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La Amanplesna. Prólogo & Capítulo 1. ¡Estreno!

¡Hola a todos/as!

Ha pasado mucho tiempo desde que empecé con una primera versión no terminada de esta historia. Esta vez os vuelvo a traer esta última historia que escribo titulada la Amanplesna, desde su prólogo hasta el final en una nueva versión mejorada. He añadido algunas que otras cosillas que he visto que se podría añadir para que la historia tuviera mejor pinta, y luego algunos fallos que he visto de la versión anterior y que hace que esta sea mucho mejor y tenga más sentido.

No pretendo que esta historia sea la mejor de todas y ni mucho menos publicarla, pues esa no es mi intención. Mi intención principal es haceros llegar una historia traida de mi imaginación para todos vosotros y vosotras, y que podaís disfrutarla de manera cómoda por internet. No pretendo tampoco que sea la mejor, pues algunos errores os podreís encontrar pero si quiero haceros llegar cada letra, cada palabra y cada acción de los personajes con mucho cariño a todos vosotros.

Espero que disfruteís mucha de la historia que hoy día 24 de Abril comienza. Y a todos que me estuvieron animando desde un principio ya sea por el blog, por email, por messenger o por otra vía. Gracias. Os estaré siempre muy agradecido.

Disfrutar esta primera temporada con mucha pasión. Comenzamos.

Un saludo.

La Amanplesna. El Secreto de una Familia. Temporada 1. Prólogo & Capítulo 1: La mudanza.
  • Sinopsis: Empazareís disfrutando de un prólogo donde comienza a abrirse algunas que otras incognitas sobre la situación de la historia. Y en el primer capítulo, conocereís a la protagonista de esta historia, y podreís ver como comienza las tramas de esta historia a hacerse. La acción, el suspense y el romance en este primer capítulo, están servidos.
  • Descarga: Pincha aquí para descargar el prólogo en formato pdf.
    Pincha aquí para descargar el primer capítulo en formato pdf.
La Amanplesna. El Secreto de una Familia. Temporada 1. Prólogo & Capítulo 1: La mudanza.

Prólogo.
 
1424.

Nos encontramos en mitad de un bosque verdoso y tranquilo. En el cielo nocturno primaveral todas las estrellas se encontraban tranquilas.

Al lado de ese bosque tranquilo, nos encontramos con un buen número de carpas de un ejército, concretamente se trata del ejército de Julia de Lis, sus banderas relucían un símbolo, un símbolo que iba a dar mucho de que hablar, se trata de la Flor de Lis.

Parecía que todo se mantiene en calma en esa noche ¿todos?, parece ser que no.

De una carpa salía un caballero. Llevaba un pantalón de cuero azul marino, y una camisa de marrón claro. Salió de la carpa bastante enojado y con una gran impotencia se acercó a un árbol y le dio un fuerte puñetazo sin dudárselo.

Caballero: No sé porque no la he podido defender más, ¡DIOS! Que gran rabia corre por mis venas, y está gravemente mal por mi culpa por no haberla ayudado.

Se frotó el pelo con su mano derecha y se limpió las lágrimas con la manga de manera brusca.

Alzó la cabeza hacia arriba, pues escuchaba unos pasos entre las ramas del bosque.

Una anciana con una capucha de color marrón oscura se acercaba a su lado y caminaba a trompicones, y estaba encorvada, su rostro apenas se la podía ver en la penumbra de la noche.

Anciana: ¿Qué te pasa hijito?

Caballero: ¿Quién me habla?

La anciana se acercó a un claro del bosque y se dejo ver con más claridad, gracias a la luna llena. Y luego se puso a dar vueltas alrededor de él.

El caballero se echó para detrás, su aspecto era horrible. Su aspecto la recordó a la de una bruja.

Caballero: ¡Vete bruja! No quiero verte en mi camino.

El caballero se dispuso a irse.

Anciana: Si quieres me marcho, pues tengo un método para que tu señora, Julia de Lis, se cure de manera instantánea de todas esas heridas de su cuerpo.

El caballero se sorprendió y se acercó más a la bruja.

Caballero: ¿En serio?

Anciana: La podrás curar con una planta que aparece cada 590 años, una flor de lis. La anterior apareció en el año 834. Y el que lo obtuvo relució de gran brillo en su interior. Lástima que no lo pude ver con mis propios ojos.

Caballero: Como su nombre… (susurrando) Lis. Debo de buscarla…

Anciana: Claro, bonita coincidencia, ¿verdad? ¿Irás por la flor?

Caballero: Si es fácil, la busco por el bosque y ya está.

La anciana negó con la cabeza y se rió.

Anciana: Andas muy mal encaminado. No se trata de una planta que puedes encontrarla por el bosque. No te niego para nada de que se trata de una flor de lis, pero es distinta y única a todas las demás. Solo con verla ya puedes darte cuenta que es muy diferente a todas las flores de Lis.

Caballero: Vaya..., ¿y cómo podré conseguirla?

La anciana alzaba su mano hacía el caballero y sobre su mano se encontraba un amuleto redondo con el dibujo de una flor de lis.

(De fondo) ¡NO LA ESCUCHES! ¡NO LA ESCUCHES! ¡VETE DE AHÍ! ¡TE QUIERE MATAR! ¡CORRE CABALLERO! ¡HUYE DE ALLÍ!

La anciana movió la cabeza hacía el lugar de donde provenía la voz, pero parece ser que el caballero no lo escuchó.

Anciana: Toma, aquí tienes este amuleto, cuídalo muy bien.

El caballero cogió el amuleto sin pensárselo, un gran calor soltó el amuleto. Al cogerlo un gran brillo salió del amuleto. Grandes chispas violetas y azuladas giraban alrededor de él y la anciana se quedó sorprendida al ver la reacción del amuleto. Las ráfagas de luces violetas y azuladas se concentraron en una sola y marcó un camino que le llevaría al caballero a un lugar escondido.

Anciana: (Pensando en su interior) Me siento mal es como si ese amuleto absorbiera mis poderes.

Caballero: ¡Guau! Es increíble.

Anciana: Corre, darte prisa y no pierdas el tiempo. Dirígete a esas montañas. Allí encontrarás la misteriosa planta.

Caballero: ¿A esas montañas? ¿A los Pirineos? ¡Iré!

Con gran decisión, el caballero cogió su caballo y cabalgó hacía los Pirineos.

Después de varias horas de camino desde Francia hacía los Pirineos, el caballero se encontraba cerca de una cueva ocultada por una gran multitud de plantas salvajes que tapaban la entrada. Es allí donde se hallaba la planta, es decir, la Amanplesna.

El amuleto brillaba sin cesar con un tono dorado y rojizo, y en el centro se puede apreciar el relieve de una flor de lis con un pequeño rubí que no paraba de brillar. El amuleto se encontraba dentro de una bolsa que tenía agarrado a su cintura.

Caballero: Parece que el lugar se encuentra cerca, el amuleto no para de brillar.

Cada paso que daba, el amuleto brillaba aún más, soltaba un brillo rojizo más potente. Y minutos  más tarde llegó a la entrada de la cueva, se encontraba penetrada en una gran montaña.

El caballero se bajó de su caballo y con sus manos y con gran euforia quitó todas las ramas que tenía la entrada de la cueva.

Caballero: ¿Qué es esta entrada? Parece una gran flor de lis, y parece que algo le falta en el centro. Claro, debe de ser el amuleto.

En la entrada de la cueva tenía el mismo dibujo que el amuleto pero en su centro en lugar de ir el rubí iba el amuleto.

(De fondo) ¡NOOOOOOOOO! ¡NO LA METAS! ¡NO VAYAS TU VIDA CORRE PELIGRO! ¡ESCÁPATE!

Pero el caballero no pudo escuchar esa lejana voz y metió el símbolo en el hueco.

Por toda la zona se escuchó un gran estruendo la puerta se abrió lentamente y allí por la pared de aquella gruta se encontraba montones de antorchas un poco chamuscadas por el paso de los años. El caballero se acercó a una antorcha y la encendió con un pedernal que tenía en su bolsa.

Llegó a un lugar de la gruta donde había tres entradas, y el cerró los ojos.

Caballero: ¿Dónde te encuentras...?

Y siguiendo su intuición entró en la del medio, pero antes de entrar por la entrada, al pie de ella, cogió una piedra afilada y marcó un grabado.

Caballero: Así no me olvidaré del lugar en el que he entrado.

Llegó a un lugar bastante iluminado, gracias a un reflejo de luz que se reflejaba en las estalactitas que había en ese lugar húmedo, se acercó a un pequeño embalse de agua que había. Observó que esa agua tenía un tono verdoso.

(De fondo) ¡NOOOOO...! ¡COGE EL AMULETO! ¡VETE!

El caballero notó un escalofrío miró para detrás, parece que había traspasado a alguien, pero no volvió la vista hacia atrás, el continuo su camino.

Caballero: (Susurrando) Seguro que detrás de este pequeño embalse, al otro lado se encuentra la planta que necesito para curar a mi señora.

¡PLAFFF!

El caballero se metió en el agua verdosa y se notaba raro.

Caballero: (Pensando) Esta agua no es normal, ¿que me ocurre?

Se puso las manos en la garganta y en la cabeza. Una pierna suya se quitó de su cuerpo.

Caballero: ¡ARGGGGG! ¡MI CUERPO!

Su ropa se estaba desintegrándose.

Salió del agua verdosa, y llegó al lugar donde se encontraba la Amanplesna, en un pequeño altar de piedras. Un gran brillo salía de ella y sus hermosos pétalos brillaban a los ojos del caballero.

Al salir del agua su cuerpo al contactar con el aire se estaba desintegrándose de manera acelerada, siguió arrastrándose, su rostro se había convertido en mitad de esqueleto, era horrible.

Pero aún quería conseguir la Amanplesna, aún tenía fuerzas para llegar hacía ella. Pero no pudo conseguirlo, al alzar su mano derecha hacía la planta, el murió.

Al otro lado del embalse se encontraba la anciana.

Anciana: Pobre imbécil, gracias a él ya sé donde se encuentra la Amanplesna, ¡JAJAJAJA!
Gracias estúpido.

Atravesó una pared y allí se encontraba, la Amanplesna y el cuerpo del caballero.

La anciana se dirigió al cuerpo fallecido del caballero y le dio una patada a la calavera del muchacho.

La anciana alzó la mano y pareció coger el cuello a alguien, pero era un cuerpo invisible.

Anciana: ¡Maldita, Jovencita! Nunca salvarás a tu ancestro. Y pronto nos veremos las caras.

La persona invisible bajó la mano y se cayó de rodillas. Se ahogaba.

La anciana tocó la planta y un gran destello rojizo y verdoso la echó para detrás.

Anciana: ¡¡Maldición!! No puedo cogerla. Ese pilar la protege de su lugar.

Por el grito varios murciélagos salieron de la gruta asustados.

Un eclipse ocurrió en ese preciso momento y la flor se marchitó y entre destellos violetas y azuladas, desapareció.

Anciana: Este inútil no ha podido alcanzar la dichosa planta. Debo de buscar a alguien que lo quite de su pilar de protección. Así nunca conseguiré la inmortalidad. Esperaré a ella. Ella lo conseguirá. Me ocultaré entre las sombras, si, entre las sombras.

La anciana se dirigió a la salida de la gruta. La gruta se cerró.

Una persona encapuchada apareció en frente de ella.

Persona encapuchada: Hermana. No cometas más locuras.

La persona encapuchada cogió el amuleto y lo convirtió en varios trozos y con su vara lo alzó al cielo. Los distintos trozos del amuleto se dividieron por diferentes lugares.

Anciana: Me abandonaste. ¡TE ODIO!

Su cuerpo se convirtió en una sombra y se ocultó en el bosque.

Persona encapuchada: (Susurrando) Nuestras almas estarán escondidas entre las sombras por una maldición. Tú nunca hallarás la inmortalidad en carne. Pues esta maldición es infinita. Sólo hay una forma de romper la maldición, pero tú nunca abrirás los ojos. Te esperaré dentro de 590 años.

La persona encapuchada alzó su vara y entre destellos azuladas, desapareció.

2014.

Una niña de unos veintidós años se sobresaltó de su cama, había tenido una horrible pesadilla.

Se acercó a un mueble que tenía en su cuarto, abrió el último cajón y vio algo que se quedó de piedra.

Ella tiene un trozo del amuleto que tenía aquel caballero.

Esta historia continuará en su primer capítulo...

                                                    ******(\/)******
Capítulo 1: La mudanza.

2002.

Retrocedamos un poco atrás en el tiempo. Nos encontramos a una niña pequeña dándose un paseo por su césped y con una regadera regando las plantas de su pequeño jardín. El sol reflejaba con suavidad sobre su pelo rizado rubio, estaba muy contenta y minutos más tarde empezó a cantar una hermosa canción medieval, sobre que hay que plantar una semilla, sin odios.

Justo al lado, en otro jardín un niño se encontraba tumbado en su hamaca, se estaba leyendo un libro de aventuras pero al oír la hermosa canción se acercó para escuchar más el dulce canto de esa preciosa chica.

Mateo, como así se llama el chico. Tiene el cabello pelirrojo. Y sus ojos son de color verde.

Mateo no pudo aguantar más y entabló conversación con la dulce cantarina.

Mateo: ¿Hola?

La pequeña Juliana paró de cantar. Y se acercó a hablar a su vecino.

Juliana: Hola. Debes de ser mi vecino nuevo, ¿verdad?

Mateo: Si. ¿Te acabas de mudar aquí, no?

Juliana: Si, por motivos de trabajo de mi papá.

Mateo: Ya veo.

Juliana: ¿Cuántos años tienes?

Mateo: Yo tengo 12 años. ¿Y tú?

Juliana: 10 años. ¡Guauu! (Con cara de sorprendida) Solo me llevas dos años de ventaja.

Mateo: (Sonrió) ¡Ya! ¿Te gustan tus plantas, verdad?

Juliana: Las tengo mucho cariño, me gustan estas de color naranja. Hace un año las utilicé para una clase en mi escuela. Son narcisos.

Mateo: Son muy bonitas. ¿Me las dejas oler?

Juliana: Por supuesto, toma.

Mateo: ¡Que rico huele!

Juliana: Me lo imagino.

Mateo: ¿Cómo que te lo imaginas?

Juliana: Pues desde mi nacimiento no puedo oler nada.

Mateo: Vaya, lo siento no sabía.

Juliana: (Sonrió) No te preocupes, Mateo. ¿Y dónde están tus padres?

Mateo: (Se entristeció) Mis padres se divorciaron. Solo estoy con mi padre viviendo. Mi madre murió en un accidente de tráfico cuando yo era un bebé.

Juliana: Vaya, lo siento. Yo tampoco llegué a conocer a mi madre. Mi padre aún no me ha comentado el como murió mi madre. Cada vez que se lo pregunto me salta con otro tema.

Juliana se entristeció.

Mateo: No estés triste.

Mateo acarició el brazo de Juliana, con mucha suavidad.

Juliana, miro para arriba y sonrió.

Juliana: Gracias. Si la verdad es que con mi papá estoy muy contenta. Me dice que yo soy la señorita de la casa.

Mateo: (Sonrió) Debe de quererte un montón tu papá.

Juliana: Mateo, ¿y tu papá no está en casa?

Mateo: No. Ahora mismo estoy solo en casa. Volverá dentro de un rato.

Juliana: ¿Tan pequeño? ¿Y estás solo?

Mateo: Mi padre me comentó que no tardaría mucho en venir, fue a casa de un amigo suyo que está a dos manzanas de aquí. Él es abogado y anda revisando sus papeles.

Juliana: Vaya, me asustaste en un momentito.

Los niños sonrieron. Durante mucho tiempo estuvieron compartiendo muchas cosas, su tiempo libre, aficiones, gustos y sobre todo un sentimiento muy especial.

Pasaron los meses e hicieron una casa en lo alto de un árbol que se encontraba en el jardín de Mateo. Una casa muy grande de madera.

Mateo: ¿Te gusta? Ese será nuestro pequeño escondite.

Señalando desde el suelo la gran casa de madera del árbol.

Juliana: ¡Mola! Tu padre es un manitas, ¿eh?

Mateo: Bueno, yo le ayudé un poco.

Juliana: Vamos a subir.

Y así se conocieron dos personajes cuyos sentimientos muy pronto darán mucho juego.

2007.

Juliana ya era un poco más mayor. Y Mateo era todo un caballero. Se ayudaban en todo momento hasta que un gran peligro cambiaría sus vidas por completo.

Mateo: Me alegro que hayas vuelto. Estoy haciendo este puzzle de quinientas piezas y a ver si me puedes echar una manita.

Juliana: Venga, me encantan mucho los puzzles.

Mateo: Oye Juliana, ¿tu papá sabes que estás aquí?

Juliana: Si, no te preocupes. Él se ha ido un momentito a la facultad, donde trabaja en una investigación y le dije que me iba a venir a la casita de madera y me ha dejado.

Mateo: Guay.

Los dos amigos se dispusieron a hacer el puzzle.

Con pasos silenciosos se acercó al jardín de Juliana un misterioso hombre. A sus espaldas llevaba una mochila verde oscura, esta mochila tenía grabada en la parte de delante el símbolo de una flor de lis al revés. Entró en el jardín y Juliana no se percató de su llegada.

Hombre misterioso: (De repente su pantalón empezó a vibrar, se trataba de un móvil) ¿Si? No te preocupes mi señora, encontraré esos dos fragmentos cueste lo que cueste. Pronto tendremos el amuleto completado. Por favor mi señora, no te preocupes.

La expresión de ese hombre misterioso la tenía muy arrugada y también con expresión de preocupación, por lo que le estaba diciendo por el móvil.

Hombre misterioso: (Susurrando) Si mi señora no se preocupe, no me verán.

Observó una ventana que daba al jardín. La ventana estaba entre abierta, le dio un pequeño empujón y la abrió.

Una vez dentro de la casa revoleó cajones, movió sofás, tiró los cuadros, tiró armarios, entre otras cosas.

Minutos más tarde llegó a una habitación que estaba cerrada, no la podía abrir. Y cogió fuerzas y partió la cerradura y entonces pudo abrirla.

El hombre misterioso se quedó perplejo, se encontraba en una habitación que solamente era iluminada por dos velas, se encontraba en una mesa de trabajo, las velas estaban a punto de gastarse. Encima de la mesa había montones de manuscritos y también se encontraba un trozo del amuleto, sin pensárselo lo cogió.

Pero al cogerlo, sin querer tiró la vela a la mesa, quemando así todos los manuscritos y las pertenencias de esa habitación.

Hombre misterioso: ¡MIERDA!

Empezó a quemarse todos los manuscritos, el hombre misterioso se fijó. Observó que se trataba de una planta que él conocía muy bien, la Amanplesna.

Hombre misterioso: Parece que sigue con la investigación de la Amanplesna. ¡AH! ¡ME QUEMO!

El fuego envolvió el cuarto oscuro en llamas y estas llamas salían de la habitación.

El hombre misterioso: ¡JODER! Debo de encontrar el otro trozo del amuleto, no me va a dar tiempo.

Las llamas de fuego en cuestión de minutos se apoderó de toda la casa y el hombre misterioso no le quedó ninguna otra alternativa, y se marchó de aquel infierno.

Mateo: Ya falta poco, solo queda esas piezas que forman las nubes y ya tendremos el puzzle montado. ¡Oye!

Juliana: ¿Qué ocurre?

Mateo: ¡Huele raro! Como a quemado.

Juliana: Lástima que no pueda oler a nada. Pero seguro que estarán haciendo una barbacoa, ¿no?

Mateo: No lo sé. Espera me voy a asomar. ¿De dónde provendrá?

Juliana: Espera que te acompañe afuera.

Juliana se quedó asombrada y su cara se quedó blanca como la sal.

Mateo: ¡JULIANA! ¡TU CASA!

Juliana: ¡MI CASA! ¡ESTÁ EN LLAMAS! ¡MI CASA MATEO! ¡MI CASA! ¡MI CASA!

Mateo: ¡VOY PARA ABAJO! ¡VOY A LLAMAR A LOS BOMBEROS!

Mateo se fue corriendo y al llegar a la entrada se resbaló con la rama que sujetaba la casa de madera y estaba a punto de caerse.

Mateo: ¡SOCORRO!

Juliana: ¡MATEO!

Juliana agarró por la manga a Mateo.

Mateo: No te preocupes, suéltame. Ve a avisar a alguien para que te ayude a apagar tu casa.

Todos los vecinos que se encontraba cerca de la casa de Juliana salieron alarmados y algunos estuvieron llamando a los bomberos. Mientras que Juliana intentaba salvar a su amigo.

Mateo: Por favor, déjame. Yo soy muy valiente, soy como el gorrión que estuvo en nuestra casita de madera. Valiente y fuerte.

Juliana: Deja de imitar al gorrión. Te vas a matar.

Entonces el padre de Mateo salió afuera de la casa. Y vio que su hijo estaba en peligro.

Carlos: ¡Mateo!

Mateo vio a su padre que estaba llamándole.

Mateo: ¡Papá!

Las llamas cada vez más se apoderaban de la casa entera de Juliana. Y ella empezó a llorar.

Juliana: Mi casa. Mi casa nueva.

Mateo: Juliana, no te preocupes. Suéltame como me sigas agarrando también te vas a caer tú.

Entonces hubo una racha de viento que casi resbala a Juliana al vacío.

Mateo: Juliana, hace mucho viento. Por favor, suéltame te vas a caer.

Juliana: Jamás, eres mi gorrión. Te tengo que proteger.

Al escuchar esas palabras, Mateo se emocionó.

Y entonces hubo una gran racha de viento más grande que el anterior y entonces se llevó por delante a Mateo.

Mateo: ¡AHHHHHHHH!

Juliana, dio un gran grito que se escuchó por toda la manzana de su barriada.

Juliana: ¡MATEOOOOOOO! ¡NOOOOOOOOOOOOOOOO!

Por la mente de Juliana podía ver como el cuerpo de su mejor amigo caía lentamente hacía el suelo y su padre no le dio tiempo a cogerle.

Juliana bajó al suelo y se quedó sin palabras. Su casa estaba apagada por los bomberos y llegó el padre de Juliana y abrazó a su hija.

Carmelo: Mi pequeña. Estás a salvo.

Pero la pequeña no sintió el abrazo de su padre, su cuerpo estaba helado. No sabía como reaccionar en ese momento.

2014.

Ha pasado unos años, y nuestra protagonista ya es mucho más mayor. Tiene unos veintidós años de edad. Y vive ahora en un pequeño pueblo cerca de Salamanca.

Juliana: ¿Qué estás haciendo papá?

Carmelo: Estoy haciendo bacalao al pin pin.

Juliana: Debe de tener un sabor increíble. Se desanimó.

Carmelo: ¡Ey! (Cogiendo el brazo a su hija) Comeremos esto, y para este fin de semana te invito al parque de atracciones. ¡A Port Aventura! ¿Quieres?

Juliana sonrió y dio un fuerte abrazo a su hija.

Si amigos, su vida ha vuelto a la normalidad. Tuvieron que mudarse a otro sitio, pues su casa fue destruida totalmente. Y ahora viven en un pequeño pueblo de Salamanca, muy cerca de la capital.

Juliana se acostó y su padre le dio el beso de buenas noches.

Carmelo: Que descanses mi princesita.

Juliana: Papá que ya soy una mujer, no hace falta que me digas, “mi princesita”.

Carmelo: (Le sacó la lengua) ¡Pues sí lo digo! ¡Boba!

Y ambos rieron.

Nuestra querida protagonista tuvo ese sueño, ese sueño que todo el mundo conocemos.

Se sobresaltó.

Se acercó a un mueble que tenía en su cuarto, abrió el último cajón y vio algo que se quedó de piedra.

Ella tiene el amuleto que tenía aquel caballero. Pero no el amuleto entero, no. Sino un trozo de ese amuleto.

Se acercó al reloj de su mesita de noche y ponía que eran las seis de la mañana y volvió a acostarse.

Pero os preguntareis, ¿qué pasó con Mateo?

La noche era estrellada y no había ninguna nube. Alguien se acercaba con su coche y paró cerca de la casa de Juliana y su padre.



Era un chico de veinticuatro años de edad, era rubio-castaño con los ojos verdes oscuros y llevaba unas gafas de sol. Cogió el móvil que lo tenía en el sillón del copiloto y llamó.

Mateo: Mi señora he encontrado el lugar donde vive el investigador. Conseguiré ese trozo del amuleto. Ya hecho unas fotos de su casa. Pronto tendrás más noticias mías.

Se quitó las gafas. Y si amigos, se trata de Mateo.

¿Qué ideales tiene a partir de ahora? ¿Y qué va a hacer? ¿Por qué actúa de esa manera? ¿A qué puede ser debido?

No os perdáis detalles del próximo capítulo.

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