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Cuento: El Misterio Mágico de la Navidad. Capítulo 1: Magia.

¡Hola a todos/as!

Llegó el momento de poneros el primer capítulo de mi primer cuento navideño que he estado llevando estos días para todos vosotros que formaís parte de "El Baúl Místico", espero que os guste mucho. Con esto estrenamos una nueva categoría denominada: "Cuentos".

No olvidaros que dentro de un par de días, concretamente el próximo día 24 de Diciembre tendreís a vuestra entera disposición el desenlace a este cuento. Un desenlace realmente mágico y maravilloso.

Cuento: El Misterio Mágico de la Navidad.

Capítulo 1: Magia.


Nos encontramos en una ciudad donde las estrellas brillan sin cesar, todas las casas tienen preparados sus decoraciones navideñas, todas excepto una.

Un niño de unos sietes años de edad se encontraba delante de un árbol de navidad sin ningún objeto navideño aún, pero la casa estaba repleto de tiras navideñas, el portal de belén, y lo que faltaba era el árbol de navidad.

El niño se llama Stéfano, su pelo es de color rubio y ojos claros, se encontraba delante del árbol muy dudoso y muy gracioso con su mano derecho en la barbilla, pensando.

Stéfano: Papá, este año creo que no voy a poner el árbol de navidad.

Nick: ¿Porqué hijito?

Nick, es su padre. Tiene una gran panza, y tenía una barba de color crema que le cubría toda su cara. Tiene unos 40 años edad.

Stéfano: Porque si coloco mi bola preferida, seguro que desaparecerá durante la navidad.

Su padre se echó a reír.

Y por detrás abrazando a su hijo se encontraba la madre de Stéfano, Carla.

Carla: Mira que eres mayor y aún sigues pensando que tu bola desaparece (suspirando) ains…, mi pequeño. Y le dio un beso en la mejilla. Ya verás que tu bola no desaparecerá.

Stéfano: Pues entonces no entiendo porque todos los años desaparece.

Su padre le tocó la cabeza.

Nick: ¡Fantasías, mi pequeño! Pero quien sabe, a lo mejor algo extraño ha pasado y…

Carla: Cariño, no le metas más fantasías a nuestro hijo. Haber si el que va a tener imaginaciones fantasiosas vas a ser tú y no nuestro hijo.

Nick, se puso colorado y se echó a reír

Carla, una mujer con el pelo castaño. De compresión normal, ni gruesa y ni delgada. No es muy navideña pues cuando era pequeña ella le pidió a Papa Noel una muñeca de trapo, pero nunca le trajo su muñeca de trapo favorita, y desde entonces no le gusta tanto la navidad, un mal recuerdo que hace que odie la navidad.
Pero gracias a su marido, la navidad se les hacía más llevadera y más simpática.

Comenzaron a decorar el árbol de navidad con montones de accesorios navideños: bolas de nieves, bolas de color azul, bolas de color rojo, muchos accesorios navideños por todo el árbol pero había un accesorio que era muy importante para la familia y más para el pequeño Stéfano, se trataba de una bola de color rojo que tenía unas descripciones de color doradas.

La bola se lo hizo su abuelo antes de morir y ponía lo siguiente:

”La magia de la navidad siempre se encontrará más allá de las estrellas”.

Pero debajo de esta tenía un dibujo que el pequeño y ningún miembro de su familia han podido describir, ¿qué querrá decir ese misterioso dibujo?

Siempre esa bola era colocada en lo alto del árbol de navidad y cuando el pequeño Stéfano colocaba su bola con ayuda de su padre, siempre se acordaba de su abuelito que está en el cielo.

Llegaba la hora de irse a dormir, su mamá le dio un gran baño de agua calentita y le puso un pijama de color azul, le acostó en la cama y le dio las buenas noches.

Carla: Que descanses mi pequeño, hasta mañana.

La madre se marchó hacía su dormitorio, y dejó la puerta entre abierta.

El pequeño de un salto sacó una mochila de debajo de su almohada, pero la tuvo que esconder muy rápido pues su padre se asomaba por la puerta, se acercó y le dio el beso de buenas noches.

Stéfano, se hacía el dormido, el padre se marchó de la habitación y dejó la puerta entre abierta.

Una vez que su padre se había marchado se levantó de la cama muy despacio, sacó su cabeza al pasillo y se puso a mirar por si alguno de sus padres estaban despiertos.
Levantó su almohada y sacó su mochila.

Stéfano: ¡Esta es la mía! ¡A por todas!

De la pequeña mochila sacó una gorra de detective y se la puso en la cabeza y también sacó una pequeña linterna, no alumbraba mucho porque tenía muy pocas pilas.

Se dirigió hacía el salón con su gorra puesta, su linterna y sujetado por su brazo izquierdo la almohada. Allí se encontraba un árbol de navidad apagado. Los padres siempre lo apagaba cuando se iban a dormir, pero todas las mañanas lo volvían a encender.

Se acercó al árbol por si se encontraba su bola y suspiró.

Stéfano: Menos mal, mi bola sigue ahí. Me pondré detrás del televisor.

Se escondió detrás del televisor que se encontraba en una esquina del salón, pero tenía una vista muy buena al árbol, echó la almohada en un rincón y apagó su linterna. Y se puso a mirar el árbol.

Stéfano: Ahora voy a saber porque desaparece del árbol mi bola.

Pasaron horas y horas, y nuestro pequeño amigo se quedó dormido acurrucado en su almohada detrás del televisor. Pero de repente el árbol de navidad se encendió, y nuestro querido amigo se refregó sus ojos, no veía muy bien.

Stéfano: ¿Pero no estaba el árbol de navidad apagado? ¿Estaré soñando?

¡Flish, Flish!

Escuchó como se movían las ramas bajas del árbol de navidad.

Stéfano: ¿Qué ruido es ese?

Cogió su linterna y lo enfocó hacía la parte baja del árbol de navidad pero las pilas se acabaron, y el lugar solo estaba iluminado por las luces del árbol.

Stéfano: ¿Qué es eso?

Unas pequeñas personas andaban alrededor del árbol de navidad, era unos pequeños elfos con sus orejas puntiagudas y sus ropas eran de color verde y marrón, tenían unos gorros alargados de color morado, sus caras eran parecidas a las de un humano pero sus ojos eran muy rasgados.

Dominic (Elfo): Vamos a coger esa bola.

Gruper (Elfo): De acuerdo, pero debemos de tener cuidado. Ten en cuenta lo que nos dijo nuestro jefe Papa Noel, que tuviéramos cuidado con Stéfano que nos podría descubrir.

Dominic (Elfo): No te preocupes. Allá voy.

Dominic, alzó la mano y haciendo circunferencias salió unas chipas de color azul y violeta.

Dominic (Elfo): ¡Trunbanl Ferxar Meruntila!

Las chispas se dirigieron hacía la bola de Stéfano y la hizo bajar a los brazos de Gruper.

Gruper: (Elfo) ¡La tenemos! ¡Que traviesos somos!

Dominic y Gruper, se rieron. Stéfano se quedó paralizado no daba crédito lo que veía con sus ojos.

Stéfano: ¿Existen los elfos?

Su nariz le empezó a picar, y estornudó.
Stéfano: ¡AAA…AAA…, CHIS!

Los elfos se dieron la vuelta y observaron a un Stéfano muy desconcertado.

Continuará…

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