar a su padre.

Carmelo: Hija.

Nuria: Juliana, te lo íbamos a contar tarde o temprano. No estés así.

Juliana dirigió su mirada a los ojos de su padre.

Juliana: Como que no has tenido la educación de decirme que mi madre está viva.

Carmelo: Hija te lo quise contar, pero...

Juliana paró a su padre, cuando ella cogió con fuerzas el brazo derecho de su padre.

Juliana: No mires para debajo, padre.

Hubo un gran silencio.

Juliana: Que sepas que moveré cielo y tierra para encontrar a mi madre. Y no quiero que te entrometas para nada.

Juliana se marchó a su habitación y cerró la puerta. Su amiga Cristina llamó a la puerta, pero ella no la respondía.

Carmelo: Déjala, es normal que no quiera hablar con nadie en estos momentos. Ha sido un gran golpe para ella.

Cristina: De acuerdo.

A la mañana siguiente nos encontramos con Carmelo en su despacho de la facultad y removiendo papeles. Trabaja como profesor en la facultad de Salamanca, y de profesor de historia.

Hilario: ¿Aún andas liado con la dichosa plantita? ¿Qué tal han ido las clases?

Carmelo: Muy bien, pero no con muchos ánimos.

Hilario: ¿Qué te ocurre?

Carmelo se dispuso a hablar a Hilario de todo lo que aconteció el día anterior.

Hilario: Entonces eso es lo que ha pasado, vaya. Lo siento. Se ha enterado de una manera muy mala.

Carmelo: Lo sé, pero lo que no sabe mi hija es que estoy harto de mandarle cartas a su madre, pero no recibo ninguna contestación por su parte.

Hilario: ¿Dónde se encuentra ella? Si tienes su dirección, sabrá donde se encuentra, ¿no?

Carmelo: Por supuesto, se encuentra en Madrid capital. En una clínica de salud mental.

Hilario: ¿Por qué está allí?

Carmelo: Por favor, compañero. No hablemos de este tema ahora, ¿vale? Me gustaría seguir trabajando en la Amanplesna. Creo que pronto averiguaré el lugar donde se encuentra ubicada la gruta.

Hilario: Te deseo mucha suerte.

Carmelo: Gracias compañero.

En la casa de Juliana, ella se encontraba tumbada en la cama y Cristina llamó a la puerta de su casa. Y se levantó para abrir la puerta.

Cristina: Espero que no estés tan enojada hoy.

Juliana: ¡Ah, hola!

Cristina: ¿Estás mejor? Te traigo los apuntes de hoy.

Juliana: Un poco, gracias. Tengo muchas ganas de salir de aquí. Quiero ir a clases y ver a mis compañeros y compañeras de nuevo.

Cristina: Prontito, tú ya sabes que tu padre te tiene aquí en tu casa por tu salud. Llevas unos meses que tu vías respiratorias no están muy bien.

Juliana: Lo sé, lo sé. Pero quiero salir de aquí, a parte de estar con mis compañeros de clases. También es para averiguar el lugar donde se encuentra mi madre.

Cristina: Debes de olvidarlo, debes de pensar quien te ha protegido durante todo este tiempo.

Juliana: Pero nunca supe lo que es el amor de una madre. Mi padre me comentó muy poco sobre ella, solo que mi madre se murió cuando ella me dio luz a mí.
Cristina: ¡Anímate! Puedes contar conmigo para lo que quieras. Y ahora...

Cristina puso la lengua de lado por fuera de la boca.

Cristina: Vamos a zamparnos unos ricos helados de chocolate que tienes en la nevera. Aunque no puedas cogerle el gustillo, al menos podrás saborearlos.

Y Cristina sacó unas sonrisas a su amiga. De manera repentina Juliana abrazó a su amiga.

Juliana: No sé que haría sin ti, en serio.

Cristina: No llores. Lo que yo más deseo en este mundo es que te recuperes de todo lo malo, y cuando lo hagas nos vamos a dar un viaje por todo lo alto. Y allí conoceremos chicos guapos. ¡Yujuuuuu!

Saltó de alegría y apretando fuertemente a su amiga.

Juliana y ella empezaron a saltar. Y se escucharon montones de risas por toda la habitación.
Por fuera de la casa concretamente no se escuchaban risas sino el llegar de un coche gris. Del coche salió un señor de edad muy avanzada, de unos 52 años de edad. Tenía unas gafas oscuras y era canoso. Su físico era normal. Llevaba una camisa blanca con rayas de color naranja. Y llevaba un pantalón de color crema. En las manos llevaba un manojo de cartas postales, unas abiertas y otras cerradas.

Pascual: Aquí debe de ser la casa. ¡Es enorme!

El hombre misterioso llamó a la puerta.

¡DING, DONG!

Pascual: No sé que hará mi yerno, con tanta casa.

Dentro de la casa.

Juliana: Cristi, ve por los helados y déjalos sobre la mesa del salón, vamos a ver ahora una película. Aunque no pueda saborearlos, podré saborear de tan buena película que vamos a ver, jejeje. Voy a abrir la puerta, no me tardo.

Cristina: ¡De acuerdo, guapísima! No tardes.

Juliana abrió la puerta y allí se encontró con aquel señor canoso.

Juliana: ¡Buenas tardes, señor! ¿Deseas algo?

Pascual, se quedó sorprendido.

Pascual: ¿Nieta?

Pascual no pudo aguantar más y rápidamente la abrazó. Y revoleó las cartas por el suelo.

La cara de Juliana se quedó blanca y tenía los brazos hacía abajo, estaba muy sorprendida, pues estaba a punto de conocer a su abuelo, el padre de su madre.

Continuará…

No os perdáis detalles del próximo capítulo.

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